Atlas Network: La desinformación como arma del neoliberalismo

Esta organización, fundada en 1981, cuenta con 589 centros de pensamiento en 103 países que financian el odio y las falsedades de la extrema derecha. Su objetivo: proteger los privilegios de los magnates.

Venezuela, país de la líder opositora María Corina Machado, es uno de los instrumentos predilectos del movimiento reaccionario internacional para envenenar el discurso público. Actores de ambos lados del Atlántico manipulan la política venezolana para adaptarla a sus narrativas. En España, por ejemplo, desempeñó un papel clave en la campaña de desprestigio contra Podemos: desde la invención de bulos a nivel mediático hasta falsos procesos judiciales, incluyendo la extorsión a personas vinculadas a instituciones del país latinoamericano.

El papel destacado de Machado en las políticas intervencionistas de Estados Unidos hacia Caracas conduce directamente a uno de los centros más poderosos de financiación, ideas y capacidad operativa dentro de la industria de la desinformación: Atlas Network.

Fundada en 1981 por Antony Fisher, observar la evolución de Atlas Network hasta convertirse en el gigante transnacional que es hoy y comprender su influencia en la ofensiva antidemocrática significa revelar la última capa tras la cual se ocultan quienes financian a Trump, Orbán, Abascal o Ayuso.

Al final, «la verdad», «la patria», «la familia» o, por excelencia, «la libertad» que estas figuras políticas dicen defender no son más que significantes vacíos con los que los grandes dueños del capital que financian Atlas Network justifican las barbaridades cometidas en defensa de sus crecientes privilegios.

Fisher, quien fundó el Instituto de Asuntos Económicos (IEA) en Londres en la década de 1950, fue una figura clave en el establecimiento de la ideología neoliberal en el Reino Unido.

Con la victoria electoral de Margaret Thatcher en 1979, el neoliberalismo pasó de ser una escuela de pensamiento económico a una visión del mundo hegemónica impuesta con fuerza dogmática. «No hay alternativa», proclamaba entonces la primera ministra británica.

Era la era del «fin de la historia»: el capitalismo, liberado de la supervisión estatal, había alcanzado, evidentemente, su etapa evolutiva final. A partir de entonces, el destino de la sociedad consistía simplemente en observar cómo el mercado lo absorbía todo.

Era el sistema ideal, nuestro supuesto futuro como comunidad humana. Atlas Network nació en este contexto con un objetivo claro: introducir la doctrina neoliberal no solo como un modelo socioeconómico más, sino como una racionalidad en sí misma, capaz de moldear la percepción e interpretación del mundo.

Para lograrlo, era necesario despolitizar conceptos como el libre mercado, la privatización o la desregulación, desvinculándolos de los intereses concretos a los que sirven y presentándolos, en cambio, como verdades irrefutables.

El instrumento elegido para este propósito fue lo que los investigadores Marie-Laure Djelic y Reza Mousavi denominan el «centro de pensamiento neoliberal».

Con el apoyo de los precursores intelectuales del neoliberalismo, Friedrich von Hayek y Milton Friedman (fundadores de la Sociedad Mont Pelerin y figuras clave de las escuelas austriaca y de Chicago), junto con Thatcher y cuantiosas donaciones privadas, Atlas Network (originalmente «Atlas Economic Research Foundation») inició sus operaciones en San Francisco.

Su presupuesto anual rondaba los 150.000 dólares, con la misión de servir de incubadora para centros de pensamiento neoliberales en todo el mundo. La llegada de Ronald Reagan al poder en enero de 1981, así como la participación de importantes fundaciones ultraconservadoras estadounidenses como Heritage en la implementación de Atlas, convirtieron a Estados Unidos en el lugar ideal para su establecimiento.

Al fin y al cabo, es la cuna del imperialismo capitalista. En 2023, y según el propio informe anual de la organización, Atlas Network ya contaba con un presupuesto de 28 millones de dólares y su red de centros de pensamiento sumaba 589 entidades en 103 países diferentes.

