¡Viva el 1° de Mayo!

El 1° de Mayo, Día Internacional de las y los trabajadores, es parte central de nuestro ser social, de nuestra identidad individual y colectiva, por lo que significa y por lo que genera, en Uruguay y en todo el mundo.

Por segundo año consecutivo, el movimiento sindical debe enfrentar el desafío de conmemorarlo en las difíciles condiciones que impone la pandemia. Al igual que en 2020, con enorme responsabilidad, el PIT-CNT decidió no convocar los tradicionales actos y realizar una conmemoración distinta, descentralizada, cuidando a las y los trabajadores y a nuestro pueblo. Este año, en más de mil puntos, que van desde locales sindicales, casas de familia, mesas en plazas y parques, se conmemorará el 1° de Mayo recolectando firmas contra los 135 artículos de la Ley de Urgente Consideración y alimentos para las Ollas Populares. También se convoca, con la consigna “Primero la vida, primero el trabajo”, a embanderar las casas y a un aplauso colectivo a las 20 horas, luego del mensaje del PIT-CNT.
Las reivindicaciones y propuestas las hará el PIT-CNT y nadie puede ni debe hablar por ellos.
Este editorial pretende hablar del 1° de Mayo en sí, de su importancia, del compromiso que implica conmemorarlo, siempre, en cualquier circunstancia y lugar.
El 1° de Mayo de 1886, una manifestación obrera en Chicago, EEUU, enfrenta una brutal provocación de las patronales y de la policía. Hay muchos muertos, bombas, represión. Detienen y condenan a muerte a 8 militantes sindicales, anarquistas, hay que recordar sus nombres, todos los años: August Spies, George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons y Oscar Neeb. Su juicio, como pocas veces, mostró el carácter de clase del Estado, el odio atávico a la organización de los oprimidos y la utilización despiadada del aparato judicial para el disciplinamiento social. También el poder enorme de la dignidad de quienes luchan.
El reclamo por el que fueron condenados era que la jornada de trabajo fuera de 8 horas, y no de 12, 16 y hasta de 18, como querían y siguen queriendo las patronales más de un siglo después, aunque ahora lo disfracen de “flexibilidad laboral”. El gran delito de los mártires de Chicago fue denunciar la explotación, organizarse y luchar para cambiarla.
Cuatro años después, en 1890, un Congreso Internacional de Trabajadores decide que el 1° de Mayo sea un día de huelga mundial. Ese año, solamente se pudo conmemorar, en medio de una brutal represión, en 11 países, uno de ellos fue nuestro Uruguay.
El 1° de Mayo es la primera fecha universal no religiosa de la historia de la humanidad y la conquistamos con lucha. Es un día de lucha no un feriado. La decidieron las y los trabajadores y con su combatividad y compromiso, enfrentando represión, balas, persecución y cárcel, consiguieron que fuera reconocida, muchos años después, de forma oficial. Y no en todo el mundo. EEUU no lo conmemora y Canadá tampoco. Franco lo prohibió durante sus más de 30 años de dictadura en España y Salazar en Portugal. Lo mismo hicieron Pinochet, Videla, Stroessner y los militares fascistas uruguayos y brasileños. Los poderosos le tienen miedo al 1° de Mayo, a lo que significa.
En Uruguay hace 131 años que las y los trabajadores, junto con nuestro pueblo, conmemoramos el 1° de Mayo en forma ininterrumpida. En democracia o en dictadura, con libertades o enfrentando la represión, el movimiento sindical, rodeado del movimiento popular, sale a la calle a conmemorar el 1° de Mayo.
En ese siglo largo siempre el 1° de Mayo ha sido central para plantear la perspectiva de las y los trabajadores en la realidad nacional, con sus reclamos, sus propuestas y las de todo el pueblo. Hay algunos inolvidables: el de 1966, previo al congreso de unificación y anuncio de la creación de la CNT; el de 1973, reafirmando la decisión de enfrentar con una huelga general un golpe de Estado; el de 1980, cuando la dictadura quiso trasladarlo como feriado para el 5 de mayo y se resistió en todo el país, anunciado el NO a la constitución fascista; el de 1983, que inició la ofensiva de masas para derrotar a la dictadura; el de 1984, más grande aún que el anterior, confirmando el papel central de los trabajadores en la reconquista democrática. A esta breve recorrida histórica, que siempre hacemos, hay que agregar el del año pasado, el 2020, cuando en medio de la pandemia se realizaron caravanas en todo el país, con una movilización ejemplar.
Esa es la historia de este día, en el mundo y en Uruguay, y conviene recordarla en esta época en que nos quieren hacer vivir sin memoria. Sentimos orgullo de esta historia de más de un siglo de compromiso y de lucha.
Este 1° de Mayo, como todos, hay que apoyar al PIT-CNT, la central única, orgullo del movimiento popular y la democracia uruguaya. Hay que responder, con práctica militante, a la historia oficial que atribuye a las clases dominantes, y sus expresiones políticas y sociales, la construcción histórica del Uruguay. Las mejores tradiciones del Uruguay, su democracia, no se explican sin el aporte central y decisivo de las y los trabajadores y del movimiento sindical. Si se quiere hacer un repaso histórico de los avances democráticos de nuestra sociedad, es imprescindible repasar las plataformas y los discursos de los 1° de Mayo.
Este año, juntando firmas contra la LUC y alimentos para las Ollas Populares, el movimiento sindical da un mensaje ético, desde una perspectiva de clase, al conjunto de nuestra sociedad. Defiende, con responsabilidad y militancia, la ética del compromiso y la solidaridad frente al “sálvese quien pueda”, el privilegio a los “malla oro” y la reivindicación de la desigualdad como “un hecho natural”, como lo hiciera, en un acto también de clase, su clase, el presidente de la Asociación Rural en la Expoprado.
El 1° de Mayo será un momento de síntesis de la respuesta social a la dramática crisis, sanitaria, económica y social que enfrenta nuestro país y golpea a nuestro pueblo.
Lo harán posible las y los trabajadores organizados en sus sindicatos y en su central única, militando, organizándose, dialogando con nuestro pueblo. Y ese también es un mensaje de dimensión profundamente ética que da el 1° de Mayo. Porque el futuro de emancipación humana no es de las y los indiferentes o los escépticos. El futuro es una construcción colectiva y es de quienes transforman la justa indignación individual en rebeldía colectiva, en conciencia, en lucha organizada para transformar la realidad.
Por eso vamos a llenar de banderas y carteles las ventanas, los balcones, las puertas, de todo el país. Por eso vamos a dar, colectivamente, ese grito de rebeldía, que fue aliento en las horas más oscuras del fascismo, cuando lo pintábamos en una pared, o en el vestuario de una obra o una fábrica, cuando se repetía como susurro conmovedor en las cárceles, cuando volvió a ser grito a todo pulmón en las calles de la democracia reconquistada. Ese grito de orgullo, de identidad y pertenencia, de unidad y solidaridad, de lucha centenaria: ¡Viva el 1° de Mayo!
Porque sigue siendo justa la pregunta y el desafío que lanzó Ruben Olivera en su canción al día de las y los trabajadores, un verdadero himno a la dignidad obrera: “Si es nuestro el 1° de Mayo, ¿los otros días de quién son?”.