Una invitación a pensar la ciudad capital en colectivo.
Entrevista a la Mag. Arq. María José Iglesias, directora general del Departamento de Planificación de la Intendencia de Montevideo
Montevideo es un departamento que se transforma constantemente. Sus barrios, sus formas de habitar, su dinámica económica y social cambian con el tiempo, y por eso la planificación urbana necesita actualizarse para acompañar esos procesos. La capital del país cuenta desde fines del siglo pasado con uno de los instrumentos más importantes para orientar su desarrollo: el Plan de Ordenamiento Territorial de Montevideo, aprobado a fines de la década de 1990 y construido como una herramienta pionera en el país y la región.
Ese plan marcó un hito. Fue una propuesta de avanzada que permitió ordenar el crecimiento del departamento, definir usos del suelo, orientar las infraestructuras y establecer criterios para el desarrollo urbano. Durante más de dos décadas funcionó como una guía estratégica para la toma de decisiones y para pensar el modelo de Montevideo.
Sin embargo, el territorio cambia, y con él cambian también los desafíos. Las transformaciones urbanas de los últimos años hacen necesario abrir una nueva etapa de reflexión.
En ese contexto, la Intendencia de Montevideo impulsa la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial y de otros instrumentos estratégicos, con la convicción de que la planificación pueda apropiarse nuevamente de estos procesos.
La directora general del Departamento de Planificación, Mag. Arq. María José Iglesias, resume este proceso con una idea que funciona como guía de la gestión: “Montevideo planifica”. Una consigna que no es solo técnica, sino profundamente política y participativa: una invitación a que toda la sociedad se involucre en la construcción del futuro del departamento.
– ¿Por qué es necesario revisar los instrumentos de planificación de Montevideo?
Hay muchos motivos. El territorio cambia y los instrumentos de planificación no pueden quedar congelados en el tiempo. Si solamente quisiéramos incorporar con más fuerza una mirada de género en la planificación territorial, ya sería motivo suficiente para sentarnos a conversar y revisar los planes.
Lo mismo ocurre con los desafíos vinculados al cambio climático. Hoy tenemos una realidad ambiental distinta a la de hace veinte o treinta años, con fenómenos que impactan directamente en el territorio y en la vida de las personas. Eso implica repensar cómo planificamos Montevideo, cómo prevenimos riesgos y cómo hacemos más resilientes nuestros barrios.
Por eso creemos que es necesario abrir una nueva etapa de revisión. La planificación es una herramienta estratégica para construir el modelo de la ciudad y de las zonas rurales, pero para que siga siendo útil tiene que actualizarse, dialogar con la realidad y con las nuevas demandas sociales.
-También se plantea la revisión del Plan Especial Ciudad Vieja, con foco en revitalizar el área patrimonial y mostrar la vida de quienes la habitan. ¿Qué se busca lograr con este proceso?
Ciudad Vieja es hoy una prioridad institucional. Para la Intendencia es central lograr el repoblamiento del barrio, fortalecer su vida cotidiana y recuperar plenamente su rol como corazón histórico de Montevideo.
En esto coincidimos también con el gobierno nacional, que viene trabajando en esa misma dirección. Ciudad Vieja es un territorio con múltiples dimensiones: patrimonio, actividad cultural, turismo, comercio, servicios y también vida residencial. Recuperar ese equilibrio es uno de los grandes desafíos.
El plan vigente fue aprobado en 2003. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y la ciudad cambió. En el período anterior ya se había iniciado el proceso de revisión, y ahora lo estamos retomando con una nueva mirada.
Lo que buscamos es revisar el instrumento y, al mismo tiempo, generar programas y proyectos concretos que permitan revitalizar el barrio. Eso incluye mejorar ambientalmente el área, fortalecer los espacios públicos, ampliar las peatonales, mejorar el alumbrado y las condiciones de seguridad.
A su vez, muchas de las propuestas que se presentaron recientemente en la Junta Departamental como iniciativas extrapresupuestales están directamente vinculadas con este proceso. Esas y otras acciones van en paralelo con la revisión del plan, porque no podemos esperar a aprobar un instrumento para empezar a mejorar la situación de Ciudad Vieja.
-La participación ciudadana aparece como un eje central tanto en la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial como del Plan de Ciudad Vieja. ¿Cómo se piensa involucrar a la sociedad en estos procesos?
La participación es una convicción muy fuerte que tenemos desde el inicio de esta gestión. De hecho, la primera palabra que mencioné cuando asumí fue justamente esa: participación.
La ley establece dos instancias obligatorias, la puesta de manifiesto y la audiencia pública, pero para nosotros eso es poco. Entendemos que los instrumentos de planificación deben construirse de manera participativa desde el inicio.
