La memoria construye el presente y alumbra el futuro

Hoy se cumplen 54 años del asesinato de 8 obreros, militantes sindicales, frenteamplistas y comunistas, en el Seccional 20 del Partido Comunista de Uruguay (PCU). Fueron asesinados por efectivos militares, policiales y bandas fascistas que en la madrugada del 17 de abril de 1972 rodearon y asaltaron el local, en uno de los peores crímenes políticos de la historia nacional. Hoy, como cada 17 de abril, honramos la memoria de Luis Alberto Mendiola, José Abreu, Ricardo González, Ruben López, Elman Fernández, Raúl Gancio, Justo Sena y Héctor Cervelli.

Los actos de la 20 son muchas cosas. Son actos de denuncia del crimen y de los criminales, de decir la verdad y exigir justicia, de luchar contra la impunidad. Son actos de memoria. Y también son actos de compromiso con el presente y con el futuro. Porque la mejor manera de honrar la memoria de los 8 mártires de la 20 es seguir militando, seguir luchando, seguir levantando sus banderas, que son las nuestras.

Empecemos por decir la verdad. Lo ocurrido en la 20 no fue un enfrentamiento, como dijeron el gobierno y los militares en 1972. No hay dos versiones. Hay quienes durante 54 años mintieron y siguen mintiendo y estamos los que dijimos y seguimos diciendo la verdad, asumiendo todos los riesgos, todos los costos y en cualquier circunstancia. Los 8 obreros comunistas no estaban armados, no dispararon un tiro, estaban custodiando un local de un partido legal y con representación parlamentaria, fueron salvajemente atacados y vilmente asesinados. Lo ocurrido en la 20 fue un crimen de lesa humanidad, un acto de terrorismo de Estado. Y sus responsables siguen impunes 54 años después. Fueron responsables el presidente de la República, Juan María Bordaberry, que era el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, los mandos militares y policiales y los fascistas sin uniforme, que ordenaron y ejecutaron la masacre. Y también fue responsable el imperialismo yanqui que los armó, formó, apoyó y los hizo parte de su estrategia de dominación continental. En todo lo que se luchó estos años contra la impunidad para el crimen de la 20 hubo una denuncia penal y hubo también la decisión de un juez, Vomero, a pedido de un fiscal, Moller, de archivar el caso. Pero eso no ha hecho más que reforzar nuestra decisión de seguir luchando por justicia.

La masacre de la 20, como acto de Terrorismo de Estado, fue parte de la ofensiva en todo el continente del imperialismo yanqui y las oligarquías nacionales, para ahogar en sangre el proceso de acumulación de fuerzas de los pueblos, que buscaba romper la dependencia y construir caminos de soberanía y emancipación social. Fue la respuesta del imperialismo y de las oligarquías a las crecientes luchas populares, brutalmente reprimidas, al impacto de la revolución cubana, pero también al triunfo de la Unidad Popular y Salvador Allende en Chile. Hay que recordar que hacía 8 años que habían dado el golpe de Estado en Brasil e iniciado el ciclo infame de dictaduras fascistas que asoló nuestro continente.

En nuestro país la masacre de la 20 fue parte de la decisión de las clases dominantes y en particular de los fascistas, con uniforme y sin él, de cortar con violencia el proceso de unidad y acumulación de fuerzas de nuestro pueblo, degradando la democracia, coartando las libertades e imponiendo a sangre y fuego un modelo de concentración de la riqueza y el poder, en beneficio de unos pocos.

Fue parte de la respuesta del poder a la unidad de las y los trabajadores, al surgimiento del Frente Amplio como alternativa real, al creciente grado de organización y conciencia de nuestro pueblo. En 1964 en Uruguay los sindicatos aún divididos acordaron responder con una huelga general a un golpe de Estado. En 1968 el gobierno, colorado, igual que el de Bordaberry, de Jorge Pacheco Areco, degradó la democracia instalando las Medidas Prontas de Seguridad como forma permanente de gobierno y generalizó la represión al movimiento popular y la tortura. En ese 1968 fueron asesinados Líber, Hugo y Susana, militantes estudiantiles y de la UJC. En 1971 el FA recién nacido enfrentó el intento de asesinato de su candidato presidencial el general Líber Seregni y decenas de atentados. Sectores fascistas llegaron a solicitar a la dictadura brasileña que invadiera Uruguay si el FA ganaba las elecciones, hubo un plan concreto para eso. En el mismo 1972, pocos días antes de la masacre de la 20, se había votado en el Parlamento, con la oposición del FA, el Estado de Guerra Interno, que le otorgaba potestades a las Fuerzas Armadas para la represión interna. Pocos días antes se había producido el asalto al Comité Central del PCU, donde cientos de militantes participaban de un activo de la UJC. Luego hubo atentados contra locales del PCU, Comité de Base del FA y domicilios de dirigentes frenteamplistas. Todo eso pasó, todo eso es parte de la verdad que debe ser dicha.

