Han pasado más de seis décadas desde que Estados Unidos instauró el bloqueo económico criminal contra Cuba, pero quienes lo han vivido desde adentro describen sus efectos actuales como los más devastadores de toda esa historia. Un intento real de genocidio. En este contexto, la embajadora de Cuba accedió a dialogar con EL POPULAR en profundidad sobre la situación que atraviesa la isla: el cerco petrolero, los apagones, la persecución financiera y la campaña mediática internacional. También habló de la solidaridad uruguaya, que calificó como ejemplar en la región, y de la necesidad de que los pueblos del sur global se articulen frente a lo que definió como una política «fascista y genocida».
–¿Cómo describe la vida cotidiana en Cuba bajo el bloqueo?
Vivir bajo el bloqueo significa vivir con limitaciones de todo tipo. Nosotros veníamos de un proceso de revolución, de transformaciones que permitieron que el pueblo de Cuba disfrutara de beneficios concretos y medibles: índices de educación, acceso a salud, a tratamientos y cirugías complejas, a la cultura popular que llegaba a todos los rincones del país a través del sistema de casas de cultura y también a los beneficios de la ciencia. Todo esto dentro de un proyecto social que movía valores de solidaridad, que hacía que las comunidades se proyectaran en el conjunto de satisfacciones individuales y colectivas.
Veníamos de ese proceso desarrollador, pero siempre a contracorriente del bloqueo, que se instauró desde el propio triunfo de la Revolución y fue poniendo medidas cada vez más duras. Cuando llegó lo que llamamos el período especial, tuvimos que introducir el turismo como nueva fuente de empleo e ingresos para preservar los logros alcanzados. La ciencia también dio sus frutos. La economía se fue transformando hacia los servicios. Pero el bloqueo, al convertirse en ley en los años noventa, se volvió una madeja muy compleja que afectó nuestras relaciones con otros países. Una madeja diseñada para que Cuba no pudiese relacionarse económicamente de modo normal con el resto del mundo.
-¿Cuál fue el impacto de las políticas de la administración Trump?
Hubo un paréntesis durante la administración Obama, que mediante decretos ejecutivos flexibilizó algunos aspectos: los viajes, ciertos acercamientos entre los dos países. Fue un paréntesis corto al final de su mandato, pero significativo. Luego llegó la administración Trump y revirtió todo eso. Aplicó 243 medidas que fortalecieron el bloqueo de manera brutal. Y la última etapa ha sido arrolladora. Llegaron al punto de decir que no había más nada que aplicarle a Cuba. Volvieron a incluirla en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Han perseguido a los turistas que visitan la isla, han perseguido a los bancos, han ido tras las remesas, han cercado cada fuente de ingreso posible para que no llegue un dólar a Cuba.
Lo más reciente y grave es el cerco petrolero. A partir de la orden ejecutiva del 29 de enero, se establece que los países que envíen o vendan petróleo a Cuba recibirán sanciones e incrementos arancelarios. Cuba lleva más de tres meses sin recibir petróleo del exterior. El país produce una parte del crudo que necesita, tiene también un porcentaje de energías renovables, pero no alcanza para sostener el sistema eléctrico nacional. Sin electricidad no funcionan los hospitales, el sistema de salud, las escuelas, las industrias, los centros de investigación. Todo lo que genera el producto interno bruto del país está siendo estrangulado.
-¿Cómo afecta esto a la población en el día a día?
El pueblo está viviendo horas largas de apagón en todo el país. Lo que se busca con esto es que la gente llegue a la conclusión de que la situación es inviable, que no tiene solución, y que entonces se rebele contra el gobierno. Es una estrategia deliberada: estrangular al pueblo para que implosione desde adentro. Y eso se combina con una campaña mediática que busca que la población vea al gobierno cubano como culpable, en lugar de apuntar a lo que realmente provoca estas dificultades, que es la política agresiva de EEUU.
Existe conciencia de eso en gran parte de la población. Pero también hay personas que están pasando dificultades tremendas, que tienen hijos pequeños, un familiar enfermo, que no tienen corriente y que acumulan problemas al mismo tiempo. En ese contexto, también hay quienes se exacerban. Y hay un componente organizado detrás de eso: personas radicadas fuera de Cuba, bien financiadas por agencias como USAID y la NED, que producen una narrativa que desacredita permanentemente a Cuba y que llega a pedir intervención extranjera. Eso es lo que están promoviendo.
