A no engañarse

Las razones y los efectos económicos y sociales de la baja del desempleo y de la inflación.
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Por Bruno Giometti (*)

En las últimas semanas, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó su informe mensual relacionado con el mercado de trabajo (con datos de marzo de 2021) y el informe de evolución de la inflación (correspondiente a abril). Una mirada superficial de algunos de los datos estadísticos que nos brindan estos informes podría dar lugar a evaluaciones positivas sobre la marcha de la economía.

No porque las metodologías del INE sean incorrectas ni porque se falseen los números, sino por los análisis simplistas, sesgados y en ocasiones políticamente intencionados, que a veces se realizan (o se deslizan) a partir de los datos. Veamos las cosas un poco más a fondo.

El mercado de trabajo

La estimación puntual de la tasa de desempleo correspondiente al mes de marzo de 2021 se ubicó en 9,7% para el conjunto del país. Ese porcentaje es inferior a la estimación puntual de la tasa de desempleo de febrero de 2021, que se ubicó en 11,1% a nivel nacional. Incluso es más baja que la tasa de desempleo estimada para febrero de 2020 (pre pandemia) que se había ubicado en 10,5% para el total del país.
Si nos quedamos por ahí pareciera que el mercado de trabajo tuvo una mejoría en marzo y que el mercado de trabajo ya está mejor que antes de la pandemia.
Hay varios aspectos que hay que tener en cuenta para hacer un análisis correcto de la situación.
En primer lugar, sacar conclusiones en base a un dato mensual, es poco recomendable. Estos datos de mercado de trabajo se construyen en base a una encuesta (la encuesta continua de hogares) que, si bien tiene muy buena cobertura, para los datos mensuales el margen de error de las estimaciones es relativamente importante. Por eso se recomienda tomar como mínimo, promedios trimestrales, para a partir de ellos establecer las tendencias. La tasa de desempleo promedio estimada del primer trimestre de 2020 fue 9,7% y en el primer trimestre de 2021 alcanzó 10,5% para el total del país.
En segundo lugar, debemos profundizar en qué nos dice la tasa de desempleo. Dicho indicador se calcula como la cantidad de personas desocupadas (entendido esto como las personas que no tienen trabajo y están buscando) dividido la cantidad de personas económicamente activas. Entonces, puede suceder que la tasa de desempleo baje porque hay menos personas buscando trabajo y no porque se hayan creado empleos. De hecho, ese efecto es lo que explica que la tasa de desempleo en el correr del último año se haya mantenido relativamente baja (entre 9,7% y 11,2%).
Si observamos la tasa de empleo (que refleja la cantidad de personas efectivamente trabajando, por ende la creación o destrucción de empleos) vemos el verdadero impacto de la crisis económica y social. La tasa de empleo previo a la pandemia estaba en el entorno de 56-57%; a mediados del año pasado había caído a alrededor de 52-53%; mientras que en los últimos meses se ha ubicado en 54-55% aprox. En cantidad de personas ocupadas, esto implica que en el año previo a la pandemia (marzo 2019 a febrero 2020) la cantidad de ocupados era unas 1.625.000 personas, mientras que en el último año móvil (abril 2020 a marzo 2021) esa cantidad se ubicó en 1.563.000 (los 61.000 ocupados menos de los que hemos hablado).
La caída de empleo queda algo amortiguada si en lugar de tomar el último año móvil, consideramos el último trimestre (enero 2021 a marzo de 2021) donde hubo en promedio 1.592.000 ocupados. Esto es unas 54.000 personas menos trabajando en comparación con el trimestre inmediato a la llegada de la pandemia (diciembre 2019 a febrero 2021). Aun teniendo en cuenta que esta comparación no es del todo rigurosa (estamos comparando trimestres que no son idénticos, uno incluye un mes de diciembre y el otro un mes de marzo) nos permite ilustrar que en los últimos meses hay una muy leve recuperación del empleo, pero aún se está muy lejos de los niveles pre-pandemia.

La inflación

La inflación anualizada a abril de 2021 tuvo una baja respecto al nivel del mes anterior, ubicándose en 6,76%. Por primera vez desde abril de 2018 la inflación anualizada estuvo por debajo de 7% que es el “techo” del rango meta del Banco Central (que va de 3% a 7%).
Una inflación más baja es algo positivo para las personas de ingresos fijos y que gastan la mayor parte o todos sus recursos en consumo, esto es, para la gran mayoría de la población (trabajadores asalariados, trabajadores independientes, jubilados). De todas formas, corresponde hacer algunos comentarios.
En primer lugar, para saber si esta baja registrada en el último año móvil se consolida en los próximos meses, corresponde esperar para ver cómo es el comportamiento del gobierno en su manejo de distintos componentes del proceso económico. En particular, si el gobierno continúa priorizando el “frente fiscal” es decir el ajuste de las cuentas públicas, es posible que existan aumentos de tarifas públicas que podrían implicar un repunte de los precios. También es posible que, si persiste el fuerte aumento de los precios de los commodities alimenticios en el mercado internacional (carne, lácteos, trigo, arroz) esto se traslade a los precios internos y por ende a la inflación.
En segundo lugar, es de suma importancia analizar no solamente el porcentaje de inflación, sino las razones económicas que hay detrás de esta baja del ritmo inflacionario, incluso suponiendo que dicha baja no sea algo puntual y se consolidara en los próximos meses. La baja de la inflación en esta coyuntura con seguridad está respondiendo, como uno de los factores más relevantes, a un fuerte enfriamiento de la demanda interna de bienes y servicios, que “contribuye” a que los precios no suban significativamente por la vía de la demanda. En el año 2020 cayeron un 7,7% en términos reales los ingresos promedio de los hogares, sobre todo por la pérdida de salario real, horas de trabajo y empleos. En el año 2021 está siendo nuevamente de caída de ingresos, en particular por la caída del poder de compra de los salarios públicos, jubilaciones, salarios del sector privado (en espera de lo que será la ronda de negociación colectiva a partir del 1° de julio). También la demanda se ve afectada negativamente por los recortes de gasto e inversión pública social, en vivienda y en obras. Mientras que los sectores de la economía que se vienen recuperando de forma más acelerada no son creadores de empleo. Todo este panorama recesivo contribuye a una caída de la inflación, pero como queda claro, es una reducción de la inflación que no alcanza para evitar la caída del poder de compra de los ingresos de las grandes mayorías; sino que, al contrario, es expresión de esta pérdida de poder de compra de la gran mayoría de la población y de los recortes de inversión pública social.
Que baje la inflación es positivo, pero no a costa de que baje más la capacidad de compra de nuestro pueblo, como está sucediendo; no es motivo de celebración si la inflación baja pero los uruguayos viven peor.

(*) Economista del Instituto Cuesta-Duarte y de “Valor!!”.