La presencia soberana

“Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”.

Ese concepto artiguista, central en su concepción de República, del poder y su ejercicio, es el que define mejor el tsunami político que se produjo ayer cuando se entregaron 797.261 firmas para habilitar un referéndum contra 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración (LUC).

Es que pasaron muchas cosas, fue un día que resume años, pero hay una fundamental: la presencia organizada del pueblo ejerciendo por sí mismo la soberanía.

Es que lo que ocurrió ayer es tan importante que hay que buscar sus raíces en Artigas, en el Éxodo, en el pueblo organizado siendo protagonista de la historia, haciéndola.

Lo de ayer no fue un trueno en cielo sereno. Quienes se sorprenden con lo ocurrido ayer no quisieron ver, estaban cegados por su relato de la realidad.

Ayer se expresó, en toda su dimensión, la potencialidad transformadora de la unidad, la organización y la militancia del movimiento popular uruguayo. Y asistir al impacto en la realidad de esa fuerza popular es conmovedor. No deja a nada ni a nadie incólume. Lo impacta y lo transforma todo. Desde la concreción de la hazaña democrática popular de ayer nada es igual. Nada.

Obviamente impacta sobre la LUC y su vigencia futura, habrá referéndum, el pueblo decidirá sobre los 135 artículos más retardatarios de este engendro legal regresivo, represivo y privatizador.

La LUC es un elemento central de la restauración conservadora, es el soporte jurídico del ajuste neoliberal que ya ha hecho al Uruguay menos libre y más desigual, por ello menos democrático.

Y lo es por partida doble, por su forma y por su contenido. El gobierno de la coalición de derecha, en particular el Herrerismo y muy especialmente el presidente, Luis Lacalle Pou, bastardearon un instrumento constitucional para imponer a marchas forzadas, sin discusión, todo un programa de gobierno y reflejar, rápido y expreso, las urgencias de los sectores del poder. Conforma junto con el presupuesto y la política salarial el trípode central de la restauración conservadora, la caja de herramientas del retroceso. El desafío era no solo caracterizarla sino generar una respuesta popular acorde que le pusiera freno.

Y eso es lo que se concretó ayer. El movimiento popular logró juntar en seis meses casi 800 mil firmas y huellas dactilares y, en los hechos, ya obligó a abrir una discusión que el gobierno y la derecha no querían dar. La LUC se conoce más gracias a las barriadas de la recolección de firmas que a lo que el gobierno había informado sobre ella.
En realidad, trataron de imponer un contenido profundamente regresivo rápido y con la menor discusión posible.

Bueno, esa batalla ya está ganada, ya empezó la discusión y habrá más de aquí al referéndum. El movimiento popular enfrentó a la derecha y defendió la democracia haciéndola posible, ejerciéndola.

Pero la dimensión del esfuerzo militante realizado, de la cifra alcanzada, hace que el impacto sea mucho mayor que el específico, y ya de por sí muy importante, sobre la LUC.

Este esfuerzo militante tiene repercusiones generales sobre toda la situación política. Coloca al movimiento popular; al bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios, para decirlo en forma precisa; a la ofensiva contra el bloque de poder.

Digámoslo claro, con la victoria electoral en 2019, para la que tuvieron que concretar una inédita coalición penta partidaria, las clases dominantes lograron concentrar en sus manos casi todo el poder. Al que siempre tuvieron y nunca perdieron, la propiedad de los medios de producción, de la tierra, de las propiedades urbanas, del capital financiero, de los grandes medios de comunicación, le agregaron ahora la administración del Estado, que el movimiento popular había logrado quitarles por 15 años.

Decimos casi todo porque el movimiento popular mantiene espacios del Estado, como tres de las intendencias más importantes del país, decenas de municipios, la bancada parlamentaria más grande, concejales. Pero, sobre todo, mantiene un factor de poder fundamental: su propia organización que posibilita su acción independiente sobre la realidad.

Y esto fue lo que actuó y cambió la realidad. La organización y militancia del movimiento popular.

No fue fácil, hubo discusión en el PIT-CNT primero, en la Intersocial después, con sectores del movimiento popular y luego en y con el Frente Amplio. Pero se logró el acuerdo unitario y sobre todo se militó mucho después. La unidad política y social del pueblo ha demostrado, una vez más, su centralidad y su fuerza para cambiar la realidad.