Cuando hablamos de participación no nos referimos solamente a los barrios, aunque por supuesto vamos a trabajar con vecinos y vecinas en distintos territorios. También queremos convocar a otros actores que tienen mucho para aportar.
Estamos pensando en trabajar con la Sociedad de Arquitectos, con la Asociación de Escribanos, con la Cámara Inmobiliaria, con los promotores inmobiliarios, con la Cámara de la Construcción. Pero también con organizaciones sociales, culturales y deportivas, cooperativas, sindicatos, instituciones educativas y concejos vecinales.
Hay un mapa de actores muy diverso, y cada uno tiene una mirada distinta sobre Montevideo. Muchas veces aparecen ideas que desde la administración ni siquiera habíamos imaginado. Esa riqueza de perspectivas es fundamental para que el resultado final sea realmente representativo de Montevideo.
En este proceso también contamos con el acompañamiento de la Universidad de la República, que aporta conocimiento y herramientas para fortalecer los espacios de participación.
– Otro eje es el uso de información territorial y tecnologías avanzadas para la toma de decisiones. ¿Cómo ayudan estas herramientas a entender mejor el territorio?
La tecnología cumple hoy un rol muy importante en la planificación urbana. Por un lado, trabajamos para democratizar la información territorial, de modo que cualquier persona pueda acceder más fácilmente a datos sobre su padrón, sobre la normativa o sobre el funcionamiento de nuestro territorio.
Pero también contamos con herramientas tecnológicas que nos ayudan a gestionar mejor el territorio. Por ejemplo, el uso de drones nos permite tener lecturas aéreas muy precisas que ayudan tanto en tareas de planificación como de fiscalización.
A través de esas imágenes podemos detectar crecimientos edilicios no autorizados o transformaciones que no cumplen con la normativa. Pero también podemos colaborar con otras áreas de la Intendencia en temas vinculados a la prevención.
Un ejemplo muy claro ocurrió este verano, cuando trabajamos junto al CECOED para identificar zonas con mayor riesgo de incendios. A partir de las imágenes obtenidas con drones se pudieron realizar diagnósticos más precisos y orientar mejor las acciones preventivas.
Son herramientas que hace algunos años parecían impensables y que hoy nos permiten entender mejor el territorio y tomar decisiones con mayor información.
-¿Cómo se busca que la planificación contribuya a reducir desigualdades territoriales?
La planificación del territorio tiene que ver, ante todo, con cómo vivimos nuestro entorno: cómo se distribuyen los servicios, los espacios públicos y las oportunidades. Cuando se planifica pensando en las personas, el departamento puede desarrollarse de forma más equilibrada y con menos desigualdades entre territorios.
La Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible (18.308) plantea justamente ese horizonte: promover el desarrollo sostenible, la integración social y el acceso equitativo de toda la población a sus bienes y oportunidades.
Por eso planificar no es solo definir normas o usos del suelo. Es también revisar y acordar cómo se regula el crecimiento urbano: las alturas de las edificaciones, los factores de ocupación del suelo, los retiros o las condiciones de implantación, decisiones que inciden directamente en cómo se densifican los barrios y cómo se aprovecha el territorio.
También supone reconocer que el territorio es un bien colectivo. Las transformaciones urbanas generan valor y parte de ese valor debe contribuir al bienestar general, permitiendo que la Intendencia reinvierta en infraestructura, servicios y mejoras para los barrios.
En esa mirada, se busca que el desarrollo de Montevideo no profundice las brechas, sino que ayude a acortarlas: que todos los barrios tengan oportunidades y que la ciudad siga construyéndose con una lógica de integración.
-Cuando hablás de “Montevideo planifica”, ¿qué significa exactamente para el territorio?
Es, sobre todo, una invitación. Una invitación a que todos y todas participemos de los procesos que estamos impulsando.
En este período tenemos varios instrumentos importantes en revisión: el Plan de Ordenamiento Territorial, el Plan Especial Ciudad Vieja, el Plan de Ordenamiento Rural y otros que están en curso.
La idea de Montevideo planifica es convocar a vecinos, vecinas, organizaciones sociales, empresarios y emprendedores, instituciones y actores diversos a trabajar juntos en la construcción de esos instrumentos.
Solo si logramos amplios acuerdos sobre hacia dónde queremos ir como montevideanas y montevideanos vamos a tener planes que realmente funcionen. Planes que puedan aterrizar en la realidad de Montevideo y mejorar la vida de quienes la habitan.
Porque planificar, en definitiva, es eso: imaginar colectivamente el futuro de nuestro entorno y enamorarse del proyecto a construir entre todas y todos.






















