El pasado 17 de noviembre, se realizó la primera actividad del Ciclo: Ideas para otro modelo económico, organizado por la Comisión de Programa del PCU.
Rodrigo Gorga (*)
La actividad se enmarca en el compromiso del Partido y sus militantes en la construcción programática en las diversas instancias en las que participan, tanto en el Frente Amplio (FA) como en las organizaciones sociales que se encuentran preparando el Congreso del Pueblo.
Las propuestas para realizar las transformaciones necesarias no son ideas sin sustento, solo expresiones de deseo. Son además de necesarias, posibles.
Para esta instancia fueron invitados dos jóvenes economistas, que brindaron insumos para pensar unas bases programáticas audaces en cuanto a sus objetivos de transformación del modelo económico, hacia uno que distribuya los ingresos y la riqueza de forma más justa e igualitaria.
Esta contó con la moderación del economista Federico Penino (director de Planificación y Ejecución Presupuestal de la IM) y la exposición de dos profesores del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas (Universidad de la República), Estefanía Galván (35 años, Doctora en Economía) y Mauricio De Rosa (35 años, Máster en Políticas Públicas y Desarrollo y candidato a Doctor en Economía).
Estefanía Galván trabaja temas vinculados al mercado laboral, sus desigualdades y el género. Sobre estos temas trató su presentación.
El mercado laboral
Los ingresos del mercado laboral son importantes porque constituyen la principal fuente de ingreso de los hogares de nuestro país. Incluso para aquellos hogares pobres, donde existe la pobreza infantil, la principal fuente de ingresos no son las transferencias, que representan un monto muy pequeño.
La situación del mercado laboral ya estaba empeorando hacia el 2019. La pandemia agravó la situación. La recuperación en el 2021 fue impulsada principalmente por el sector agroexportador, pero derramó hacia el consumo de los hogares.
Existe una recuperación casi completa en materia de empleo, pero con una caída muy importante en los salarios en términos reales, en su capacidad de compra. El aumento del empleo no logró compensar la caída del salario real por lo que hubo una disminución de la masa salarial, es decir la porción de ingreso que se apropian los trabajadores.
El aumento en el empleo, en este periodo post pandemia, vino además acompañado de un cambio en su composición. Existe una reducción de las horas trabajadas lo que probablemente haya derivado en un subempleo, es decir, personas que trabajan menos horas de las que estarían dispuestas. De esta recuperación fue impulsada también por los empleos de programas temporales del Estado, como los Jornales Solidarios, que son de un monto muy bajo y con un horizonte temporal corto.
También hay una caída de las tasas de actividad. Existen personas que se retiraron del mercado de trabajo, que antes estaban ocupadas o buscando empleo, que no han vuelto luego de la pandemia. Podemos presumir además que muchas de estas son mujeres. Surge la pregunta de en qué situación se encuentran ahora que no cuentan con los ingresos del mercado de trabajo.
En resumen, tenemos una caída de los ingresos, con un aumento del empleo, de peor calidad y con trabajadores que fueron expulsados.
Las desigualdades de género
Un grupo que fue particularmente afectado por la pandemia fue el de las mujeres. Aunque las desigualdades de género son una característica estructural del mercado laboral.
Las mujeres, en promedio, alcanzan mayores niveles de educativos que sus pares varones, y han acumulado ya años de experiencia en el mercado laboral. Sin embargo, tienen tasas de desempleo más elevadas y salarios más reducidos. La brecha salarial de género se ubica en torno al 23 y 25%, es decir que las mujeres cobran casi un 25% menos que los hombres. Pero estas desigualdades en los salarios no se deben a diferentes características productivas de las mujeres, que alcanzan mayores niveles de formación.
La causa de esta desigualdad en los salarios radica en la desigual distribución del trabajo de cuidados.
La pandemia redujo el empleo en sector doméstico y en los servicios, que son altamente feminizados. También provocó que los sectores de la salud humana y la educación estuviesen en la primera línea de fuego, sectores donde la presencia de mujeres es ampliamente mayoritaria.
La situación de recortes en dichos los servicios públicos por parte del gobierno, no solo las afecta como empleadas, sino también como usuarias. Las mujeres son las más recurren a dichos servicios por lo que una disminución en su calidad impacta directamente en su bienestar.
Las tareas de cuidado, como ser, las tareas de cuidar enfermos, cuidar niños, ancianos, personas en situación de discapacidad, recaen en las mujeres. Por lo que, si el Estado se retira en sus servicios sociales, aumenta el peso sobre las mujeres. En particular, sobre las mujeres más débiles, las más pobres, las migrantes, afro y otras. Las mujeres que tienen menores ingresos son las que tienen menos capacidad de adquirir los servicios de cuidado en el mercado.
De hecho, la mayoría de los hogares donde existe pobreza infantil, están a cargo de mujeres.