Los métodos empleados por estas instituciones de adoctrinamiento abarcan desde la organización de eventos, en los que se refuerza y ​​expande la red, hasta la creación de centros educativos para inocular a las generaciones más jóvenes con la ideología ultraliberal, pasando por estrategias más heterodoxas como la formación del Cuerpo Internacional Atlas Freedom en 2003, cuya tarea es buscar por todo el mundo candidatos para dirigir laboratorios de pensamiento.

En resumen, el objetivo siempre ha sido difundir la doctrina neoliberal desde la mayor cantidad de fuentes posible, haciéndola pasar por conocimiento independiente o incluso por hipótesis de apariencia científica, gracias a los esfuerzos depositados en el ámbito académico.

Los orígenes políticos de la mencionada María Corina Machado son perfectos para comprender la dinámica de retroalimentación entre la Red Atlas y Estados Unidos, y cómo los tentáculos de la red de centros de pensamiento impactan a aquellos lugares que pretenden salir del radio de acción imperialista estadounidense.

La década de 2000 comenzó en Venezuela con la reelección de Hugo Chávez. En su itinerario, de carácter socialista, destacó la intención de poner fin a la fuga de capitales que, proveniente de la vasta riqueza del territorio nacional, beneficiaba más a las corporaciones privadas extranjeras que a la propia sociedad venezolana.

Una de las empresas con mayor presencia en esta sangría colonial era la petrolera Exxon, con sede en Estados Unidos y un papel destacado en la financiación de la Red Atlas. Aquí es donde comienza el giro de la rueda.

El gobierno de Chávez buscaba no solo reducir las ganancias de un patrocinador de la Red Atlas, sino también desafiar el consenso neoliberal mismo. Para la operación de desestabilización, la red se apoyó en Cedice, un centro de estudios venezolano que formaba parte de la Red Atlas.

Con un generoso respaldo financiero estadounidense a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), Cedice lideró iniciativas de todo tipo en oposición a Chávez, e incluso Rocío Guijarro, su presidenta, firmó el decreto con el que se pretendía consolidar el golpe de Estado de abril de 2002.

El nombre de María Corina Machado figura entre los asistentes a la toma de posesión del consejo de gobierno el 12 de abril de 2002, como consecuencia del golpe de Estado. Asistió como miembro de Cedice, pero pronto comenzaría a destacar por sí misma.

En julio de ese mismo año, fundó la organización civil Súmate, cuyas actividades antichavezistas recibieron apoyo estadounidense desde sus inicios, nuevamente a través de la NED.

Un documento de la propia agencia muestra que Súmate recibió al menos 53.400 dólares directamente de la NED en 2003. Desde entonces, Machado se ha convertido en una figura clave dentro de la extensa red de Atlas Network. Su nombre aparece en prácticamente todas las campañas de desinformación destinadas a desestabilizar la situación política de Venezuela, y Atlas, a su vez, la ha promovido fervientemente en sus eventos y publicaciones.

La conexión es explícita e innegable: en 2014, Machado agradeció públicamente a Atlas Network por su “apoyo e inspiración”.

Más recientemente, el 10 de octubre de 2025, la cuenta oficial de Atlas Network en X celebró el Premio Nobel de la Paz que recibió, destacando su “larga relación profesional con Machado, quien pronunció un discurso en la Cena Anual por la Libertad de la organización en 2009”.

Desde sus inicios, la desinformación ha desempeñado un papel central en las operaciones de Atlas Network. Para una organización tan estrechamente vinculada a las grandes corporaciones de combustibles fósiles, las décadas de los ochenta y noventa fueron un período convulso, dada la consolidación del movimiento ambientalista.

Además de Exxon, el imperio empresarial de los hermanos Koch —la segunda familia más rica de Estados Unidos y otro de los principales financiadores de Atlas Network— tenía enormes inversiones en proyectos cuyo impacto ambiental estaba siendo cuestionado. Y no eran las únicas corporaciones que alimentaban las cuentas de la red de grupos de expertos.

