En una semana se realizará la instancia final del Congreso del Frente Amplio (FA) que definirá el Programa de Gobierno y proclamará las pre candidaturas presidenciales. Es una instancia fundamental por lo que implica el programa para las fuerzas de izquierda en general y para el FA en particular.
Para la izquierda el programa es un aspecto central, definitorio, de la acción política y transformadora. Esto es así por cuatro razones. En primer lugar, es parte de nuestra identidad, las causas son la razón principal de nuestra militancia, son las ideas las que nos movilizan, las que nos definen. En segundo lugar, el programa, las causas por las cuales luchamos, son un componente fundamental de la unidad de la izquierda en Uruguay. En tercer lugar, la construcción democrática y participativa del programa es parte del carácter democrático y democratizador del FA. En cuarto lugar, es con el programa, con nuestras ideas materializadas y concretadas en propuestas, que convocamos y construimos la organización de nuestro pueblo.
A una semana de que el FA, culminando un proceso ejemplar de discusión y elaboración colectiva, apruebe su Programa de Gobierno para el período 2025-2030, es oportuno realizar algunas reflexiones de carácter general. Los aspectos específicos de la construcción programática han sido abordados en ediciones pasadas y lo son en esta en varios artículos y en una entrevista al senador Oscar Andrade.
Es muy importante destacar el proceso y la participación que se dio en la elaboración programática del FA. La Comisión Nacional de Programa y 32 unidades temáticas, en las que participaron más de mil compañeras y compañeros, trabajaron durante casi un año, allí se recogieron propuestas de los sectores y de las bases y hubo aportes de destacadas y destacados técnicos. El documento que recoge esa etapa de elaboración se puso en discusión en las Departamentales, Coordinadoras y Comité de Base del FA. De esta nueva fase de la discusión participaron más de 8 mil militantes y se llevan hechas más de 2 mil propuestas de cambios o incorporaciones. No hay en Uruguay otra fuerza política que elabore así su programa de gobierno. Difícilmente se encuentre algo similar en el mundo. En el caso de la derecha uruguaya el programa es, en el mejor de los casos, un encargo para un reducido grupo de técnicos sin la más mínima participación de la militancia en su elaboración, y, en la práctica más común, son algunas ideas que responden más al marketing de campaña y son olvidadas apenas esta termina.
Hay que reivindicar el contenido profundamente democrático de la construcción programática en el FA. Un programa de izquierda no es solamente un bien elaborado documento que marca un rumbo estratégico, lineamientos políticos y medidas para ser implementadas desde el gobierno; esencialmente es un proceso de debate, de elaboración colectiva, con participación democrática.
Como ya hemos afirmado en otros momentos, es fundamental que el programa del FA tenga como centro la confrontación entre dos proyectos de país. Ese es el centro y no solo la mayor o menor capacidad de gestión. Existen dos proyectos de país: el que expresa la coalición de derecha en el gobierno, que ha implicado un aumento de la desigualdad, retrocesos en soberanía nacional y deterioro democrático y, enfrentado a este, el del bloque histórico, político y social, democrático y radical de los cambios, que se propone distribución de la riqueza, defensa de la soberanía, transformación productiva y profundización democrática.
El campo popular, en este caso su expresión política el FA, tiene desafíos particulares en este proceso de elaboración programática. El programa debe retomar las mejores políticas y conquistas de los gobiernos frenteamplistas, también debe reconstruir lo deteriorado por la derecha en estos años, pero con eso no es suficiente. El programa en discusión debe incluir medidas para superar los límites estructurales que enfrentamos y no pudimos superar en el primer ciclo de gobiernos frenteamplistas. Y debe también encontrar respuestas a los nuevos desafíos que nos plantea la realdad y que son distintos a los de 2004, 2009 o 2015, en el mundo, en el continente y en nuestro país.
Un programa de una fuerza política de izquierda no es un listado prolijo de expresiones de deseos. Tampoco es una promesa a la ciudadanía para pedirle su voto. Un programa de una fuerza de izquierda es un desafío para construir colectivamente. Una ruta para transformar la realidad y lograr una nueva síntesis en la sociedad a favor de la perspectiva popular.
No debemos olvidar que la discusión programática incluye las líneas políticas para la construcción de una correlación de fuerzas, social y política, en la sociedad, que posibilite su aplicación. Es decir, el tamaño de pueblo organizado, el nivel de movilización, el avance en conciencia colectiva, que materialice las potencialidades transformadoras del programa. Se trata, en primer término, de conquistar el gobierno en ofensiva, con nuestro pueblo organizado y movilizado y de defender la aplicación del programa transformador con las mismas herramientas.
Con plena consciencia de que la transformación social no será sólo con la acción del gobierno, con la gestión, se trata de desatar los procesos políticos y sociales necesarios, que siempre serán colectivos y supondrán el protagonismo popular organizado, para transformar la realidad.























