Hasta encontrarles

Cuando hace 26 años, Madres y Familiares de Desaparecidos convocó a la primera Marcha del Silencio, fue un llamado a no rendirse, a refirmar la memoria y el compromiso con el futuro. En estos 26 años muchas cosas pasaron: avances, retrocesos, alegrías, dolores; pero lo principal que ocurrió es que el 20 de Mayo se transformó en una fecha patria, por decisión del pueblo.

El 20 de Mayo, cada vez más, se consolida como uno de los momentos de mayor unidad y acumulación popular. El 20 de Mayo, gracias al compromiso de miles, ha pasado a ser patrimonio ético, individual y colectivo, de la inmensa mayoría del pueblo uruguayo.

Y si había dudas, este 2021, con tanta incertidumbre y problemas, lo volvió a demostrar. Si el del año pasado, el primero en pandemia, había sido gigantesco y superado todas las expectativas, este, el de 2021, fue mayor aún.

Una vez más la respuesta popular a la convocatoria de Madres y Familiares de Desaparecidos fue conmovedora. Es una calificación repetida año a año, pero es que no hay una forma mejor de describirla, y, además, no es común que ello ocurra. Así que repitámoslo: la respuesta popular al 20 de Mayo conmueve.

Cuando se escribía este editorial no había aún un balance final de la cantidad de actividades realizadas, si es que en algún momento se podrá realizar. Es que el signo distintivo de este año, incluso más que el año pasado, fue la descentralización, la multiplicación de las actividades a lo largo y ancho de todo nuestro país. Lo que si estaba claro ya es que había más de 500 actividades, de todo tipo, previstas y realizadas, en los 19 departamentos, en todas las capitales y en la mayoría de las localidades. En Montevideo hubo actividades en todos los barrios, desde Carrasco hasta Santiago Vázquez.

Cientos de miles de hombres y mujeres, de todas las edades, pero cada vez más con un enorme protagonismo juvenil, de mil maneras, participaron.

Las margaritas sin un pétalo, el histórico símbolo de la lucha inclaudicable de Madres y Familiares de Desaparecidos; las margaritas de la memoria y la dignidad estuvieron en plazas, parques, calles, veredas, ventanas, balcones, pechos, frentes, bolsos y mochilas. El país entero se sembró, en un día, de margaritas.

Para calibrar lo que implican el 20 de Mayo, la Marcha del Silencio y el nivel de identificación popular que suscitan, es imprescindible hacer memoria de la lucha por memoria, verdad y justicia.
Ya lo hemos dicho, pero es necesario reiterarlo, se luchó contra la impunidad antes del golpe de Estado; en plena dictadura, con las Madres en Plaza Libertad, con la solidaridad rodeando a las familias de los desparecidos y de los presos. En la democracia recuperada, denunciando en la Justicia, en el Parlamento; enfrentando la Ley de Impunidad, juntando firmas, con el Voto Verde, con el Voto Rosado. Con investigaciones periodísticas que ubicaban a Simón y Macarena, publicaban testimonios. Pero el 20 de Mayo implicó un salto en calidad en la lucha contra la impunidad.

La fecha elegida tiene un enorme simbolismo, lo tuvo siempre, pero como ocurre cuando las iniciativas políticas se hacen patrimonio de cientos de miles, ese simbolismo se potenció y se multiplicó. El 20 de mayo de 1976 fueron asesinados en Buenos Aires, Zelmar Michelini, senador y fundador del Frente Amplio; Héctor Gutiérrez Ruiz, diputado del Partido Nacional y presidente de la Cámara; Rosario Barredo y William Whitelaw, militantes del MLN y fue secuestrado y continúa desaparecido el doctor Manuel Liberoff, militante del Partido Comunista y del Frente Amplio.
En 1996, cuando se cumplían 20 años de esos crímenes, Madres y Familiares de Detenidos Desparecidos decidió convocar a la Marcha del Silencio.

La Marcha del Silencio fue el comienzo de una nueva dimensión ciudadana de la lucha por Verdad y Justicia. Un acierto histórico de Madres y Familiares. Uno de esos momentos que se resignifican por la acción de cientos de miles, se genera una síntesis donde el cambio en cantidad se transforma en un cambio en calidad y este, a su vez, posibilita un nuevo salto en cantidad.
El enorme valor del 20 de Mayo, genuina construcción popular, está dado también por su permanencia.