Aunque llevaba solo unos años en funcionamiento, Atlas Network logró establecerse en ese momento como el núcleo de un grupo de organizaciones dedicadas a difundir la negación del cambio climático por todo el mundo.

El medio de investigación DeSmog describe esta red como un «complejo industrial anticientífico», ya que Atlas Network estaba construyendo una especie de protoindustria de desinformación. Es posible encontrar casos de mentiras difundidas mundialmente años antes de que existieran plataformas como Twitter, con la participación de Atlas Network.

Sin duda, el más paradigmático es el de las armas de destrucción masiva en Irak. Durante la comisión de investigación del 11-S, una de las personas que lanzó la teoría que vinculaba el ataque con Irak fue Laurie Mylroie, miembro del grupo de expertos AEI de Atlas Network.

A partir de ahí, numerosos miembros de AEI, como Lynne Cheney, John Bolton o Michael Ledeen, se unieron a una campaña de desinformación que se extendió por todo el mundo y acabó por desembocar en la invasión de Irak.

George Bush llegó a declarar: «Admiro mucho a AEI (…) Al fin y al cabo, he contado con la colaboración de algunos de sus mejores profesionales». La revolución de las redes sociales ofreció un sinfín de nuevas posibilidades, y abundan los ejemplos contemporáneos que muestran cómo Atlas Network ha integrado el potencial de las nuevas tecnologías de la comunicación en sus actividades antidemocráticas.

En noviembre de 2021, pocos días antes de las elecciones generales en Nicaragua, las tres redes con mayor impacto en la opinión pública —Instagram, Facebook y Twitter— suspendieron cientos de cuentas de destacados medios de comunicación, periodistas y activistas de la izquierda sandinista. La explicación —al menos para Instagram y Facebook— se expuso en un informe de la empresa matriz Meta, dirigida por Ben Nimmo, en el que se acusaba a estos perfiles, sin pruebas, de ser falsos.

Al igual que María Corina Machado y prácticamente cualquier líder de estas campañas de guerra sucia, Nimmo combina en su figura la influencia de la Administración estadounidense y Atlas Network. Fue jefe de investigación en Graphika, una iniciativa financiada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos, y forma parte del Atlantic Council, un grupo de expertos neoliberal que, solo entre 2022 y 2023, donó 537.750 dólares a Atlas Network.

En la Unión Europea, la influencia de la Red Atlas también es enorme. Un estudio del Observatorio de las Multinacionales ilustra hasta qué punto este enjambre de organizaciones se ha infiltrado en los ámbitos desde donde se diseñan las políticas públicas que rigen el mundo.

ECIPE, uno de los más de quinientos think tanks que conforman la red, actúa en Europa como un instrumento para perpetuar el orden neoliberal, criticando duramente cualquier iniciativa que cuestione mínimamente la desregulación en favor de valores como la igualdad o la redistribución.

A pesar de su clara inclinación ideológica, Politico, un medio de comunicación de referencia en el ámbito de la toma de decisiones de la UE, se hace eco habitualmente de sus discursos, presentándolos como provenientes de una fuente «independiente».

Aún más grave es que el propio Parlamento Europeo considera que las corrientes de opinión que emanan de ECIPE son «independientes de la experiencia», como afirma el mismo artículo. Epicenter, otra de las organizaciones de Atlas en Europa, publica una clasificación de lo que denomina «estados paternalistas» con el objetivo de denunciar las restricciones a las libertades de los ciudadanos.

Esta clasificación criminaliza las regulaciones sobre alcohol o tabaco, un criterio que deja claro lo que estos grupos de expertos entienden por «libertad»: la posibilidad de obtener beneficios económicos sin límites, incluso cuando la salud pública está en riesgo.

Una vez más, es la red Atlas la que desinforma al servicio de los dueños del gran capital, quienes se niegan a renunciar a una mínima parte de sus privilegios en pos de un mundo menos desigual.

Esto se demuestra con un dato: Philip Morris, la mayor corporación tabacalera del mundo, ha estado vinculada a Atlas desde su creación; René Scull, exvicepresidente de la compañía, formó parte del consejo de administración de Atlas Network, y existe documentación sobre una donación de casi medio millón de dólares de Philip Morris en 1995.

