Un crimen de Estado impune 54 años después. Los sucesos del 17 de abril de 1972, cuando fusilaron a 8 obreros en la puerta de la seccional 20 del PCU, fueron un castigo colectivo al pueblo organizado, fue el fascismo encarnado en el Estado uruguayo reprimiendo lo que impedía la puesta en marcha de su plan económico de desigualdad, fue la represión contra protagonismo popular y la movilización de masas, contra la lucha del pueblo por su felicidad.
Unos días antes, el 13 de abril la CNT hacía un paro general histórico, el más grande hasta el momento, con 107 sindicatos, contra el aumento de precios y en reclamo de las libertades.
La lucha obrera, estudiantil y de la izquierda política resistían con iniciativa ante el proyecto de la derecha, de transferencia de recursos de los pobres a los ricos, el mismo que querían para todo el continente, los imperialistas del norte.
Eso representaban Luis Alberto Mendiola, Justo Sena, Héctor Cervelli, Raúl Gancio, José Abreu, Elman Hernández, Rubén Claudio López y Ricardo González.
Un operativo con alrededor de 500 efectivos, rodeó el barrio y allanó locales y viviendas, ocupó viviendas linderas al local para disparar desde allí. Detuvieron vecinos e instalaron el terror. Fue eso, terrorismo de Estado en democracia, contra un partido político legal, con incidencia en la vida política, social y cultural del país, en todas sus esferas. Para eso, estos 8 camaradas, desarmados y con las manos en alto frente al local de Agraciada y Valentín Gómez, luego de horas de tiroteo fueron fusilados en plena calle, por el Ejército uruguayo, que no dejó pasar a ambulancias que estaban a disposición, pudiendo haber atendido a tres de ellos que seguían con vida luego del tiroteo, Raúl Gancio, José Abreu y Justo Sena. Todo esto, perpetrado por el Estado, sin haber cometido delito alguno, sin juicio ni condena.
¿Quiénes son los responsables del operativo? ¿Cómo se organizó y llevó a cabo? ¿Quiénes son los responsables políticos e institucionales de semejante acto terrorista?
Esas respuestas todavía se le deben al pueblo uruguayo. Porque esta arremetida fue contra el PCU y el conjunto del pueblo, quienes han sostenido los nombres de los camaradas y la memoria colectiva que los mantiene con vida a ellos y todo lo que representan. El amor por la humanidad, la fidelidad al Partido y la defensa de la causa de las personas humildes, trabajadoras, de la lucha de la clase obrera.
¿Qué significa la memoria?
Hoy, en un momento histórico de incertidumbre generalizada, de guerra e inminente colapso ambiental, significa todo.
El mismo imperialismo que respaldó, financió y organizó el fascismo en nuestro continente, ese que asesinó a los mártires de la 20, que desapareció a cientos de personas en el Uruguay y secuestró y torturó a muchos cientos más, hoy arremete de nuevo contra América Latina en su afán por no perder la hegemonía del mundo.
Recordar y reconstruir, investigar y condenar a los culpables, reparar y homenajear es condición para la construcción de nuestra propia historia, de cómo llegamos hasta aquí, por dónde fuimos y qué aprendimos, para combatir el paso del tiempo, saber y sentir propia esa historia de lucha generación tras generación, lograr justicia con la lucha colectiva del pueblo haciendo su experiencia histórica.
Cada Acto de la 20 es una defensa de la democracia y la libertad, hoy también amenazada por el imperialismo, a través de intervenciones, bloqueos y asedios militares. Es también, convicción profunda de que ese futuro de miseria que nos ofrecen no es el orden natural de las cosas, que se puede vivir de otra manera.
De eso hablamos cuando hablamos de los 8 comunistas de la seccional 20, por eso, a 54 años de esa masacre, el pueblo uruguayo está convocado a esa misma esquina, Agraciada y Valentín Gómez, a seguir construyendo la experiencia colectiva de nuestro pueblo.























