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Hoy desde aquí: a 50 años de la fundación del FA

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Camila Fernández (*)

“No acepto la intimidación ni la vergüenza. Y es por eso que acepto la crítica de veras, la que viene de aquel que aguanta en el timón, de aquellos que pelean por una causa justa, allá o aquí, en lo alto o en lo bajo, (…) y busco humildemente la verdad en los hechos de ayer y de mañana”, Julio Cortázar.
50 años de nuestro Frente Amplio. 50 años que nos encuentran a algunas y algunos, en nuestras primeras experiencias militantes en un gobierno nacional de derecha. Quizás hasta el momento la más fuerte sensación fue de ¿y ahora qué pasa con esto?, pero que no nos agarró como boyas flotando en el mar, sino que hizo sentir la fortaleza de fundaciones, vigas y pisos, que son un acumulado colectivo de organización y cultura militante. Somos parte de un gran colectivo-casa con kilómetros de lucha en el lomo, y con ventanas y puertas que siguen abiertas.
La turbulencia a veces sirve para probar hipótesis -aunque uno no necesariamente quiera-. En algunos escenarios, decantan con claridad inédita la vigencia de algunos planteos y la necesidad de cuestionar otros. En el huracán que concluye con la derrota electoral de nuestra fuerza política -huracán de duración y causas discutibles, sin duda-, fuimos forjadores y testigos de algo que algunas y algunos entendemos como un movimiento de empuje de la concepción frenteamplista histórica, fundacional. Y aunque esto suena general y distante, no es otra cosa que tomar y dar nuestro significado a palabras que a veces parecen mantras, pero que no lo son, son pura práctica: la unidad y la necesaria esencia participativa de un movimiento de masas, entre otras -no- revelaciones.
Esto no quiere decir que fue el único fenómeno en movimiento. También estuvieron en movimiento limitaciones para generar cambios estructurales desde el ejercicio del gobierno, nuestra fragmentación y atomización en incontables grupos y subgrupos, la necesidad de fortalecernos como FA. Pero si dió cuenta de que entre esa marea de cosas, también hay un montón de uruguayas y uruguayos con una forma de pensar que se identifica con la concepción del FA, pero que no se había sentido convocada hasta que apareció tal punto de inflexión -como fueron las elecciones-. Y como puntos de inflexión quizás no habíamos tenido demasiados, se notó particularmente que aparecimos más jóvenes a defender un rumbo.
No es nuevo que quienes somos más jóvenes nos acerquemos al FA. En estos 50 años, miles de jóvenes han pasado y construído el FA desde sus primeros pasos. Jóvenes estudiantes y jóvenes trabajadores de la primera mitad del siglo XX que a la par de otras generaciones fueron tejiendo la unidad de las organizaciones del pueblo uruguayo. Jóvenes de algunas décadas posteriores que en plena escalada represiva parieron nuestro FA. Jóvenes que lo defendieron durante la última dictadura con un compromiso férreo más allá de todo lo que les tocó afrontar. Y hoy, seguimos estando, y tocan nuevos desafíos.
La militancia no permite ensayar experimentos como si la vida fuese un laboratorio. Por el contrario, nos impulsa a probar haciendo, a unir y desunir andando, lo cual requiere varios ejercicios permanentes, para todas y todos quienes integramos el FA. Entre ellos, ser conscientes de que por lo general no hay que salir a reinventar la rueda, sino saber pararnos en la acumulación colectiva que nos antecede, renovando sí todo lo que deba ser renovado.
Y muchas y muchos jóvenes, a 50 años de creación del FA, entendemos que la renovación no pasa por desmontarlo todo. Pasa por volver a dar fuerza -o seguir dando fuerza- a nuestra propia esencia. Ser coalición y movimiento, más que nunca. Estructuralmente, nuestras bases, la participación de la ciudadanía organizada desde sus lugares cotidianos, es lo que más nos distingue del esquema de cualquier otro partido político. Es la materialización de ver la necesidad de que muchas y muchos sean protagonistas de las transformaciones que desde el FA se impulsen, no como espectadores o meros votantes. La acción política permanente, porque nuestro FA no es, y nunca se planteó ser, un simple dispositivo electoral, sino contribuir a la formación de conciencia, a la organización, asumiendo que los cambios profundos no vendrán únicamente de cambios en el ejercicio del gobierno.
Sin ánimos de idealizar nada, veía la necesidad de colocar que en un escenario en que parece que todo se va al diablo, hay historia y sobre todo, hay futuro.

(*) Militante del Comité de Base Cuaró, de la Coordinadora D, Montevideo y de Jóvenes FA.

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