¿Qué le espera al PCU en su ciento y más…?

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Por Gerardo Bleier (*)

En los próximos treinta años, toda la saña y superficialidad anticomunista desplegada desde la revolución bolchevique comenzará a evidenciarse como lo que es: pura impotencia teórica de la ideología burguesa, puro egoísmo resentido de los grupos de privilegio ante los esfuerzos de los trabajadores por democratizar las relaciones sociales, puro autoritarismo feudal (protección fascista de la renta monopólica de la tierra).

Nunca como en el presente resulta tan desafiante, intelectual y políticamente, por ello mismo, la asunción del desafío transformador que será necesario operar desde la conducción global del proceso de la civilización y que cae abrumadora sobre los marxistas.

Marxistas que, si lo son, son también engelsianos, leninistas, gramscianos, lukascianos, dengxiapinianos, luxemburgianos, grossmannianos, iliénkovianos…y arismendianos y frugonianos y seregnistas, y tambièn einstenianos y benjaminianos, y bretchianos y lorcanianos y zitarrosianos…y rousseauanianos (jacobinos) y montesquieuianos y para incorporar una dosis de utopismo, también fourieristas… y, finalmente y sobre todo, proletarios dialécticos, esto es, admiradores de todo el acumulado científico cultural de la humanidad.

Es que el tiempo de la “humanidad socializada” (que demoró en advenir más de la cuenta porque hubo fuerzas bien poderosas orientadas a enfatizar las singularidades competitivas) ha llegado. Y ello pone como esencial al humanismo la organización de la “sociedad de la cooperación global” orientada a distribuir la abundancia.

¡Menudo desafío intelectual!

Tanto que no será obra únicamente de los marxistas. Razón por la cual vuelve a tener significación, porque a toda ola democratizadora responde una reacción autoritaria, una antigua exhortación arismendiana: “La distinción en cuanto identidad teórica y práctica es pues radical (la distinción entre praxis orientada a la superación del capitalismo o su mera administración, aunque democratizadora) pero no puede ser obstáculo a la aplicación de una sistemática, inteligente y flexible política de frente único con la socialdemocracia, la IS y los partidos – muchas veces burgueses democráticos, nacional reformistas- que giran en su órbita, como en América Latina. La lucha por la paz, por la democracia y contra el fascismo y las tiranías, por la independencia nacional y por cambios, reformas sociales y políticas profundas, exigen todas las formas de unidad, con la socialdemocracia, con todos los defensores de la autodeterminación económica y política y con todos los antiimperialistas”.

Y como todo desafío complejo le mueve el piso a la comodidad burocrática añadía:
“Persisten, a veces, el dogmatismo, el doctrinarismo, el criterio analógico que prefiere el parangón con lo ya ocurrido al estudio riguroso de la móvil y multicolor realidad. Es decir, al “análisis concreto de la situación concreta”. Se repiten textos, en vez de situarlos en el dinamismo infinito y contradictorio de la política. En casos, subsiste ese idealismo “por arriba” (Engels) coexistiendo con el materialismo vulgar y la pedantería seudo académica y libresca. Todo ello perdura como desventaja en segmentos, incluso vastos, del movimiento: residuos de errores pasados e inhibiciones para el gran debate teórico y crítico. Esto alimenta, como es lógico, el sectarismo, el distanciamiento de las masas, la orfandad, pobreza o ausencia de una política real, arte y ciencia de lo posible, pero también la forma más elevada de la lucha de clases”.

El desafío de los próximos treinta años es tan inmenso, se trata de elevar las exhortaciones humanistas abstractas a formas de organización democrática de la humanidad (ya) concreta, orgánicamente interrelacionada, que hará falta también una dosis de, (dicho esto en expreso homenaje a los 100 años del Partido Comunista del Uruguay), lo que podríamos denominar como “carácter y sutileza al modo Bleier”.

Para exponer su contenido referiré dos anécdotas diferentes a las que se enuncian con frecuencia respecto de su personalidad, las que dicen relación con su ya conocida valentía y capacidad realizadora práctica.

Corría el año 68 y Eduardo Bleier le escribe una carta al corresponsal de ese diario en Moscú, Carlos Castelgrande. Luego de calificar sus notas periodísticas (constantemente le reclamaba más periodicidad) como “extraordinarias y necesarias” para hacer de El Popular un medio competitivo con los periódicos burgueses, le solicita una gestión “especial”.

Viajaba a Moscú junto a su señora un “viejo amigo nuestro, fue afiliado al partido y quedó pasivo cuando los sucesos del 56 en Hungría”. “Fue (añade) recluso durante cuatro años en Auschwitz” y “es actualmente activo colaborador”. Luego de esta contextualización, poniendo en evidencia que los detalles son también revolucionarios, Eduardo Bleier le pide a Castelgrande “si puedes recibirlo en el Aeropuerto con un ramo de flores para la señora y facilitarle en cualquier forma su estadía”.

La siguiente anécdota me involucra. Yo tenía 12 años y comenzaba a hacer, digamos, preguntas inquietantes. La represión policial a los trabajadores y los estudiantes de los primeros años 70 contrastaba con la fundación del Frente Amplio. Indignación y algarabía ingresaban a mi hogar produciendo agitación o serenidad casi que semana a semana. Sus hijos apenas lo veíamos entrar, besarnos y salir a las apuradas. Una noche, durante la cena, le escuché pronunciar decenas de veces la palabra “oligarquía”, mientras le relataba a mi madre episodios de las últimas horas. Antes de irme a dormir le pregunté “¿qué cosa era eso?”. “Riqueza y egoísmo concentrados”, me respondió, pero seguramente quedó disconforme porque a la mañana siguiente encontré junto a mi cama una impresión ya medio amarillenta de un discurso de Rodney Arismendi en la Cámara de Diputados titulado “La utopía regresiva de la reforma monetaria y cambiaria”. Supongo que tendría consciencia de que su hijo, entonces, (¡tiene tanta actualidad ahora!), no entendería casi que nada de su contenido, pero también supongo que lo relevante no era que yo entendiera el contenido del texto sino el contenido de la vida: para entender asuntos complejos hay que estudiar.

En todo caso la dos anécdotas dicen más sobre los comunistas que todos los manuales de marxismo juntos.

¡Salud PCU! Todo indica que serán suficientes “apenas” otros 60, 70 años, para que la humanidad supere al capitalismo como sistema injusto de producción.

(*) Periodista, escritor, analista político.