Rony Corbo
Hoy 8 de octubre, hace 54 años, en la cañada del Yuro, en Bolivia, el ejército boliviano por orden de la CIA asesinaba al Che Guevara, para convertirlo para siempre en el símbolo de la Revolución no solo Latinoamericana y Caribeña, sino mundial.
Y hace ya 24 años, dos caravanas del movimiento estudiantil continental, aglutinado en la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes, la OCLAE, confluíamos en el lugar de su último combate y levantábamos un monumento al Che, en la escuela de la Higuera donde lo asesinaron, porque matarlo no pudieron, porque los revolucionarios no mueren, se convierten en banderas de liberación.
La caravana “José Martí” salió de Cuba, y la “Artigas-San Martin” de Montevideo, integrada esta última por estudiantes argentinos, brasileños, paraguayos y uruguayos. Nos juntamos en Rosario en un seminario de la revista América Libre, para desde ahí marchar hacia Bolivia, atravesando media Argentina. En la camioneta de la FEUU de Uruguay iban el cantante Santiago Feliu y el politólogo Luis Suárez Salazar (de los mayores especialistas en las ideas del Che) y un cubano que había ganado un concurso de poesía del Che, cuyo nombre no recuerdo.
Una vez entrados en territorio boliviano y llegando a Valle Grande, tomamos el Diario del Che en Bolivia y Luis Suárez lo iba leyendo. Era realmente asombroso como el panorama que describía el Che y los parajes por los que pasábamos estaban prácticamente iguales. Parecía que el tiempo se había detenido.
El Che en el recuerdo de Fidel
Con motivo de la realización del XIV Festival de la Juventud y los estudiantes en Cuba, Fidel decidió homenajear al Che. En una de las cenas de coordinación con “el Comandante” salió el tema del Che y su venida a Bolivia. El Che y Fidel confluían de manera indisoluble en la política solidaria cubana hacia el subcontinente, y con las ideas del Che de integrarse a la batalla libertadora en otros países de América Latina.
Fidel detalladamente contó los preparativos del Che en Pinar del Rio, luego de su venida del Congo. Previamente había intentado convencerlo de desistir de la riesgosa misión, pero al triunfo de la Revolución Cubana, el Che le había hecho prometer a Fidel que si el quisiera ir a luchar por la revolución a otro lugar, no se lo impediría. Tan riesgoso era lo de Bolivia que el Che dejo la carta de despedida leída por Fidel cuando lo asesinan.
Fidel se extendió recordando cuando el Che se disfrazó de Adolfo Mena González, con pasaporte uruguayo y se los presento a Raúl y a Almeida y no lo reconocieron (Fidel se reía) debido a la perfección del disfraz de aquel hombre calvo y de lentes.
En la primavera de 1966, Adolfo Mena González llega a Carrasco, supuestamente retornando a su patria. Llegaba así el Che a Uruguay para partir hacia Bolivia.
Las investigaciones sobre el Che en Uruguay, si bien son escasas, confirman la colaboración del PCU en la elaboración del pasaporte uruguayo y en la estadía del Che en Montevideo y supuestamente Tacuarembó.
Rodney Arismendi no negó el apoyo logístico del PCU para la llegada del Che a Bolivia, pero jamás dio detalles de la operación.
Raúl Rezzano, “el Canario”, en declaraciones posteriores a la prensa confirmo la presencia del Che en Uruguay y como un grupo de militantes del PCU, se preparó para sumarse al Che en Bolivia. No llegaron a sumarse a la lucha, porque el Che es atrapado y posteriormente asesinado en La Higuera.
El Che más allá del mito
El Che, “el hombre de los ojos incerrables”, como lo definió Mario Benedetti, en uno de sus poemas, no fue un mito, fue un hombre, con aciertos y errores, virtudes y defectos, pero un hombre que realizó un aporte fundamental a la lucha de los pueblos por su liberación y por la justicia social, por la revolución y el socialismo.
Su ideología marxista leninista, profundamente dialéctica, integraba los clásicos del marxismo leninismo, con el pensamiento universal y los autores latinoamericanos.
Conocidas son sus fotos por las noches en la Sierra Maestra, en África, o en Bolivia, donde se lo ve estudiando. Veamos esta cita que lo pinta de cuerpo entero a propósito de la formación de los cuadros del Partido Comunista de Cuba.
Desde Tanzania, el 4 de diciembre de 1965, escribe el Che a su secretario el entonces joven Armando Hart, posteriormente ministro de Cultura de Cuba: “En este largo “período de vacaciones” le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar ya que el partido lo hizo por ti y tú solo lo debes digerir. Como método, es lo más antimarxista que hay, pero además suelen ser muy malos…esto se debe a comodidad en la obtención de traducciones y al seguidismo ideológico”.
El Che se oponía así a reconocer una “doctrina oficial” de la Unión Soviética y su interpretación escolástica del marxismo leninismo. El Che articulaba a Marx, Engels y Lenin con lo mejor del pensamiento crítico latinoamericano, como el de los comunistas argentinos Héctor P. Agosti y Anibal Ponce, de los cuales también Rodney Arismendi toma mucho. Pero fundamentalmente el Che buscaba incorporar la práctica revolucionaria de los pueblos y su análisis crítico, su elaboración permanente.
Realizar una relectura de la obra del Che, desde el joven Ernesto Guevara, inquieto estudiante, viajero y aventurero, hasta el marxista Che Guevara, quien críticamente asume la teoría marxista leninista, para volcarla en la construcción del socialismo en un país, es una tarea permanente.
Recuperar su concepción integral de desarrollo de una sociedad nueva, en la cual simultáneamente con la base material, se forjará al hombre nuevo, es caminar hacia una síntesis superadora del marxismo objetivista y escolástico, contaminado de positivismo. Es por otra parte, lo subjetivo, lo que permite comprender la ideologización del pueblo cubano y su heroica resistencia después de la derrota de la URSS y el campo socialista.
El marxismo de Che se entroniza en la filosofía latinoamericana, como teórico y práctico de una revolución que rompió con esquemas y con presupuestos teóricos preexistentes.
Retomar al Che y llenarlo de contenido, es repensar el marxismo con cabeza propia, en la lucha por la Revolución y el socialismo en nuestro continente.
Hace 60 años el entonces ministro de Industria de Cuba, Che Guevara, concurría a Punta del Este a una reunión del Consejo Interamericano Económico Social. Ante la pregunta de periodista uruguayo Milton Fontaina, si había cambiado su patria argentina por la cubana, el Che respiró profundo y lo miró fijo y respondió: “Señor, tengo una patria mayor, porque es toda América, y usted no conoce esa clase de patria”.
Enlace con el editorial de la edición especial de El Popular en homenaje al Che:























