Es (a)hora!!

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Por Fernando “El Perro” Gil Díaz 

Fue su eslogan de campaña electoral, era ahora su tiempo, un tiempo en el que los uruguayos tendríamos “los mejores cinco años de nuestras vidas”.

Bueno, llevan un año y pico, y las perspectivas no son muy alentadoras.

Es cierto que se les cruzó una pandemia mundial que no estaba en los planes pero aquello de que estaban preparados era una sugerencia a pensar que entre sus preparativos estaba enfrentar contingencias como estas.

Lo que sí es tiempo y es hora ya, es que pongamos término a una forma de gestionar que está dejando muchos flancos indefensos y arrastrando la vida de muchos uruguayos.

Es hora que no nos distraigan más con espejismos cuando salen a la luz eventos que no gustan al gobierno, es hora sí pero de prender los ventiladores que disipen tanto humo a la hora de evaluar una gestión que empieza a mostrar signos de desgaste y cuyos datos de opinión no reflejan el verdadero sentir de la ciudadanía.

La simpatía presidencial no se sostiene a estar por los guarismos que registra el país, que ya dejó hace mucho tiempo de ser ejemplo a seguir siendo un verdadero desastre sanitario que no muestra signos de recuperación en el corto plazo.

La estrategia de apostar a la vacunación exclusivamente se da de bruces con la experiencia internacional que acompañó la inmunización con la reducción drástica de la movilidad en la carrera por cortar la trasmisión del virus.

Un virus que, en medio de la inmunización, muta y se torna mucho más peligroso, lo que insta a cortar el ciclo de trasmisión para dar tiempo y espacio a que las vacunas hagan su trabajo.

Algo tan simple de entender no llega a sortear los caprichos presidenciales de un autoproclamado líder mundial que si algo tiene claro es encender la humareda para contrarrestar cualquier noticia que lo exponga.

Mientras tanto, los uruguayos siguen muriendo en soledad y la ansiada inmunidad de rebaño todavía está lejos…

Cada vez más cerca

Ya no son extraños, ahora son amigos, hermanos, padres, tíos… en fin, el virus entró sin pedir permiso y se lleva todo lo que se le cruza. Es cierto que no todos atraviesan situaciones críticas pero los números son muy duros y a pesar de las advertencias de los médicos y científicos, el gobierno mantiene su línea de mover las perillas a su antojo. Un antojo que nos está costando muchas vidas, y que tarde o temprano se cobrará el precio en las encuestas y no habrá humareda que pueda ocultar el dato.

Inexplicablemente, nuestro Presidente sigue afiliado a lo que ya es un verdadero capricho personal, no escucha a sus asesores científicos, no entiende o no quiere entender que es necesario bajar la llave, como graficó Radi en entrevista a Búsqueda, porque es la única manera de cortar la trasmisión del virus y -al mismo tiempo- dar espacio a que la inmunidad colectiva o de rebaño, se consolide. Algo que no se logrará si no se corta ese circuito.

Sin embargo, algo que parece lógico no es aceptado por quien nos gobierna, tan solo va dilatando decisiones por cuenta gotas y así va administrando la crisis de forma antojadiza. Pero así como hasta ahora los números le sonreían de forma favorable, los mismos números empiezan a cambiar ante la realidad que nos golpea.

Precisamente así lo demuestra una reciente encuesta de Factum que da cuenta de una caída de 67 puntos en la evaluación de la gestión de la pandemia, según informe de 970 Universal.

Mientras tanto, una y otra vez el gobierno se las ingenia para encender la máquina de humo como técnica distractiva que -hasta hoy- le daba resultados. Pero, todo tiene un límite y la gente empieza a ponderar otros ítems a la hora de evaluar una gestión que empieza a hacer agua por varios flancos y no da señales de aplicar soluciones que beneficien a la inmensa mayoría.

Afiliado a su receta de defensa de los “malla oro” (y el pretendido derrame que brilla por su ausencia), aquellos no están en condiciones de derramar nada a pesar que muchos han acumulado ganancias extraordinarias (cosechas récord de arroz por ejemplo). En el otro extremo, siguen aumentando los sectores vulnerables que no tienen espalda suficiente para sortear los efectos de una crisis que los ha devastado al extremo. Sectores que reclaman una ayuda del Estado que -en muchos casos- ni siquiera ha dejado de cobrarle los impuestos a pesar de la merma de la actividad principal de los mismos, empujándolos al cierre.

