Elecciones en Perú

Entre la esperanza y la incertidumbre.

Por Daniel Dalmao (*)

El pasado domingo 7 de junio el pueblo peruano concurrió a votar en segunda ronda para elegir presidente o presidenta. Al momento de escribir esta columna los datos oficiales daban una ventaja muy ajustada al candidato de izquierda Roberto Sánchez frente a la candidata de ultraderecha Keiko Fujimori. Las autoridades electorales peruanas han anunciado que el proceso será largo y que puede demorarse hasta un mes en conocer el resultado definitivo.

Luego del cierre del horario de votación, los primeros datos daban a Fujimori como ganadora lo que fue cambiando al llegar un mayor número de mesas escrutadas y que comenzaron a conocerse las primeras proyecciones o lo que se conoce como conteo rápido. Esto se debe fundamentalmente a que las preferencias electorales varían mucho según las diferentes  regiones del país. La candidata de derecha gana claramente en la capital, Lima, logrando un porcentaje por encima del 60%. Sin embargo, Roberto Sánchez votó muy bien en regiones alejadas de la capital y en zonas rurales, obteniendo en algunos casos votaciones de más del 80%. También es cierto que, por lo que se sabe de elecciones anteriores y por lo que va llegando en esta instancia, la votación de los peruanos en el exterior parece ser favorable a Fujimori. 

El padrón electoral peruano consta de 27, 3 millones de habilitados de los cuales 1,2 millones están en el extranjero. El voto es obligatorio entre 18 y 70 años (para los mayores de 70 es opcional). En primera y segunda ronda el porcentaje de votantes estuvo entre 74% y 75 %; para el caso del exterior en primera vuelta votaron unos 400 mil, es decir un tercio de los habilitados. Las demoras tienen que ver con las características propias del proceso, con las distancias y dificultades de acceso a algunas zonas, el voto en el extranjero y también por el alto número de actas que reciben observaciones.

Algunas características de la historia reciente del Perú merecen ser destacadas porque lo hacen muy singular y a la vez dan muestras de una inestabilidad política muy particular: En los últimos 10 años este país tuvo 8 presidentes. Ninguno de ellos completó el período constitucional de cinco años ya sea por renuncias forzadas, destituciones (vacancia) o por fin del gobierno de transición. El último presidente que gobernó los cinco años fue Ollanta Humala del 2011 al 2015. Actualmente cuatro ex presidentes están en la cárcel (Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Martín Vizcarra y Pedro Castillo). Pedro Pablo Kuczynski, quien fue electo presidente en 2016 se vio obligado a renunciar en 2018 y estuvo en prisión domiciliaria. Tristemente recordado es Alberto Fujimori, padre de Keiko, presidente electo en 1990 dio un golpe de Estado en el 92 gobernando como dictador hasta el 2000. 

Huyó a Japón, visitando Chile fue detenido y extraditado a Perú siendo condenado a 25 años de prisión. Cometió delitos de lesa humanidad, de corrupción, modificó la Constitución para imponer un modelo neoliberal y amenazaba con ser candidato en estas elecciones cuando murió en setiembre de 2024.

Keiko Fujimori, hija y heredera política de Alberto Fujimori, se presentó, hasta ahora, cuatro veces como candidata a presidenta y pasó a balotaje en todas. En 2011 fue segunda en primera vuelta con el 23,5 % de los votos perdiendo en la segunda por estrecho margen con Humala. En 2016 ganó la primera ronda con casi el 40% y en segunda perdió en forma muy ajustada con Pedro Pablo Kuczynski. En el año 2021 fue segunda detrás de Pedro Castillo, ahí obtuvo el 13,4% y perdió el balotaje posterior por 56 mil votos. Finalmente este año, en su cuarto intento por llegar a la presidencia resultó ganadora en primera vuelta con el 17,19% (2, 8 millones de votos). Con los resultados conocidos al momento, pierde nuevamente, esta vez frente al sicólogo Roberto Sánchez ex ministro en el gobierno de castillo y actual senador.

