105 aniversario del Partido Comunista del Uruguay (PCU), en el Parque de los Aliados. Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS

Enfrentar la barbarie y levantar perspectiva

La situación en el mundo se transmite predominantemente como una vorágine sin contexto, lo que lleva a su naturalización y a instalar la idea de que no se puede hacer nada para que las cosas sean distintas. Es mentira y combatir contra esa noción impuesta es la tarea más importante: A la barbarie hay que enfrentarla, con solidaridad y humanidad y levantar perspectiva.

Eso buscó, con modestia, pero con mucho compromiso y esfuerzo, el Comité Central del Partido Comunista de Uruguay (PCU), reunido el fin de semana pasado. Los elementos sustanciales de la discusión fueron expresados en una Declaración, que EL POPULAR reproduce íntegra. También se expresaron en las resoluciones del XXXIII Congreso del PCU, de diciembre de 2025; en entrevistas e intervenciones de Andrade y, sobre todo, en la práctica política y de las y los comunistas.

La construcción de la alternativa contrahegemónica no es sencilla, va contra el sentido común que impone el sistema, con su materialidad y su subjetividad. Se busca imponer una visión fragmentada de la realidad que debilite o imposibilite las respuestas y genere desesperanza: nada sirve, nada cambia nada, todo es igual.

Es necesaria una mirada lo más general posible, romper con la fragmentación que impide entender la dimensión real de las luchas y librarlas de la mejor manera.

La humanidad vive una de las horas más peligrosas de su historia y no es solamente por las guerras, que también. La forma de organización social y económica hegemónica, el capitalismo, en su fase imperialista, genera desigualdades como nunca en la historia, según el último informe de OXFAM, 12 personas concentran la misma riqueza que 4 mil millones de personas; su lógica de depredación sobre la naturaleza ha provocado una situación terrible, para dimensionarla hay que señalar que de los 9 indicadores ambientales críticos, que miden la posibilidad de la vida en el planeta, según el Instituto de Estocolmo, 7 ya están desbordados. Junto con esto está la decisión de la principal potencia imperialista, EEUU, encabezada por el régimen trumpista, de resolver con guerras y destruyendo el Derecho Internacional, las normas y las instituciones que lo sustentaban, el declive de su hegemonía con respecto a la emergencia de China. Todo esto cuando la humanidad ha desarrollado la capacidad de destruir la vida con el armamento nuclear y se ha desatado una carrera con la inversión más grande de la historia en armas, EEUU solo explica hoy casi la mitad del gasto militar del planeta.

A la oligarquía que gobierna EEUU, y que expresa el régimen de Trump, no le importa más nada que sus propios intereses. Con mentiras desató una nueva guerra contra Irán. Las mentiras están expuestas. El martes, renunció el director del Centro Nacional Antiterrorista del régimen de Trump. “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación, y es evidente que iniciamos esta guerra debido a la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, declaró Joe Kent en la red social X.

El miércoles, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, compareció ante el Senado y contradijo a Trump: “Como resultado de la ‘Operación Martillo de Medianoche’ (los bombardeos de junio del año pasado), el programa de enriquecimiento nuclear de Irán fue aniquilado. Desde entonces no se han realizado esfuerzos para intentar reconstruir su capacidad de enriquecimiento”.

Si lo de Irán es mentira, ¿qué se puede decir de considerar a Cuba un “peligro inusual y extraordinario” para la Seguridad Nacional de EEUU?, ¿o de la infame iniciativa del Escudo de las Américas?, que con la excusa de combatir el narcotráfico, hace saltar también todo el derecho internacional en el continente, subordina a los países, seleccionados por afinidad ideológica, aumenta la presencia militar yanqui en nuestras tierras y de paso criminaliza a las y los migrantes.

No se pueden pensar el Uruguay y las luchas de nuestro pueblo al margen de esto. Hay que denunciar las mentiras y la barbarie. Hay que destacar las respuestas, también en EEUU, las masivas marchas contra la represión criminal del ICE contra los migrantes, las huelgas en defensa de los derechos de los trabajadores.

También hay que asumir que todavía no hemos logrado el nivel de respuesta necesario. Hay que defender la paz, la soberanía de los pueblos y construir, aún en las condiciones actuales, un frente continental de pueblos y gobiernos y un gran movimiento por la paz. No hay espacio para la neutralidad, o se está con la humanidad o con la barbarie. Hay que ser solidarios con Cuba y con los pueblos agredidos. Defender la soberanía de Cuba es defender la nuestra. La solidaridad, lo dijimos, es una calle de dos vías, sirve a quien la recibe y educa a quien la da.

Esa lucha está estrechamente ligada a la defensa de la democracia, de su realización plena, del avance en el desarrollo soberano de Uruguay y de dar respuestas a las demandas inmediatas de nuestro pueblo.