Es verdad que la asistencia no puede ser permanente y que los recursos son finitos, pero en tiempos como estos hasta los más conservadores y neoliberales han acudido a recetas donde el endeudamiento es la receta que permite sortear estas dificultades a sabiendas que de no transcurrir ese camino los efectos serán mucho peores y la recuperación tan difícil como imposible.

A prender los ventiladores

A esta altura nadie puede negar el tremendo blindaje mediático que ostenta este gobierno, desde desinhibidos operadores a aquellos más cautos que, por omisión, le siguen el juego. No hay preguntas que comprometan y mucho menos repreguntas en temas controvertidos del gobierno. La versión oficial se impone como la única y aquel que intente decir lo contrario deberá someterse al escarnio en redes sociales o a la interpelación de un panel de periodistas que asumen como única y válida la versión que les marca el libreto oficialista.

Se arrogan el derecho de interpelar a políticos de la oposición acerca de un informe como el de la DW que refiere al Uruguay como un país donde la libertad de expresión está en riesgo citando los casos del despido de Eduardo Preve ante las supuestas presiones que vinieron de la Torre Ejecutiva, hasta la inminente aprobación de una Ley de Medios que concentra el poder mediático en unos pocos.

La estrategia parece clara pero empieza a lucir desgastada; a cada noticia que jaquea al gobierno le contraponen otra para desviar la atención ciudadana, para lo cual cuentan con el auxilio, siempre presente, de la corte mediática que los protege.

Así pasó con la entrevista a Rafael Radi donde habló de la imperiosa necesidad de apagar la movilidad (hay que bajar la llave, expresó), que tuvo como respuesta la emisión esa misma tarde del informe de la efectividad de las vacunas. Como si no entendieran nada de lo que les aconseja el GACH, hablan de las vacunas como solución sin advertir que no lograrán por sí solas la ansiada inmunidad. A esta altura, los miembros del GACH debieran retirarse para salvar su honor y credibilidad ante un gobierno que los ningunea de esa manera.

Nada de esto sería de la importancia que es si no fuera porque detrás de todo hay decenas de uruguayos que mueren por día desde hace ya varios meses. Cifras que nos ubican en el peor lugar del mundo.

Sin embargo, el Presidente está más preocupado por su imagen que por la vida misma de los uruguayos. A esta altura no se entiende la razón de los caprichos, y menos que no haya nadie del entorno que pueda sugerirle otro camino.

Se tomaron decisiones equivocadas con las vacunas, se rechazaron en tiempo útil (nada menos que la Pfizer), y lo “solucionaron” despidiendo al mensajero. Rechazaron las vacunas rusas y nos dijeron que traerían las mejores… trajeron las que pudieron y gracias a China que tiró un salvavidas cuando se habían jugado a un mecanismo como el COVAX que terminó decepcionándolos luego por su lenta ejecución y cumplimiento.

En el peor momento de la crisis sanitaria y con la aparición de nuevas cepas que lo hacen más violento (brasileña e india), se elige la apertura de la actividad económica de frontera y la presencia de decenas de ómnibus brasileños confirmando la misma, nos adelantan un panorama aún más preocupante en el corto plazo. Seguramente debamos sucumbir a nuevos brotes y picos de contagios a partir de esta medida que va a contra corriente de lo que indican los científicos asesores.

Son muchas, demasiadas, las improvisaciones que nos dejaron expuestos a un virus que circula a su antojo mientras miles de uruguayos siguen buscando la forma de vacunarse para contradecir claramente aquello de ser los únicos responsables de lo que nos está pasando.

Fracasó la libertad responsable, y fue –en gran medida- por culpa de los mismos promotores que dieron mensajes contradictorios (surfeando en La Paloma o saliendo a bendecir un cortejo fúnebre mientras esperaba un hisopado que –encima- dio positivo, por ejemplo).

No alcanza con el humo para tapar tanto dolor y muertes evitables.

Es hora de prender los ventiladores para disipar el humo y hacer realidad aquella máxima de que la verdad nos hará libres…

Es (a)hora…
el hombre se frotaba los ojos,
el perro lagrimeaba por el humo…