Que la plaza sea tu casa

El 1º de Mayo es la primera fecha universal no religiosa de la historia de la humanidad. Día Internacional de las y los trabajadores. Nacido de una decisión honrada, en el mundo entero, por cientos de millones de hombres y mujeres, en cualquier circunstancia y condición, desde hace 130 años.

Como bien se pregunta Ruben Olivera, en su hermosa canción: “Si es nuestro el 1º de Mayo, ¿los otros días de quién son?”.

El 1° de Mayo de 1886, hace ya 134 años, una manifestación obrera en Chicago, EEUU, enfrenta una brutal provocación de las patronales y de la policía. Detienen y condenan a muerte a 8 militantes sindicales, anarquistas. Cada año, desde hace más de un siglo, recordamos sus nombres: August Spies, George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons y Oscar Neeb.

El reclamo era por 8 horas para el trabajo, 8 horas para el ocio y 8 horas para el descanso. Esa consigna que hoy, 134 años después, sigue siendo un sueño para 2 mil millones de trabajadores y trabajadoras que, aún en la informalidad, soportan jornadas de hasta 14 horas y condiciones de trabajo miserables, impuestas por el capitalismo y perpetuadas por que aún no consiguen construir el nivel de organización para transformarlas.

El delito de los mártires de Chicago fue denunciar la explotación, organizarse y luchar para cambiarla.

Cuatro años después, en 1890, un Congreso Internacional de Trabajadores decide que el 1° de Mayo sea un día de huelga mundial. Solamente se pudo conmemorar, en medio de una brutal represión, en 11 países, uno de ellos fue nuestro Uruguay.

Por eso, en Uruguay hace 130 años que las y los trabajadores, junto con nuestro pueblo, conmemoramos el 1° de Mayo en forma ininterrumpida. En democracia o en dictadura, con libertades o enfrentando la represión, el movimiento sindical, rodeado del movimiento popular, sale a la calle.

Cada acto, cada año, implicó el momento en que la clase obrera, y junto con ella los sectores populares hicieron oír su voz. Hay algunos que han quedado marcados en la historia nacional, por su aporte a la defensa de la democracia, de la libertad y la igualdad. Entre ellos el de 1966, previo al congreso de unificación y anuncio de la creación de la CNT, la central única; el de 1973, reafirmando la decisión de enfrentar con una huelga general un golpe de Estado; el de 1980, cuando la dictadura quiso trasladarlo como feriado para el 5 de mayo y se resistió en todo el país, anunciando el NO a la constitución fascista; el de 1983, que inició la ofensiva de masas para derrotar a la dictadura.

Las y los trabajadores organizados, su unidad, el encuentro más amplio con las organizaciones populares todas, la decisión de lucha construida en común han transformado al 1° de Mayo, en nuestro país, en una referencia imposible de obviar. Bien podríamos decir que si se construye la historia de los discursos y de las circunstancias de la realización de los 1º de Mayo se puede tener una visión de la historia nacional, de la correlación de fuerzas entre el poder y los sectores populares, del grado de libertad, en cada momento.

De esa historia estamos hablando. Esa importancia democrática tiene el 1º de Mayo. Y a esa fecha, en este 2020, en plena Emergencia Sanitaria, el gobierno de la coalición de derecha, encabezado por Luis Lacalle Pou le negó la cadena nacional.

No nos asombra. De hecho, antes de la asunción del gobierno nacional por el Frente Amplio, esto era lo natural. Esta decisión expresa el contenido restaurador y el carácter de clase de este gobierno con meridiana claridad. Con el agregado, claro está, de la escasa, por no decir nula, relación con el mundo del trabajo, en cualquiera de sus dimensiones, que tiene el actual presidente de la República, como es público y notorio.

Es un gobierno que expresa al capital, con un gran peso del agronegocio y el mundo financiero, de derecha, con una presencia inédita de la ultraderecha y con componentes de rasgos fascistas, y actúa como tal.

La dimensión, y el ritmo, de la restauración se están mostrando en toda su amplitud y resulta imprescindible ver la realidad en todas sus aristas.

La negativa de la cadena nacional al PIT-CNT no es un hecho aislado, es parte de la restauración conservadora y neoliberal en marcha en todas las esferas de la sociedad, pese a la pandemia y en gran medida, aprovechándola.
El gobierno que niega la cadena al PIT-CNT, la organización social más importante y representativa del país, lo hace cuando la Emergencia Sanitaria limita, por responsabilidad, las posibilidades de movilización. Es el mismo gobierno que, sin ningún prurito, lleva 49 conferencias de prensa, virtuales cadenas nacionales, desde que se declaró la Emergencia Sanitaria, usadas para instalar su agenda política, anunciar y defender el tarifazo, el aumento del impuesto al consumo, luego la Ley de Urgente Consideración, instalar la visión del fracaso del Frente Amplio, demostrado supuestamente por la vulnerabilidad de sectores de la población ante el impacto económico y social de la pandemia, hablar de la “Nueva Normalidad”, concepto instalado desde los centros internacionales del neoliberalismo, que utilizan por nombrar algunos, Sebastián Piñera en Chile e Iván Duque en Colombia.

