Durante el pasado año un total de 326 trabajadores humanitarios murieron durante sus tareas de cooperación en 21 países.
La cifra fue dada a conocer tras un reporte presentado ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En tres años, el número de trabajadores muertos supera las 1000 personas una cifra “que supone casi el triple del número de fallecidos”, dijo Tom Fletcher, director de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) de las Naciones Unidas.
De acuerdo al funcionario, no se trata de “una escalada accidental”, sino que representa “el colapso de la protección”, ya que “los fallecidos murieron en acto de servicio, distribuyendo alimentos, agua, refugio y medicinas, algunos viajando en convoyes claramente identificados y en misiones coordinadas con las autoridades”.
“Con demasiada frecuencia fueron asesinados por los Estados Miembros de las Naciones Unidas”, lamentó Fletcher.
Los datos presentados indican que “del total de víctimas, al menos 560 murieron en Gaza y Cisjordania, 130 en Sudán, 60 en Sudán del Sur, 25 en Ucrania y 25 en la República Democrática del Congo”.
Los trabajadores humanitarios, agregó Fletcher, “no solo están siendo asesinados, sino que nuestra labor está siendo restringida, penalizada y deslegitimada”.
“Nos dicen adónde no debemos ir, a quién no debemos ayudar. Nos acosan o nos arrestan por hacer nuestro trabajo. Mienten sobre nosotros y esas mentiras tienen consecuencias”, deploró el funcionario del organismo internacional.
Dichos trabajadores de la cooperación, enfatizó, “siguen siendo asesinados a pesar de una reciente resolución del Consejo de Seguridad que planteó con urgencia moral sobre poner fin a la violencia contra los trabajadores humanitarios”.
“Esas tendencias, junto con el desplome de la financiación para las labores de salvamento, son un síntoma de un mundo sin ley, belicoso, egoísta y violento”, declaró el responsable de Ocha.
Además de las muertes y según lamentó, Gilles Michaud, subsecretario general de Seguridad de la ONU, “en el último año se produjeron 14 secuestros, 145 arrestos y detenciones, además de 441 actos de intimidación y acoso contra el personal humanitario”.
Durante el mismo período, consignó la agencia IPS, “también se registraron 62 ataques contra instalaciones de las Naciones Unidas y 84 ataques contra vehículos de la ONU.
Todo ello acontece, se añade, sin que “los perpetradores” rindan cuentas, “rara vez se les señala con su nombre y se les avergüenza públicamente, y mucho menos se les procesa”, dijo Michaud.
“Mis compañeros”, subrayó, “murieron ayudando a niños atrapados en medio de la guerra, llevando a cabo campañas de vacunación, viviendo en barrios violentos y escoltando ayuda para hacerla llegar a millones de personas necesitadas”, a estos trabajadores “les seguimos fallando”, reiteró Michaud.























