Por Nicolás Pons (*)
Los partidos y movimientos políticos miembros del Grupo de Trabajo del Foro de São Paulo, se reunieron el reciente 22 de abril, con la urgencia de analizar la crítica situación en América Latina y el Caribe.
En el marco de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y su ofensiva, conducida por el presidente Donald Trump, se estableció un diagnóstico a escala mundial evidente, relativo a la peligrosidad del imperialismo lo que supone un nivel de gravedad sin precedentes para la región y constituye la expresión más cruda de la reactualización operativa de la “Doctrina Monroe”.
La nueva coyuntura incorpora un componente abiertamente agresivo que supone un salto cualitativo en la proyección de poder sobre América Latina y el Caribe. Esta ofensiva se inscribe en la continuidad de la estrategia tradicional de Washington, pero debe leerse también como reacción a la pérdida de influencia relativa que Estados Unidos ha experimentado en la región durante las últimas dos décadas, vinculada al surgimiento de gobiernos de izquierda a partir del año 2000. Sin duda, el punto de inflexión en este siglo fue el proceso iniciado en Venezuela por Hugo Chávez, cuya convicción de independencia, soberanía e integración regional, reconfiguró el mapa político del continente, juntamente con los países que protagonizaron la era de las izquierdas y los progresismos en los Gobiernos.
En este contexto, los miembros del Foro, analizamos el escenario mundial identificando el retorno de Donald Trump a la presidencia como un duro retroceso para el multilateralismo y el respeto a las normas internacionales, concomitantemente, sirviendo de faro para el fortalecimiento de la extrema derecha mundial. Trump ha iniciado una guerra comercial para recuperar el poder económico y productivo estadounidense y, de esta manera, enfrenta el avance de otros actores, especialmente de China, así como procura opacar el fortalecimiento de otros organismos internacionales fuera de la esfera de influencia de Estados Unidos como los BRICS y el Nuevo Banco de Desarrollo.
Entre los intercambios de las delegaciones presentes en San Pablo se estableció que el genocidio en Gaza pone en evidencia la incapacidad del sistema de las Naciones Unidas para la resolución de conflictos. En este sentido, Estados Unidos termina de descartar el derecho internacional y de manera absoluta, implementa su agenda exterior de guerra. Sobre esta base, el ataque a Irán corrobora una vez más la alianza estratégica con Israel y la subordinación a las políticas del sionismo mundial.
El relato y la campaña propagandística a través de los grandes medios y cadenas de comunicación y, el sistema subsidiario de redes (web), ubica de manera hegemónica en todo occidente el discurso hipócrita de la administración Trump, basado en la búsqueda de “entendimientos para lograr la paz”, mecanismo simbólico que oficia de telón para imponer bajo línea de fuego, su objetivo de dominación imperialista, asegurándose gobiernos funcionales a sus intereses y arrebatando los recursos naturales, muy especialmente los energéticos.
Analizando específicamente la región, el Foro rechazó enfáticamente la declaración de Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos que afirmó en abril pasado, que el gobierno de Trump recuperará su «patio trasero», referencia directa a América Latina y el Caribe. Entre las conclusiones primarias del Foro, surge inevitablemente el compromiso de lucha por soberanía y autodeterminación contra ese anuncio neocolonialista de los yankis.
Entre los pronunciamientos, se exigió la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores y se manifestó el absoluto respaldo y solidaridad al pueblo venezolano, condenando la invasión del 3 de enero, al país hermano.
Dentro de este esquema de redimensión de la “Doctrina Monroe”, donde el hemisferio pasa a concebirse como escudo, como plataforma de suministro y principal base industrial de apoyo, es decir, como condición previa para cualquier proyección de poder fuera del continente; la presencia o influencia de actores rivales dentro de este espacio, para Estados Unidos, deja de interpretarse como competencia geopolítica tolerable y se redefine como interferencia estratégica directa.
En este sentido, durante 2025, el imperialismo norteamericano ejerció una presión directa en la política interna de varios países. En Argentina, incidió en las elecciones legislativas de medio término para el Congreso, con un apoyo explícito a Javier Milei, condicionando 20 mil millones de dólares —vital para la economía argentina— a la victoria electoral del partido del presidente. En Brasil, en la misma línea injerencista, calificó los procesos contra Jair Bolsonaro como una «caza de brujas» e impuso sanciones financieras y restricciones de visa contra el juez del Supremo Tribunal Federal, quien lideró la investigación contra Bolsonaro por intento de Golpe de Estado. Por su parte, Honduras no fue la excepción. Trump llamó a los hondureños a votar por Nasry «Tito» Asfura, amenazando con consecuencias si la candidata de izquierda, Rixi Moncada (del Partido Libre), resultaba electa. Es importante tener presente que, dos días antes de las elecciones (finales de 2025), se dispuso un indulto concedido por Trump al exmandatario hondureño Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado (junio de 2024) por los propios Tribunales de Estados Unidos, a 45 años de prisión, por tres cargos relacionados con narcotráfico y tráfico de armas. Esto es valorado también como una señal de apoyo al Partido Nacional de N. Asfura. En otros países de América Central, la presión de Estados Unidos determinó que, en Guatemala, Jamaica y República Dominicana, se produjera el desmantelamiento de las misiones médicas cubanas. A su vez, la misma presión yanki generó en marzo pasado, que Costa Rica resolviera el cierre de su embajada en La Habana y solicitara el retiro del personal diplomático cubano, en San José.
En esta perversa lógica se inscriben las últimas agresiones y amenazas contra Cuba. El presidente Donald Trump ha firmado una nueva Orden Ejecutiva profundizando las medidas coercitivas contra la isla, bajo el falso argumento de que representa una amenaza “inusual y extraordinaria” para Estados Unidos. Esta nueva medida extiende sus efectos a cualquier persona que tenga un vínculo formal con el gobierno de la isla; que apoye el aparato estatal; actores extranjeros que hagan negocios con entidades cubanas sancionadas; autoriza el congelamiento de bienes de personas y entidades vinculadas al gobierno cubano o que participen en negocios en la isla. Las medidas también van en contra de sectores estratégicos que generan ingresos para Cuba y su objetivo directo, es, provocar el colapso total del país. En este terrible escenario, el anuncio de Trump de «tomar el control de Cuba de inmediato” sumado al despliegue de fuerzas en la región, representa una escalada de hostilidad que pone en riesgo nuevamente, la paz del continente.
En este sentido y por unanimidad, las organizaciones del Foro de San Pablo, hicieron un llamado a todas las fuerzas de izquierda y progresistas de América Latina y el Caribe, partidos, movimientos sociales y sindicales, organizaciones no gubernamentales, y todas aquellas y aquellos que luchan por la dignidad de los pueblos, a unirse en torno de la defensa de Cuba. Expresaron que el éxito de la Revolución Cubana es el éxito de la lucha por la soberanía, por la independencia de nuestras naciones y por la autodeterminación de nuestros pueblos, por tanto, la convocatoria a la movilización en cada uno de nuestros países, resulta, éticamente imprescindible.
Finalmente, el Grupo de Trabajo cerró el encuentro ratificando su apoyo a las fuerzas de izquierda en los próximos procesos electorales. Se brindó un respaldo contundente a la candidatura de Iván Cepeda (Pacto Histórico) para las elecciones del 31 de mayo en Colombia, y al presidente Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores, de cara a los comicios brasileños de octubre.
(*) Vicepresidente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales- Frente Amplio.





















