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Para todas y todos

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Por Gonzalo Perera

Dentro de esas cosas muy cercanas a lo bizarro que nos brindan las redes sociales, hace unos días vi unos breves videos en los cuales se puede apreciar a la Ministra de Vivienda y Ordenamiento Territorial (ya no más Medio Ambiente, en el marco de la austeridad que crea ministerios), Irene Moreira, interpretando en un piano “Para Elisa” y algún episodio similar. La paz de las familias, los vínculos amorosos entre sus integrantes, la intimidad del hogar, son inviolables para nosotros. Quizás porque crecimos en un país donde no valían un cobre, quizás porque luchamos para recuperar ese espacio sagrado para las personas y sus afectos, junto a numerosas generaciones de compatriotas, diversos y unidos.
Pero la difusión voluntaria en redes de esas imágenes las vuelve públicas, y como tal han sido recogidas por portales y diversos medios.
Debo confesar que el primer pensamiento que vino a mi cabeza, tras observar la interpretación pianística de una pieza de estudio obligada para todo principiante, fue, por primera vez, sentir una profunda satisfacción por que la opción de vida de la Dra. Moreira haya sido dedicarse a la política y, a propuesta de su partido, Cabildo Abierto, llegar a ocupar una cartera ministerial. Es que uno quiere mucho al piano…
El segundo pensamiento, surgió de las capas más profundas de mi ser y fue pensar en el nombre “Elisa”, más concretamente en “Elisa Delle Piane de Michellini” y estremecerme por lo que debió pasar, vivir y luchar, junto a su familia.
Porque si los talentos musicales pueden ser discutibles, es indiscutible que hay familias en este país que sufrieron lo indecible, y que en muchos casos lo siguen sufriendo desde la continuidad del delito de lesa humanidad de desaparición forzada.
En general, la vida, como el teclado de un piano, tiene sus bemoles, sus claros y oscuros. Pero hay ciertos temas donde no hay dos posibles relatos: decir que, desde los años anteriores al golpe de Estado y hasta fines dela dictadura, en este país se ejecutó, torturó y desapareció gente, a menudo incluyendo actos incalificables como el robo de bebés, no tiene un segundo relato. Que esas salvajadas tuvieron como protagonistas a integrantes de las entonces llamadas Fuerzas Conjuntas (fuerzas policiales y militares), convocadas, y en algunos casos, claramente respaldadas por civiles en el ejercicio del poder político y económico, y coordinadas en el Cono Sur por las embajadas de USA en la región, es algo reconocido por los propios archivos oficiales estadounidenses. Es el único relato veraz y compatible con los hechos.
Hay otros relatos, como el de que los desaparecidos estaban en Europa o en Cuba u otros disparates. Sustento nulo, pero la capacidad de negación del ser humano que se sabe culpable en lo más profundo de su ser, por ligera que sea su conciencia, es capaz de generar, y afirmarse como tabla de salvación, en la narrativa más inverosímil y más refutada por los hechos. Por las dudas: queda claro que ni Julio Castro, ni Fernando Miranda, ni Eduardo Bleier, estaban en Europa. Pero si hubo genocidio armenio en Turquía y holocausto en la Alemania nazi es porque existen esos poderosos mecanismos de negación de lo irrefutable. Y es justamente por esa razón, más allá del deber moral con las víctimas, por la responsabilidad de evitar cualquier episodio similar en el futuro que, ante el genocidio y terrorismo de Estado, solo cabe una única respuesta: Memoria, Verdad, Justicia y Nunca Más.
No se trata de acumular consignas, sino revitalizarlas como lo que son, la única narrativa respetuosa de los hechos y la única salida hacia un futuro sin barbarie. Si enfatizo la unicidad, es porque a quien quiera salir con el cuento de que frente a todo hecho hay dos bibliotecas, le pregunto si está dispuesto a tirarse de cabeza de un décimo piso o si asume como única biblioteca válida la newtoniana, que le dice claramente cuál es el resultado de ese acto. Si no hay dos bibliotecas para la ley de gravedad a escala cotidiana, no la hay para las gravísimas violaciones a las más básicas leyes y principios de humanidad que ocurrieron en nuestro país.
Desde la actual conducción del Ejército (Gral. Guilermo Fregossi), se anunció, de manera confusa, una revisión de la formación militar en materia de historia reciente. No he podido leer un enunciado claro del nuevo enfoque que se propondría. Además, estamos ante un gobierno que más que política hace marketing, y por lo tanto uno ya empieza a sospechar que si anuncia trombones, terminará escuchando matracas. Pero además el Ministro de Defensa Nacional Javier García y la señora Vicepresidenta de la República, se apresuraron a señalar que si el Ejército hacía una revisión (¿Cuál?) “otras organizaciones políticas debían hacerlo”. Para no dejar espacio a la sutileza, el ministro García señaló explícitamente al MLN-T. Un poco antes en este texto, nombraba a tres mártires. Le pregunto al ministro García qué tiene que ver con su ejecución cualquier relato que los compañeros, de ésa u otra organización política cualquiera, puedan hacer. La respuesta es: nada de nada.
Pero ahí no termina el asunto, el senador no desaforado y general no muy informado Manini, salió rápidamente a decir que en sus tiempos, ya se abordaba críticamente la historia reciente. Apunta que la declaración de Estado de Guerra Interno de 1972 era incomprensible y que las responsabilidades no se restringen a la clásica teoría de los dos demonios. Pero atención: su apunte no pone en foco a los grupos económicos promotores de la dictadura, sino que por el contrario, lo que hace es diluir la teoría de los dos demonios en una suerte de “teoría del pandemonio”. Algo así como que dado que todo el mundo tuvo algo de culpa nadie tiene que cargar con el peso de dar cuentas. Nada menor e inadmisible picardía. Que las responsabilidades incluyen empresarios y grupos cipayos, vaya si no seré yo el que se lo discuta. De ahí a “todos estuvimos mal” hay un océano de distancia. Vuelvo al punto anterior. En las ejecuciones, desapariciones y múltiples vejaciones llevadas adelantes con absoluta saña por personal de las Fuerzas Conjuntas, ¿ qué responsabilidad tienen los militantes del campo popular, capturados o perseguidos? Obviamente, ninguna.
El senador nada desaforado y general tan desinformado revela la verdadera naturaleza de sus declaraciones cuando, con ligera redundancia, pide que esa formación histórica de los jóvenes militares no sea “hemipléjica y sesgada”.
El propulsor de la visión política más segada hacia remeras que rezan HKNKRZ, alusión a la cruz gamada, el que tiene dirigentes que un día sí y otro también hacen guiños a la dictadura, minimizan sus delitos de lesa humanidad, amparan groseras discriminaciones de género, el senador que anuncia su voluntad de poner en discusión la agenda de derechos conquistada en los 15 años del FA en el gobierno, el que ataca de manera descarada a la Justicia para proteger a comprobados terroristas de Estado, habla de no ser sesgado.
Sesgo es desviación sistemática del valor correcto. Sesgo es lo que practica el partido (cada vez más partido) del senador. La verdad única e irrefutable de actos de terrorismo de Estado no es sesgo: es la verdad, incómoda, dolorosa, atroz, pero inapelable.
Dejar esto bien claro no es sólo una frase que debemos repetir “Para Elisa”, sino para nuestro futuro como comunidad civilizada, para la verdadera paz que nace de la verdad y la justicia, para todas y para todos.

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