El tan denigrado y atacado PIT-CNT, al que quieren reglamentar porque no representa a nadie, demostró su inmensa autoridad y representatividad. El Frente Amplio, denostado y ninguneado, declarado casi en disolución, mostró, una vez más, la fuerza inmensa de su militancia. Los jóvenes, masivamente, mostraron que son capaces de abrazar una causa que sienten justa y pelear por ella con compromiso y perseverancia.

Ayer el movimiento popular uruguayo mostró que tiene capacidad para disputarle la iniciativa política a la derecha y las clases dominantes. Casi nada.

Lacalle Pou, que dirige el gobierno de supuesta coalición como si fuera propiedad del Herrerismo, se creyó que, con mucho coaching, net center, cadenas nacionales virtuales y editoriales elogiosos, podía hacer lo que quería y como quería. Lo convencieron de que su mundo virtual de “malla oro” y “perillas” era la realidad. No se la vio venir. No entiende al país que no entra dentro de los muros de La Tahona y del British. Está empezando a descubrirlo. Ayer recibió casi 800 mil cachetazos a su soberbia y su desprecio por lo que desconoce y no entiende. Debería aprender la lección y dejar de actuar como si el país fuera una empresa donde hay un patrón que manda y están prohibidos los sindicatos.

Hay un factor adicional a considerar, en la derrota del 2019 jugaron muchos factores, pero hubo uno muy importante, se había producido una separación entre el gobierno y el FA; entre el FA y las organizaciones sociales y entre todo esto y un sector importante de nuestro pueblo.

Eso empezó a cambiar con esta campaña de firmas, decenas de miles de militantes hicieron autocrítica práctica, la que más vale, la que más avances provoca y construyeron una síntesis política y social superadora.

Como si todo esto fuera poco la hazaña democrática concretada ayer cambia el estado de ánimo de cientos de miles de uruguayas y uruguayos. Las y los militantes populares están felices, ganaron confianza, vieron que su esfuerzo rinde frutos. La derecha y los sectores del poder están nerviosos, disgustados. Cambió el humor social del Uruguay. Y el estado de ánimo predominante en una sociedad es un elemento central en cualquier análisis serio de la realidad.

Habrá que procesar el balance y encarar la segunda etapa con más unidad y más amplitud, convocando a los que no quisieron estar, volviendo a hablar con los que no se convencieron de firmar y llegando a quienes no se puedo llegar. Hay una base inmensa.

Todo eso es así. Pero en el final es imprescindible hacer centro en dos cosas más.

Una, la dimensión de lo alcanzado. Se lograron casi 800 mil firmas, mucho más de lo que preveía ningún analista político. Son 150 mil firmas más de las que se necesitan para habilitar el referéndum. Pero es mucho más que eso. Hagamos una comparación solo a fines de dimensionar realmente lo que se logró. El porcentaje de firmas obtenidos en Brasil equivaldría a más de 40 millones de firmas. La cantidad se transforma en calidad y en un salto en la acumulación de fuerzas.

Es una maravilla. Y allí entramos al segundo aspecto final, y al fundamental, esa maravilla fue obra de una militancia social y política, también maravillosa.

Miles de hombres y mujeres, de muchachas y muchachos, desafiaron la pandemia, el desempleo, el hambre, las angustias de la crisis; enfrentando el ninguneo del gobierno, la negativa a dar la cadena de radio y televisión, a postergar el plazo de las firmas cuando arreciaban los contagios y las muertes, la decisión de inventar un homenaje al GACH para intentar opacar la victoria popular.

Ellas y ellos, se enojaron, lloraron, se desesperaron, temieron, soñaron, escucharon, convencieron, pelearon, repartieron 6 millones de volantes y juntaron casi 800 mil firmas.

Una barbaridad. Por eso ayer lo más bonito de todo fue la explosión de alegría, la emoción a mil, las lágrimas, las canciones, los carteles. En todo el país.

“No se qué hacer con tanta alegría”, decía una muchacha bañada en lágrimas en la puerta de la Corte Electoral a un canal de televisión. Fue la alegría y emoción de los abrazos con las banderas de los sindicatos, con las del FA y el “no te rindas” de Tabaré, con las de las cooperativas de vivienda, con las de los gremios estudiantiles, con las multicolores del feminismo.

Esa alegría vale oro. Es la alegría de un pueblo que se siente dueño de su destino. Que construye y siente el poder transformador enorme de su “presencia soberana”.

Que pueblo tenemos. Que orgullo. Salud compañeras y compañeros, esta victoria es de ustedes.