Diputado Gerhard: “No nos equivocamos, la nueva derecha venía con un plan viejo”

La semana pasada la bancada de diputados del Frente Amplio definió quienes integrarán por la fuerza política la Comisión Especial de la LUC en esta Cámara. Uno de sus integrantes será Daniel Gerhard, del PVP y de la bancada de Unidad para los Cambios.
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Por Mariana Arias

-¿Cómo consideras que va a ser el trabajo en la comisión especial? ¿Qué expectativas hay de poder continuar realizando modificaciones?

-La pregunta es de orden y se puede ampliar más, ¿Cuál es el rol de la oposición, cuando uno es minoría? La LUC no es nuestra ley y viene a desmantelar buena parte de las conquistas populares construidas estos últimos 15 años. Entonces ¿Cuál es nuestro rol? Resistir. Pero como 42 es bastante menos que 56, sabemos que a nivel parlamentario es una pelea perdida. Por eso a nivel parlamentario las expectativas son más bien bajas, teniendo en cuenta el tiempo máximo con el que contamos, 30 días y las ya abundantes modificaciones realizadas en el Senado.
Sin negar todo eso, sería bien importante seguir modificando el capítulo de la seguridad. Nosotros somos defensores del modelo acusatorio en el sistema de justicia, y las modificaciones nos hacen regresar en parte a la época del inquisidor, y es un retroceso doloroso. También es importante la defensa de la educación Pública, reivindicando esta palabra y la impronta que aporta, que sigue siendo invisibilizada en la LUC. Además los artículos referidos al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), que si bien se habla de nuevas redacciones no conforman, siguen siendo una amenaza para un SNAP aún incipiente.
Considero que a nivel general la correlación de fuerzas está por verse. Estos 30 días serán de trabajar allí, y hacerlo con las organizaciones sociales. Una de las formas es abrir la comisión para escuchar y discutir, e ir generando escenarios de resistencia.

-La situación en el país debido a la crisis sanitaria está cada vez más complicada, con un crecimiento enorme del desempleo. ¿Cómo ves, como integrante de la comisión de legislación laboral, la situación actual en torno al empleo?

-La situación es mala, y su perspectiva incierta, pero en ningún caso buena. Desde la Comisión de Legislación del Trabajo y Seguridad Social venimos recibiendo varias delegaciones de trabajadoras y trabajadores con preocupaciones bien legítimas y complejas, todas acentuadas por el Covid-19. Pero también otras sin relación, como el rubro peajes, frigorífico (que están hace 7 meses en seguro de paro) o los proyectos relacionados con el MIDES. En este último caso tiene que ver con un replanteamiento de las políticas sociales, que es legítimo en cualquier cambio de gobierno y más cuando cambia el color político. Pero la forma es lamentable, cuando más se precisan esos empleos y esos servicios para los que están más jodidos, dejan caer los convenios. Y en otros casos van precarizando programas.
Lamentablemente, no nos equivocamos cuando advertimos que más allá de los discursos la nueva derecha venía con un plan viejo, el de restauración neoliberal y represión.
En estos 5 años en la Comisión, además de ser un espacio de protesta y auxilio para los trabajadores y trabajadoras, intentaremos darle un marco regulatorio a los trabajadores zafrales, para minimizar las secuelas en la salud de esta condición, mejorar la ley de nocturnidad y seguir planteando el tema de las tercerizaciones, que cada vez afecta a más gente y de forma más extrema en detrimento de los derechos y garantías.

-Es uno de los legisladores jóvenes de la Cámara. ¿Cuál es su visión sobre los jóvenes y la política?

-Mi gran preocupación viene en el sentido de renovar la radicalidad de izquierda, y para esto es imprescindible la participación de los jóvenes, no de forma excluyente pero sí con espacios de aporte y decisión en todos los niveles. Esta nueva radicalidad tiene que ver con el fortalecimiento de la política como herramienta para los cambios. Y para esto necesitamos de intransigencia ética, insumos teóricos, discusión amplia y trille, que no es otra cosa que el permanente relacionamiento con los más vulnerados. Este último punto tiene que ver con la ida y vuelta, con conocer como se ve el mundo desde las periferias, tiene que ver con los límites de la política intelectualista y tiene que ver con la fidelidad afectiva. Esta última es fundamental para mantener siempre presente, tensando las decisiones, la voluntad de cambio fiel al proyecto popular. El horizonte socialista es con la clase trabajadora, pero también con las mujeres y con los pobres. Creo que muchos jóvenes vamos sacando estos apuntes de la interesante pero insuficiente experiencia del progresismo latinoamericano. Yo viví ese periodo siendo adolescente y ya con 25 eso entró en franca decadencia, eso me marcó.
Busco poner mi aporte sobre esto, que es poner esta mirada de lo político de forma encarnada en mis opciones, tanto en mi sueldo como legislador, en donde vivo, la calidad de las relaciones humanas, al servicio de esa fidelidad con los últimos y las últimas de siempre.