En esto hay un desafío político, práctico, enorme. Hay que salir de la falsa dicotomía que nos quiere imponer la derecha de que la definición es si aplaudimos al gobierno o si somos críticos, como si no existiera el imperialismo, ni las clases dominantes, ni la derecha, como si no hubiera dos proyectos de país.

En Uruguay la mayoría de la derecha se ha alineado con la barbarie imperialista. El senador colorado Pedro Bordaberry saludó el bombardeo a Venezuela y exigió que Uruguay se arrodille y se integre al Escudo de las Américas. El diputado colorado Felipe Schipani pidió a Trump que invada Cuba y secuestre al presidente Díaz Canel.

Agregada la barbaridad del senador blanco Sergio Botana que afirmó que “todas las decisiones” del Frente Amplio “están influidas por las posiciones que al narcotráfico le sirven”. O las posiciones del componente social del bloque de poder, los empresarios. Los industriales uruguayos, en nota publicada en Ámbito Financiero, afirmaron que “están muy satisfechos con el gobierno de Javier Milei”. En una presentación realizada este miércoles la Cámara de Industria, mostró sus prioridades en cuanto a “Relaciones Laborales”. En una placa muy prolija dijeron: Tregua de conflictos y cláusula de paz, rechazar cuanto antes la idea de la ratificación del Convenio 158 de la OIT, modernizar las relaciones laborales y los Consejos de Salarios, no impulsar la reducción de la jornada laboral, decretar la esencialidad del puerto de Montevideo. La utopía conservadora hecha placa.

En diciembre de 2025, el presidente de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, Julio César Lestido, salió con furia contra el proyecto, promovido por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, de reglamentar el Convenio 158 de la OIT que establece la obligación empresarial de anunciar los despidos y que se generen ámbitos de negociación. «¿Cuál es el sentido de la propuesta? Yo si tengo que cerrar la empresa, la tengo que cerrar, negocia lo que quieras (como trabajador), pero si no me dan los números la voy a tener que cerrar. Entonces, ¿Qué vamos a negociar?», dijo Lestido en una entrevista con Canal 5.

Las clases dominantes están radicalizando sus posiciones, todo lo que es avance popular no es tolerado y tendrá una resistencia mayor.

Por eso, para el Comité Central del PCU, la tarea es asumir la conquista del gobierno nacional por el FA como parte de la lucha del bloque político y social, democrático y radical de los cambios para derrotar al modelo de la desigualdad. Eso implica reivindicar cada avance, en el Presupuesto, en las políticas públicas, porque son parte de la lucha del pueblo y porque desde la ajenidad no hay acumulación posible; a la vez que plantear lo que falta y la necesidad de avanzar en el cumplimento del Programa del FA, y todo lo anterior hacerlo construyendo el grado de organización y movilización, el protagonismo popular organizado, vital para que las conquistas se materialicen y avance la conciencia de nuestro pueblo. Esa es la síntesis necesaria.

Hay que hacerlo fortaleciendo las herramientas unitarias populares, políticas y sociales, conquista estratégica, no para defender al gobierno, para la emancipación social.

La unidad también se construye con discusión política e ideológica, hay que darlas, pero teniendo claro que una cosa es polemizar con la derecha y otra con las y los compañeros.

Reivindicar lo hecho también implica lo militado, lo luchado: las marchas del 3 de enero, los cientos de muros y los más de 100 mil volantes repartidos, el acto del FA del 7 de febrero en Juan Lacaze, la caravana por Cuba, el acto homenaje a los cubanos asesinados en Caracas, las ferias y el abordaje a nuestro pueblo, el multitudinario 8M. Es mucho, pero es preciso más, por ello las giras de la Bancada de la 1001 por todo el país que comienzan en abril, que se suman a lo que harán el FA y el PIT-CNT.

Es necesario elevar la síntesis, para ello hay que jerarquizar las contradicciones, sin dejar de atender el conjunto de las demandas. Por eso el antimperialismo y la solidaridad con los pueblos, la defensa de la paz; la Estrategia Nacional para el Desarrollo; enfrentar la pobreza infantil con más recursos y para ello gravar con el 1% al 1% más rico de la población; avances en el Diálogo por la Seguridad Social; derechos para las y los trabajadores, reducción de la jornada laboral, ley de empleo, Convenio 158 de la OIT, etc.; avanzar en el derecho a la vivienda, con leyes e iniciativas y un gran movimiento; el Congreso de la Educación y el Congreso del FA, fueron definidos como ejes en los que concentrar la militancia.

El PCU tomó medidas para elevar el nivel de su militancia en todos los planos, para contribuir a que se materialice esa perspectiva popular. Se planteó, con modestia, estar a la altura de los enormes desafíos de la hora.

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