-Ante eso aparece siempre el argumento de que Cuba es una dictadura y que por eso no merece solidaridad. ¿Cómo se enfrenta?
Es una frase totalmente maniquea, y es una frase malvada porque tiene un objetivo muy concreto: cortar la solidaridad con Cuba. Detrás de esa frase está la lógica de «no importa lo que le pase a ese pueblo porque Cuba es una dictadura». Es aberrante. Busca desconectar a un país de nuestro hemisferio de los sentimientos de solidaridad y de los mejores valores que hemos tenido en la región: la integración, la cooperación, la complementariedad.
Yo quiero decir con claridad que el principal derecho que les llegó a los cubanos fue en 1959, cuando se les dio el derecho a leer. Se alfabetizó a toda la población. Una población educada piensa por sí misma, tiene capacidad crítica, puede expresarse. A eso se suma el derecho a la vida a través de la salud pública, el acceso a universidades públicas que le abrió las puertas a los hijos de los pobres, a los hijos de los campesinos. Muchos de los migrantes cubanos que hoy están en el mundo se educaron en universidades cubanas de buen nivel. Eso es respeto por los derechos humanos. Hablar de dictadura como si fuera una etiqueta que exime de pensar es parte de este cerco medieval. Repetirlo una y otra vez es parte de la misma estrategia de aislamiento.
-¿Qué rol cumple la solidaridad internacional en este contexto?
Un rol muy importante. Si hay gobiernos que, sometidos a los designios de Washington, prefieren desconocer el acervo que la región construyó durante años en torno a la autodeterminación, la integración y el respeto a la diversidad política, los pueblos tienen la potencialidad de ir más allá de eso. Los pueblos pueden entender que todos tenemos derecho a vivir en paz, que somos diversos pero que esa diversidad nos enriquece y nos permite complementarnos.
El sur global todavía no ha mostrado toda su capacidad de conectarse y generar iniciativas. Hay reservas enormes para construir soluciones alternativas, ya sean proyectos cooperativos, intercambios solidarios, experiencias que puedan mostrarnos cómo avanzar por fuera de los mandatos del gran capital. Hay también, en los países del norte, movimientos sociales y fuerzas políticas que se identifican con las luchas del sur, especialmente en temas transversales como el medioambiente. Creo que la articulación entre todos esos actores, el intercambio de experiencias, el conocimiento y la historia todavía pueden vencer a la barbarie que se nos quiere imponer.
-Para cerrar: ¿qué puede hacer Uruguay de manera concreta y qué necesita Cuba del mundo hoy?
Llevo cuatro meses aquí y he visto a una población uruguaya solidaria de una manera muy concreta. El 3 de enero, cuando se vio ese bombardeo en Caracas, cuando se vio esa intervención para secuestrar a un presidente y a su esposa, las movilizaciones que se dieron aquí fueron muy llamativas. La central sindical, las fuerzas políticas salieron a decir: denunciamos este atropello, no somos vasallos, la soberanía todavía vale, en este hemisferio todavía hay dignidad. Eso fue un mensaje para toda la región.
Cuba ha recibido de Uruguay mucho afecto. La caravana por la paz y la solidaridad fue parte de esa expresión. Sé que se están haciendo recaudaciones de fondos. Todo eso es muy importante, no solo como gesto material sino porque le dice al mundo que Cuba no está sola en la región. Eso es exactamente lo que el cerco medieval intenta lograr: aislar a Cuba, presentarla como un demonio, romper los lazos de solidaridad.
Lo que necesita Cuba del mundo hoy es acompañamiento político y acciones prácticas concretas. Pero también algo que no tiene precio: el afecto y el abrazo de los pueblos. Porque hoy el pueblo cubano se está creciendo. Está resistiendo con creatividad, buscando cómo sobrevivir dentro de estas restricciones brutales. Y el gobierno está haciendo todo lo que está a su alcance para que, dentro de las limitaciones que impone este cerco, se puedan salvar todas las vidas posibles. No se puede separar al gobierno del pueblo en este momento: los dos están resistiendo juntos.