En 2023, Epicenter se jactaba de haber llegado a 250 millones de personas gracias a que su información fue mencionada más de 300 veces en medios europeos. En resumen, Atlas Network posee hoy la capacidad de imponer prácticamente cualquier narrativa en la agenda política, e incluso de moldear ese terreno intangible pero maleable en el que se libra gran parte de la batalla cultural conocida como «sentido común».

En el Estado español, es Vox quien mejor encarna la ofensiva reaccionaria que las élites neoliberales han lanzado como mecanismo de defensa contra el colapso del sistema capitalista, y en este punto, no debería sorprender a nadie encontrar la huella de Atlas Network en la trayectoria del partido ultranacionalista.

Las conexiones se pueden encontrar incluso antes de su entrada formal en el panorama político. El germen de Vox se forjó en la Fundación DENAES, creada y presidida por Santiago Abascal —donde compartió espacio con Javier Ortega-Smith e Iván Espinosa de los Monteros— hasta 2014. Durante esos años, Esperanza Aguirre proporcionó una generosa financiación al actual líder de Vox. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid le concedió casi 300.000 € entre 2008 y 2012.

En este caso, la vinculación con Atlas es doble: Aguirre era miembro del patronato de FAES, además de tener relación con la Fundación Civismo, ambas pertenecientes a la red de think tanks de Atlas Network. FAES, fundada por José María Aznar (estrechamente vinculado a Atlas), desempeñó un papel fundamental en el lanzamiento de Vox. De sus filas surgió quien presidiría Vox en sus inicios, Alejo Vidal-Quadras.

También de FAES procedía Rafael Bardají, responsable del exitoso giro de Vox en los últimos años hacia las estrategias de desinformación diseñadas por Steve Bannon, que hoy han «llenado de mierda» la esfera política española.

Una de las principales armas del partido es la Fundación Disenso, creada en 2020 y dirigida por Jorge Martín Frías, vinculado a la propia FAES y fundador de la Red Floridablanca, incluida en la lista de think tanks de Atlas Network.

Y aún hay más: el director de la Fundación Civismo, Juan Ángel Soto, también trabajó en Disenso como jefe de Relaciones Internacionales. El lanzamiento —con Disenso como organización fachada— del portal La Gaceta de la Iberosfera, fuente constante de bulos y discursos de odio, sitúa la estrategia de Vox en plena sintonía con la dinámica de Atlas Network en todo el mundo.

Del binomio Vox-Disenso surge también el Foro de Madrid, una cumbre internacional de la extrema derecha cuyo documento fundacional, la Carta de Madrid, atestigua con escalofriante claridad la existencia de una red organizada que constituye el núcleo de la ofensiva fascista.

Entre sus firmantes figuran Alejandro Chafuen, exdirector ejecutivo y expresidente de Atlas Network; Roger Noriega, enlace del gobierno estadounidense con la industria de la desinformación; y golpistas profesionales como María Corina Machado o el boliviano Arturo Murillo.

Para dar una idea más concreta de la capacidad de la Red Atlas para influir en la población española, basta con observar la relación entre el Instituto Atlántico de Gobierno, otra organización fundada por Aznar y perteneciente a la red Atlas, y la Universidad Francisco de Vitoria, propiedad de los Legionarios de Cristo.

Su colaboración ejemplifica el éxito de la iniciativa de Antony Fisher de 1981: más de 20.000 jóvenes —según datos de la propia universidad— estarán expuestos este año académico a la doctrina neoliberal presentada como conocimiento académico.

Comunicadores como Vicente Vallés, peón de la industria de la desinformación y presentador del noticiero más visto de España, son invitados frecuentemente por el Instituto Atlántico a visitar a los estudiantes de la universidad vinculada al fundador mexicano de los Legionarios, el pedófilo serial Marcial Maciel.

Fuente: https://reactionary.international/news/atlas-network-disinformation-as-a-weapon-of-neoliberalism/en/

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