Defender la paz y América Latina del imperialismo

El presidente de EEUU, Donald Trump, en cuatro días, volvió a violentar el derecho internacional, aumentó el peligro de guerra en el Caribe y en toda América Latina. Es necesario construir una respuesta acorde al tamaño de la amenaza de la mayor amplitud posible, de pueblos y gobiernos.

Trump anunció el sábado que declaraba unilateralmente el cierre del espacio aéreo venezolano. El martes, tras una reunión de su gabinete en la Casa Blanca, habló de un ataque terrestre «inminente».

Las dos medidas justificadas en una supuesta guerra al narcotráfico, en la que ha movilizado desde hace dos meses a la flota de guerra más grande que haya surcado las aguas de nuestro continente en las últimas décadas, incluyendo el portaviones más grande del mundo, el USS Gerald Ford, navíos armados con misiles, un submarino, decenas de aviones cazas y bombarderos, drones y miles de marines. Esa flota de guerra, de enorme poder de fuego, hasta ahora ha hundido a 21 lanchas y asesinado a más de 80 personas, acusadas de transportar droga, sin ningún tipo de pruebas.

Para que no quede ningún tipo de dudas sobre las afirmaciones de Trump el martes y la gravedad de las mismas, transcribimos una parte: “Vamos a acabar con esos hijos de perra. Empezaremos los ataques por tierra muy pronto» porque «por tierra es mucho más fácil». Como si no fuera suficiente Trump amplió la amenaza a Colombia y la acusó de “estar fabricando cocaína”, para agregar: “Cualquiera que produce cocaína y vende a nuestro país es objeto de ataque, no solo Venezuela”.

Además, EEUU cerró más el puño sobre Venezuela y su pueblo, el mismo martes se autorizó la venta forzada de Citgo, una compañía estadounidense propiedad de la petrolera estatal venezolana PDVSA, uno de cuyos activos más importantes es una refinería y que produce más de 3.000 millones de dólares al año. Es un verdadero despojo y se suma a los cientos de sanciones unilaterales yanquis que han causado y causan grandes perjuicios al pueblo venezolano.

Las palabras de Trump son de por sí enormemente graves, pero, además, reiteramos, las dice alguien que tiene frente a Venezuela y Colombia, los países amenazados, una flota de guerra de enorme poder. Son mucho más que palabras.

Entre el cierre del espacio aéreo venezolano y la amenaza de ataques terrestres, Trump se dio tiempo para intervenir pública y descaradamente en las elecciones hondureñas, llamando a votar el candidato del derechista Partido Nacional, Nasry Asfura y advertir que si no ganaba EEUU no apoyaría a Honduras en nada. Además hubo durante todos esos días una campaña de mensajes a los celulares de los hondureños que decían que si ganaba Rixi Moncada, la candidata de izquierda, EEUU cortaría las remesas. Un chantaje planificado, orquestado y financiado con millones de dólares.

Y tuvo tiempo para más, anunció primero y lo concretó después, el indulto al expresidente hondureño, también del derechista Partido Nacional, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión en EEUU por ser parte de carteles de narcotraficantes y convertir a su país en un narco estado.

En el colmo de la hipocresía y demostrando la falsedad de la tan mentada lucha contra el narcotráfico, Trump amenaza con desatar una guerra y atacar a dos países mientras libera a un jefe narco que tenía preso.

Es la prepotencia imperial sustentada en el poder que otorga la fuerza y nada más.

El Papa León XIV expresó su preocupación por las amenazas sobre Venezuela y se comprometió a contribuir en la construcción de caminos de diálogo para preservar la paz. El presidente de Colombia, Gustavo Petro; el de Brasil, Luis Inácio Lula Da Silva y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, condenaron el cierre del espacio aéreo venezolano, por violatorio de toda la legislación internacional y reclamaron el respeto a la soberanía de los países de nuestro continente. También reclamaron, Lula incluso en diálogo directo con Trump, que se privilegie la diplomacia, el diálogo y se preserve la paz.

En Uruguay el PIT-CNT y el PCU, en comunicados públicos, condenaron el cierre del espacio aéreo y reclamaron que se respete la soberanía de nuestros países. El Frente Amplio había condenado el despliegue de la flota de guerra el 10 de noviembre.

Desde 1967, con el Tratado de Tlatelolco, América Latina es territorio libre de armas nucleares y desde 2014, fue declarada zona de paz por la CELAC. El despliegue militar, las actitudes injerencistas y las amenazas de EEUU violentan ambos instrumentos internacionales.

Es necesario que nuestro gobierno, que presidirá la CELAC el año que viene, se pronuncie y defienda la soberanía de nuestros países y la paz.

Y desde los movimientos populares, políticos y sociales, de todo el continente, hay que estar alertas, elevar la solidaridad y la movilización.

Hay que defender la paz y a nuestra América Latina de la política guerrerista y criminal del imperialismo yanqui.

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