Paola Beltrán
El sábado 12 de abril se llevó adelante la presentación “Nomeacuerdo-Ensayo Interrumpido”, una reconstrucción del secuestro y tortura de Liliana Pertuy, hace 51 años, junto a otros 38 adolescentes y jóvenes militantes de la UJC en Treinta y Tres, en 1975 por la dictadura. La actividad, organizada por el colectivo teatral Implosivo, convocó a más de 200 personas de diversas edades que recorrieron la capital olimareña reconstruyendo la memoria y generando un reencuentro de reparación colectiva y comunitaria.
La actividad se desarrolló el mismo día en que 51 años atrás la dictadura secuestró y torturó a 39 jóvenes y adolescentes y los persiguió con acusaciones falsas.
Ximena Echevarría, actriz, directora y docente teatral, responsable de la propuesta evaluó la presentación en la que más de 50 personas trabajaron durante meses en un proyecto que tiene tres etapas y que este 12 de abril cosechó su primera presentación pública.
“La verdad que todo fluyó y cuando las cosas fluyen quiere decir que uno está haciendo lo que hay que hacer”, dijo Echevarría. “En un momento todo empezó a aflorar y ocurrió algo conmovedor y sanador, estas son las palabras que se me vienen ahora”, agregó.
El clima acompañó la jornada y más de 200 personas participaron de la propuesta. La directora teatral comentó a EL POPULAR que la síntesis que hicieron en función de las personas que participaron y con las que conversaron es de que “de cierta forma fue un acto de reparación. Tal vez parecería que no hay nada para reparar, lo que sucedió no se puede cambiar, pero sí se puede volver a poner sobre la mesa desde otro lugar; hacerlo transitar en otras personas que tal vez no van a un acto pero que sí pueden ir al lugar físico y reconocer esa historia también como parte de Treinta y Tres. Pasar de la negación a por lo menos poder reconocerlo, eso es un impacto que me parece muy bueno”, destacó.
“Como equipo estamos felices del laburo que se hizo, el haber conocido a Liliana, el habernos acercado a esta historia, la mayoría de nuestro equipo no la conocía y eso también genera que se pueda replicar. Nosotros éramos cincuenta de los cuales solo dos conocían esta historia y ahora somos cuarenta y ocho más que lo darán a conocer a otras personas”, comentó.
“Lo lindo del recorrido fue que se acercó gente que no se había anotado previamente, que no tenía el auricular, se acercaron niños y niñas para ser parte del recorrido y nuestro equipo, que sí tenía auriculares, se los prestaron para que fueran escuchando y ese niño, esa niña, conoció esa historia”, dijo sobre la pertinencia de las acciones culturales de este tipo.
“Hay algo que si no lo contás parece que no sucedió, parecería que si algo no sale a la luz en algún momento empezás a dudar si esa historia es verdad o no, queda como si fuera un mito o algo así. Me imagino que esos niños, niñas, adolescentes que participaron el 12 de abril van a preguntar, y esas preguntas van a generar respuestas o van a generar otras preguntas y a buscar información y eso me parece que está bueno”, resaltó.
Valió la pena
Echeverría señaló que valió la pena todo el proceso, el esfuerzo y lo que queda por hacer. Esta fue la primera etapa de un proceso que continúa con un documental que contiene el camino hacia la presentación del 12 y lo ocurrido ese día y luego, una tercera parte donde se realizará una presentación teatral documental.
“Ahora tenemos el trabajo de post producción y edición del documental que consideramos que estará pronto en septiembre. La idea es que Treinta y Tres sea el primer lugar en donde se vea para el público. Nosotros entendimos, como colectivo lo venimos trabajando, el cómo descentralizar, porque parece que todo pasa por Montevideo y no es así. Esto también depende de quiénes somos, porque si bien nuestra base es Montevideo muchos de nosotros no venimos de Montevideo y esta historia es de Treinta y Tres, es de todo el Uruguay, pero sobre todo de Treinta y Tres”, concluyó.