La última, fue ayer, 29 de abril, cuando Lacalle Pou defendió nuevamente la LUC, que no contiene una sola medida para atender los efectos de la pandemia.

La LUC, que es un intento de aplicar en forma sumaria un plan de gobierno completo violando la Constitución, la separación de poderes, modificando 60 leyes de un saque, afectando 30 políticas públicas y todo ello con un plazo perentorio de discusión, vencido el cual la Ley queda vigente aunque no se apruebe.

Además de la pérdida de calidad democrática que implica su forma, el contenido de la LUC es fuertemente punitivo, concentrador del poder, mercantilizador y privatizador. Busca modificar radicalmente el Estado, esferas fundamentales de la sociedad como la educación, la salud, las empresas públicas, la seguridad, el mundo del trabajo, imponer la visión neoliberal a ultranza y asegurarse las herramientas para poder reprimir el disenso. Además, como han señalado expertos, puede facilitar el lavado de dinero. Es una oda al capital y su concentración, hasta en eso.

A ello hay que unir las destituciones sumarias de decenas de profesionales en ASSE en medio de la pandemia. El ataque permanente a toda la gestión del Frente Amplio, a todos los derechos conquistados, en especial a las políticas sociales, con centro en la gestión del MIDES. El vocero oficial de los sectores más reaccionarios del poder, el diario El País, dedica un editorial completo a Marina Arismendi este miércoles y el ministro de Desarrollo Social anuncia en televisión que realizará denuncias penales referidas a la gestión anterior.

También se debe sumar el envío al Parlamento de una nueva Ley de Medios que permitirá y promoverá la concentración mediática y les devolverá sus históricos privilegios a los grandes empresarios de la comunicación audiovisual. Este blindaje mediático se complementa con la decisión conocida ayer de establecer mecanismos de censura previa en los medios públicos.

Para imponer la restauración y la concentración de la riqueza y del poder a marchas forzadas no puede haber fisuras.

Y dentro de esa estrategia, que incluye y presupone el discurso único, un centro es el cuestionamiento permanente al movimiento sindical. El anuncio de la voluntad de no convocar a los Consejos de Salarios por la pandemia es en simultáneo con la decisión de que sigan trabajando miles de hombres y mujeres para “mantener prendidos los motores de la economía” y con imponer -contra viento y marea- la discusión de la LUC.

El mensaje es claro: las urgencias del gobierno son las urgencias del poder.

Por eso es tan importante este 1º de Mayo. Es el momento de empezar a construir, en unidad, con amplitud, con responsabilidad democrática, pero con mucha firmeza, la contraofensiva del pueblo.

Están locos si piensan que impondrán su restauración sin respuesta.

Una vez más, las y los trabajadores, su central única, en su día, el 1º de Mayo, asumirán su papel. A pesar de la Emergencia Sanitaria, más de 30 actividades, en todos los departamentos del país, harán oír la voz de la clase obrera y del pueblo.

Por eso, hoy más que nunca: que tu casa sea la plaza. Todas y todos con el PIT-CNT construyendo unidad de pueblo.
Por eso, hoy más que nunca, desde el fondo de la historia y como garantía de futuro: ¡Viva el 1º de Mayo!
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Una flor roja por Chifflet

El 26 de abril falleció Guillermo Chifflet, periodista, escritor, militante social y político, un gran compañero. Guillermo, que tenía 93 años, fue fundador del Frente Amplio y militante durante décadas del Partido Socialista. Diputado de brillante actuación, siempre al lado de las causas populares, electo por primera vez en 1989, y luego en 1994, 1999 y 2004. En 2005 renunció a su banca por discrepar con la decisión del gobierno del Frente Amplio de reforzar el contingente militar uruguayo en Haití, en la Misión de Estabilización de las Naciones Unidad en Haití (MINUSTAH). Guillermo también integró el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio. Escribió en varios medios de Uruguay y del continente. EL POPULAR tuvo el honor y el orgullo de contar con su colaboración en varias de sus etapas, con su pluma firme en defensa de los derechos del pueblo, del internacionalismo y del antimperialismo.
El secretario general del Partido Socialista, Gonzalo Civila, resaltó este domingo la gran cantidad de mensajes de admiración hacia Guillermo que recibió “desde instituciones, sectores y referentes de todo el Frente Amplio y el movimiento social hasta el Presidente de la República y dirigentes con los que tantas veces discrepamos, pasando por militantes de mil causas y periodistas”.
Civila resaltó que Chifflet “fue un hombre radical, en sus luchas, en sus convicciones, en su ética. Y las personas como Guillermo, a veces incomprendidas e incómodas, dejan un testimonio que arde como el fuego”.
A sus familiares, a sus compañeros y compañeras del PS, un abrazo apretado del colectivo de EL POPULAR.