Lo cierto es que los 8 obreros que fueron asesinados a sangre fría el 17 de abril de 1972 fueron víctimas de esa contraofensiva imperialista y oligarca, de esa desesperación de las clases dominantes por ver cuestionada su hegemonía, de esa decisión, concretada apenas un año y medio después, de barrer con la democracia y la libertad para defender sus privilegios y para cortar la garganta del proceso de acumulación de fuerzas de nuestro pueblo.

Y por supuesto, en el asesinato de los 8 obreros de la 20 hubo también un componente central de toda esa ofensiva reaccionaria en el continente y en Uruguay: el anticomunismo. El odio hacia lo que representaba y representa la militancia de las y los comunistas.

Los de la 20 son actos de memoria y la memoria es lo que hacemos con el pasado en el presente y como lo proyectamos hacia el futuro. Y en el presente, las y los comunistas, que levantamos las banderas de los 8 mártires de la 20, todas sus banderas, enfrentamos junto al movimiento sindical, el FA y todo nuestro pueblo, el mismo imperialismo yanqui, que busca defender su hegemonía en declive con guerras, amenazas y chantajes. 

Por eso vamos a honrar a los mártires de la 20 defendiendo la unidad política y social del pueblo, construyendo más FA, más movimiento sindical, más movimiento estudiantil. Levantando la perspectiva programática transformadora y materializándola con el gobierno del FA y con el protagonismo popular organizado. Y, en este mundo, y en esta situación, levantando con más fuerza que nunca las banderas de la paz, del antimperialismo, de la solidaridad con los pueblos agredidos, en especial con Cuba.

Todo eso se va a conjugar este año en el acto que se realizará el sábado 18 de abril en las puertas del histórico local de Agraciada y Valentín Gómez. Porque los actos de la 20 son especiales. En estos 54 años nunca hemos dejado de homenajear a nuestros 8 mártires. Fueron heroicas las rosas rojas arrojadas cada 17 de abril frente al histórico local que manos solidarias llevaron durante los 12 años del fascismo. 

Todos los actos fueron importantes, sin embargo, se puede decir que cuatro adquirieron especial relevancia. El primero, el realizado pocos días después del brutal asesinato, en el que una multitud que llenó varias cuadras dio una respuesta de masas a la provocación y la violencia fascistas. El segundo, el que se realizó en abril de 1985, el primero luego de recuperada la democracia, en él Rodney Arismendi caracterizó a la 20 como “un lugar de peregrinaje laico”. El tercero, el del 2014, cuando se declaró Monumento Histórico Nacional a la 20°. Este hecho es en sí mismo una victoria de la lucha popular por memoria, verdad y justicia. El trámite fue iniciado por la Intendencia de Montevideo en mayo de 2009 y el 15 de enero de 2014 el Poder Ejecutivo, a través del Ministerio de Educación y Cultura, declaró a la 20° Monumento Histórico Nacional. El Correo Uruguayo emitió un sello para resaltar el hecho. El 24 de abril de 2014 se realizó un acto inolvidable, en el que el arzobispo de Montevideo, monseñor Daniel Sturla, repitiendo lo que en 1972 hizo monseñor Carlos Parteli, oró por los 8 obreros asesinados. El cuarto es el realizado en el 2020 en medio de la pandemia, con todos los desafíos que eso implicó y con una versión de “La Canción Quiere” de Zitarrosa en la voz solidaria de destacados y destacadas cantantes de nuestro Uruguay y Argentina. Un apunte adicional, en todo lo referido a memoria que se luchó en estos años, en mayo de 2001, la Junta Departamental de Montevideo resolvió llamar “Ocho Mártires del Seccional 20 del Partido Comunista Uruguayo” a la plazoleta que está en la esquina de Agraciada y Pedro Lozano.

Todo esto se va a expresar este sábado en el acto, porque como decía Zitarrosa “hay olvidos que queman y memorias que engrandecen” y esta memoria engrandece a quienes la construyen. Un acto de memoria y lucha por la paz, de compromiso con la pública felicidad y de antimperialismo y solidaridad. Porque no es tiempo de neutralidad ni de indiferencia, es tiempo de jugarse. Y los 8 obreros de la 20 se jugaron. Como dijeron en sus testimonios los dos sobrevivientes: “Fuimos porque no podíamos dejar solo a Mendiola”. No hemos dejado solo a Mendiola, ni a sus compañeros, ninguno de estos 54 años, no lo haremos este año tampoco.

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