El mercado laboral sigue diseñado para el trabajador varón que no tiene obligaciones familiares, con una dedicación de tiempo completo. Este modelo, basado en una presencia de varones proveedores del ingreso de en una familia tipo, ya no se ajusta a la realidad.
Las mujeres, por tanto, no tienen que adaptarse a ese modelo para ser exitosas en el mercado laboral. Es necesario transformarlo.
Este modelo de mercado laboral también se reproduce en la seguridad social. Las mujeres tienen trayectorias laborales más intermitentes, ya que muchas veces deben retirarse del mercado al momento de la maternidad. Debido a esta trayectoria, no llegan a las causales jubilatoria, y no obtienen nada por lo que aportan al sistema. Financian así a las personas que tienen una trayectoria laboral más estable.
El sistema de seguridad social, altamente regresivo, potencia las desigualdades en particular en contra de las mujeres más vulnerables. La propuesta de reforma jubilatoria actualmente en discusión agrava mucho más esta situación, porque los requisitos no contemplan la distinta carga que deben soportar las mujeres.
La crisis de cuidado
La feminización del envejecimiento, que se debe a la mayor expectativa de vida de las mujeres, está estrechamente ligada a que las tareas de cuidados, especialmente aquellas que realizan las abuelas en los hogares más pobres, recaen sobre mujeres. Si las mujeres tienen que permanecer empleadas por más tiempo, para alcanzar la edad y los requisitos para jubilarse u obtener una pensión, surge la pregunta de quién realizará dichas tareas de cuidado.
El mismo fenómeno de mayor esperanza de vida, ocasiona que la mayor porción de adultos dependientes sean mujeres, por lo que también las afecta a ellas la crisis de cuidados.
El sistema de licencias para el cuidado también está estrechamente ligado al mercado de trabajo formal. Solamente un 47% de las madres tiene un empleo de trabajo formal, por lo que más de la mitad no goza del beneficio de la licencia. Un 63% de los niños que nace ve limitado su acceso a los subsidios de cuidado porque alguno de sus padres no está empleado o es empleado informal, y un 28% no tiene a ningún padre con un empleo formal y no tiene acceso a los cuidados garantizados por las licencias.
No solo está en crisis la seguridad social sino el modelo con el que entendemos la protección social.
El trabajo de cuidados cumple un rol fundamental para la sostenibilidad de la vida y el bienestar de las personas. Por lo tanto, la forma en la que la se organizan los cuidados y la distribución de sus cargas, tienen alto impacto en la desigualdad.
La principal propuesta, por tanto, se basa en el despliegue de un sistema de cuidados de calidad, es decir que garantice un servicio de calidad en la cantidad de horas necesarias. Esta es la propuesta que ha venido desarrollando el movimiento feminista.
Sus principales detractores afirman que un sistema de cuidados es caro. Pero debe tenerse en cuenta que estos cuidados ya se están haciendo, y están recayendo sobre los eslabones más débiles de la sociedad. Las mujeres pertenecientes a los sectores más desfavorecidos son las que están financiando esta actividad, al realizar las tareas de cuidados sin remuneración.
El futuro del trabajo
Otro fenómeno característico de los mercados laborales actuales se refiere a las transformaciones producidas por el cambio tecnológico, necesario en economías como la nuestra que necesitan aumentar la productividad del trabajo.
Los nuevos desarrollos tecnológicos vinculados a la inteligencia artificial han desplegado innovaciones productivas que ahorran en mano de obra, por lo que expulsa a trabajadores que realizan las tareas más rutinarias.
Aún es una incógnita cómo se va a desarrollar este fenómeno en América Latina. Pero lo cierto es que los trabajadores pierden poder de negociación, porque ahora se agrega la amenaza de ser sustituidos por una máquina.
Este fenómeno también tensiona el sistema de protección social. Surge la pregunta sobre cómo serán relocalizados los trabajadores afectados por las nuevas tecnologías.
El sistema tributario es además promotor de esta situación, ya que la reducción de la mano de obra empleada implica una reducción de los aportes a la seguridad social. Algunos países han intentado mitigar esta situación a través de la imposición de un gravamen por las maquinas introducidas, e incluso hay ejemplos de esto en nuestro país.
La principal política para desarrollar en esta área tiene que ver con un papel de liderazgo del Estado en proceso de cambio tecnológico, a través de las empresas públicas y la universidad. De esta forma se asegura un mayor control en la distribución de los beneficios de este cambio entre los distintos segmentos de la sociedad.
Las ideas expuestas muestran cómo existe un camino para producir transformaciones profundas en la sociedad y la economía uruguaya. Para visualizar ese camino es necesario audacia, que no implica una pérdida de rigurosidad técnica. La realidad pide que tengamos una perspectiva transformadora. Están en juego la situación de una gran cantidad de compatriotas.
(*) Economista.
Foto de portada:
Marcha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Foto: Ricardo Antúnez / adhocFOTOS.