Otra particularidad de las últimas elecciones peruanas ha sido la dispersión electoral manifestada en el alto número de candidaturas presidenciales. En el año 2021 se presentaron 18 candidatos y este año aumentó a la increíble cifra de 35 aspirantes a presidente. De ahí el bajo respaldo en votos que obtienen en primera instancia los dos candidatos que disputan la presidencia en el balotaje. En las elecciones anteriores el ganador Pedro Castillo obtuvo en primera vuelta 18,92% (2,7 millones de votos), Keiko Fujimori el 13,41% (1,9 millones) y el tercero, Rafael López Aliaga-ultraderechista y ex alcalde de Lima-11,75% (1,7 millones) quedando afuera del balotaje. En estas, Fujimori llegó al 17,19%, Sánchez al 12,04% y Aliaga el 11,91%. Todos números muy bajos si pensamos que a lo que se aspira es a la presidencia de un país.

Esta dispersión de la que damos cuenta arriba tiene su reflejo en la fragmentación en el Congreso. A su vez, los acuerdos en este ámbito y las potestades que le da la constitución al legislativo (es relativamente fácil destituir-vacar-a un presidente) han resultado en que el gobierno sea ejercido por el Parlamento y que la derecha y principalmente Fujimori hayan tenido una influencia y capacidad de decisión fundamental.

Ahora, lo más importante, ¿Cuáles son las propuestas para gobernar? Ahí sí se simplifica la cosa en cuanto al número de opciones; en definitiva se enfrentan dos modelos de país. Básicamente es la misma confrontación que se dio hace cinco años cuando los contendientes eran Castillo y Fujimori.

El apellido que se repite en la historia política reciente en el país andino simplifica la tarea de comprender la propuesta, el modelo de país que representa. Fujimori es neoliberalismo, es corrupción, autoritarismo, es flamear la bandera del anticomunismo aunque asombre tanto simplismo, tanto argumento burdo en ese agitar fantasmas. Es el país del extractivismo que se lleva los recursos naturales pero que es muy poco intensivo en cuanto a generar puestos de trabajo. Es el país del 70% de informalidad, de la ausencia del Estado en cuanto a políticas sociales. Es el país donde cambian rápido los presidentes pero no la conducción del Banco Central (Julio Velarde lo preside hace casi 20 años); donde la macroeconomía es muy estable pero la vida de la mayoría es muy precaria. Además, como buena militante de la derecha,   keiko no deja de tomar a la “seguridad ciudadana” como bandera; es un “botín” muy rendidor para todo político conservador aunque esconda la paradoja de que son sus propias políticas las que engendran esa violencia. 

Por otro lado el candidato de izquierda, que con su partido Juntos por el Perú acordó con el ex presidente Pedro Castillo, en prisión desde diciembre de 2022, según indica Le Monde Diplomatique Uruguay en su edición de junio: “llegó al balotaje con una reivindicación del Perú rural y popular, una economía mixta con fuerte intervención y participación estatal, la búsqueda de reducir la desigualdad y de un “nuevo pacto social”, que siente las bases para una nueva Constitución”…”El plan de gobierno anunciado por Sánchez contempla fortalecer la capacidad del Estado para crear empresas públicas, renegociar contratos sobre recursos naturales estratégicos y tratados de libre comercio “que afecten la soberanía nacional o atenten contra los intereses” del país. También plantea la prohibición gradual de la exportación de minerales sin procesar, aumentar la capacidad de regulación del Estado y crear un sistema tributario progresivo, que incluya la eliminación de exoneraciones y privilegios tributarios”.

Sánchez incorporó en su campaña el uso del mismo sombrero que Castillo, el ex presidente destituido y preso, como una señal de identificación política. El respaldo obtenido en votos vino de los mismos lugares y sectores que respaldaron al maestro rural en 2021. El candidato de hoy tiene quizá, menos carisma que el anterior pero por otro lado muestra más experiencia política. Los dos expresan el mismo proyecto de país.

(*) Comisión de Relaciones Internacionales del PCU.

Compartí este artículo
Temas