Parte de las más de 200 personas que hicieron la reconstrucción de lo sucedido hace 51 años.
¡Nunca más!
Lucía Modernel tiene 22 años y es militante de la UJC. Participó de la presentación junto a un grupo de sus camaradas que fueron juntos desde Montevideo lo cual, comentó a EL POPULAR, fue movilizante, “saberse una rodeada de camaradas y que en ese momento, los chiquilines que transitaron este hecho también estaban rodeados de camaradas”.
Sobre la presentación y qué reflexiones y sentimientos le generó, expresó que “poder caminar por los lugares que sucedieron los hechos mientras te lo están contando y vos estás caminando viendo los mismos lugares que vieron esos chiquilines y chiquilinas y los mismos lugares en que pasó todo, pasar por el liceo, llegar al cuartel, con este sistema con auriculares que cada tanto aparecía un sonido, un relato, por momento te lo sacabas y era otra forma de recibir el relato”.
“Caminamos por las calles de Treinta y Tres y en un momento teníamos los auriculares puestos y escuchábamos las botas (de los militares). Estábamos ahí en una presencia activa, escuchando”. relató.
Sobre Liliana Pertuy, en cuyo relato se basa la propuesta, dijo: “era ella tratando de contar su historia, de recomponer esa memoria, eso que atravesó y vivió y poder reencontrarse con su ciudad natal y caminar tranquila nuevamente por esas calles que seguro le llevó un proceso personal bien complejo para volver a caminar, a habitar esos espacios públicos y que te pase por el cuerpo todo lo que te pasó en su momento”.
“Hacer esta caminata con ella, con esta propuesta artística, que comenzó como un relato, se lo pensó para la escena y llegan a la conclusión que no, que tenía que ser así, con este recorrido. Esa imagen de Liliana caminando por su pueblo y por los lugares en donde pasó esto acompañada de pueblo, porque éramos una cantidad de personas caminando atrás de ella y revivir su historia que debe haber sido bien complejo. Fueron muchas emociones”, describió la militante.
El recorrido llegó al cuartel, el Batallón Mecanizado N°10, a donde el 12 de abril de 1975 fueron ingresados y torturados.
“Llegamos al cuartel, justo atardeció, era como de noche, contó Lucía, el relato de Liliana pasó a ser en primera persona, el elenco de muchachas tenía una coreografía que te mostraban desde lo corporal todo esto de la tortura a través del plantón; un relato muy crudo de Liliana y viéndolo corporalmente a través de la coreografía. Fue una jornada muy cargada de emociones, rodeada de personas que sienten que es importante que estas cosas se cuenten, también de forma artística, porque ayuda a llegar a otras personas con un relato de la memoria, no desde su militancia o de su organización política, sino desde lo humano, lo artístico, lo cultural. Es otra forma de seguir sembrando la memoria y que también son importantes”, señaló Modernel.

En la actividad se distribuyeron folletos con la historia.
No hay página para pasar
Desde la derecha se promueve el “pasar página”, terminar con el “revanchismo”, como si recordar o pedir justicia dejase de tener sentido por el simple paso del tiempo. Lo que queda atrás ya no tiene sentido continuar recordándolo. Una perspectiva muy conveniente para quienes defienden la impunidad.
Al respecto, la joven militante se preguntó: “¿Qué significa pasar la página? ¿Pasar a hacer de cuenta que no pasó nada? ¿Olvidarnos? ¿Cómo pasar la página cuando sabemos que en nuestro país pasaron estas cosas? Es la historia de muchas personas, chiquilinas, chiquilines que con 13, 14 años, las sacaron del liceo, las pusieron presas, las torturaron, sin que su familia sepa nada, gurises chicos que fueron arrancados de los estudios y que después, gran parte de esta historia es que no terminó cuando salieron del cuartel sino que muchos fueron exiliados de Treinta y Tres, porque no pudieron reconstruir su vida, volver al liceo y retomar sus estudios”.
“¿Cómo pasar la página cuando hay un montón de compatriotas que no sabemos dónde están y qué les pasó? Este es el caso de gente que fue sobreviviente y la puede contar de mil maneras para que esa historia siga viva y pueda seguir pasando a otras generaciones. Pero muchas personas siguen sin saber qué le pasó a su familia y nos faltan a todos”, afirmó.
“Pasar la página es dar el brazo a torcer con el olvido y no podemos olvidar para que esto no pase nunca más, para exigir que nos digan la verdad, porque hay mucha información que aún no tenemos; que se haga justicia cuando aún es posible, porque también hablar de justicia en estos casos es complejo”, señaló.
Y agregó: “Si queremos hablar a nivel justicia para poder hablar de pasar la página, tenemos muchos deberes, muchos represores se murieron sin pasar por un juicio, por un tribunal de justicia, familias enteras que aún siguen esperando poder saber algo. Hay madres que murieron sin saber qué pasó con sus hijos. Yo tengo 22 años y no viví esto, me lo contaron y sigo construyendo la memoria estudiando, en la militancia, con compañeros y compañeras que sí lo vivieron, conocer las historias y sentir la responsabilidad de, a raíz de eso, seguir construyendo memoria para que efectivamente, a través de esa memoria compartida y colectiva, poder hablar, materialmente de un nunca más”.
“Porque si nosotros pasamos la página y hacemos de cuenta que no pasó nada, queremos reconstruir olvidando, estamos condenados a repetir esa historia. Para trabajar hacia que no vuelva a suceder y hacia intentar recomponer en la ínfima medida de posibilidades, nuestro trabajo como militantes de la UJC, nuestro compromiso con el pueblo uruguayo y con la memoria de seguir construyendo y sosteniendo esa memoria para que efectivamente todos los compañeros y compañeras que pasaron por estas cosas, lo que no sabemos dónde están ni qué les pasó, las compañeras que siguen esperando saber qué pasó con sus hijos, que sepan que nosotros vamos a continuar y que en lo más profundo de la lucha de todos los días está el seguir sosteniendo esa memoria colectiva y construirla”, concluyó.

Liliana Pertuy, sobre cuyo relato se construye la obra.