Todo eso se expresa el 20 de mayo y por eso ha sido enorme en gobiernos de izquierda y de derecha, cuando el movimiento popular, en sus expresiones políticas y/o sociales estaba a la ofensiva y cuando quien está a la ofensiva es el bloque de poder. Ha respondido a declaraciones infelices, a avances demasiados lentos, a provocaciones lisas y llanas, a ninguneos, y, también, a apariciones casi mágicas de archivos de inteligencia que no aportan nada, salvo visibilidad mediática. Ha sabido sobrellevar temporales y lluvias inclementes y hasta una pandemia.

El 20 de Mayo es un momento de síntesis de la lucha contra la impunidad. Y como lo hemos señalado múltiples veces, está lucha tiene varias dimensiones.

En la judicial, atesorando los avances conquistados es donde falta más. En este plano, la Fiscalía Especial para Delitos de Lesa Humanidad, uno de los avances institucionales más importantes, mantiene activas unas 140 causas de un total de 300 vinculadas a las violaciones a los derechos humanos, hay decenas de pedidos de procesamientos pendientes de resolución. Esta dimensión es muy importante, porque es la que construye la verdad institucional y para lograr justicia.

Se ha entrado a los cuarteles, hace más de 40 años que Madres y Familiares y todo el movimiento popular denunció que allí había cementerios clandestinos, la impunidad había logrado mantenerlos cerrados. Se recuperó a Ubagésner Chaves Sosa, Fernando Miranda, Ricardo Blanco, Julio Castro y Eduardo Bleier, pero faltan 192 compañeras y compañeros.

También están dentro de los avances las más de 60 marcas de la memoria, los sitios de la memoria, el Memorial en el Penal de Libertad; son mojones de verdad y permiten que la memoria se materialice.

En el plano político e ideológico, otra dimensión de la impunidad, estamos luchando contra un proyecto de sociedad excluyente y concentrador de la riqueza y el poder, el mismo contra el que lucharon quienes sufrieron el Terrorismo de Estado. Para luchar contra la impunidad no podemos olvidar que el fascismo fue la reacción terrorista, adueñándose del Estado, contra la acumulación de fuerzas de nuestro pueblo que abría caminos para la democratización de las relaciones sociales. Luchar contra la impunidad es también continuar, aún estas nuevas circunstancias, la acumulación de fuerzas del pueblo.

En una dimensión, más amplia, la democrática, el 20 de Mayo es fundamental. La impunidad es el lado oscuro del poder. Pelear contra la impunidad es disputarle la hegemonía al poder en un aspecto central. La impunidad es incompatible con la democracia. La democracia es un proceso permanente de construcción de libertad e igualdad. La impunidad se sustenta en la opresión, la dominación y perpetúa la desigualdad, ante la ley y ante la vida. Cuanta más impunidad, menos libres y menos iguales somos.

Y aún hay una dimensión más, la de mayor trascendencia y caladura: la ética. La de conseguir que la memoria histórica de nuestra sociedad y de nuestro pueblo se construya sobre la verdad y no sobre la mentira.

Para todas esas dimensiones de la batalla contra la impunidad, por la libertad, el protagonismo popular es vital. Y el 20 de Mayo es esencialmente eso. El protagonismo popular organizado de cientos de miles de uruguayas y uruguayos.

Tanto Laura, nieta de Otermín Montes de Oca, joven militante popular; como Alma, madre que busca a su hijo desde hace décadas y ha estado siempre; definieron, en este 2021, al 20 de Mayo como un momento de “encuentro”. De encuentro con sus seres queridos, a los que buscan, y de encuentro con su pueblo, para no sentirse “solas” en su lucha.

Y tienen razón. Es un momento de dignidad colectiva que se expresa en el silencio y en el grito: Presente. Un año más, hemos dicho, junto a Madres y Familiares, que no nos vamos a rendir, nunca, que no nos vamos a callar, que no queremos más que verdad y justicia, pero tampoco nos conformamos con menos.

Que no habrá olvido. Que tenemos y seguiremos teniendo memoria.

Que aquí estamos y aquí estaremos. Hasta encontrarles.