A 50 años de la desaparición de León Duarte

Por Raúl Olivera Alfaro

Para documentar y reflexiones sobre la historia del movimiento obrero y el sindicalismo en el Uruguay, es imprescindible tener presente la historia construida por la trayectoria de muchas generaciones. En esa extensa y rica cuenta, entre otros, está la trayectoria sindical y política de León Duarte

Para esa mirada el Libro de Rodolfo Porrini y Mariela Salaberry, el de Yamandú González Sierra, entre otros es una materia prima imprescindible al igual que nuestras vivencias personales y de otros compañeros que continúan entre nosotros.

La actividad del 17 de julio en el PIT-CNT que en el marco de los 60 años de la CNT rendirá homenaje a Duarte a los 50 años de su desaparición, será una buena oportunidad para incursionar en el desafío de la memoria obrera y política.

Mantener la memoria viva de Duarte como símbolo de resistencia y lucha obrera, no debe ser un recurso solo de los aniversarios. La memoria y los testimonios que buscan rescatar la historia popular y las experiencias de los trabajadores, es un elemento fundamental para entender los procesos sociales y políticos. Todo lo que se aporte al respecto debe pretender ofrecer una visión más profunda y cercana del pasado obrero y popular. La memoria colectiva ayuda a comprender las luchas y conquistas del movimiento sindical para incorporarlas al patrimonio de su pasado y su actualidad.

Quienes compartimos la importancia de la memoria popular para comprender la historia social del país, los trabajos existentes y otros que aún están en él debe, es uno de los aportes que debemos déjales para las nuevas generaciones.

León Duarte fue uno de los principales constructores de la unidad sindical uruguaya. Desde FUNSA impulsó una concepción amplia de organización que permitió integrar a obreros, empleados y supervisores en un mismo sindicato, fortaleciendo una experiencia inédita para la época. Esa práctica de unidad trascendió la fábrica y se proyectó sobre el conjunto del movimiento obrero.

Su participación en el proceso que culminó con la fundación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) fue coherente con esa visión estratégica: contribuir a una única central que expresara los intereses de la clase trabajadora por encima de diferencias políticas e ideológicas.

Militante de la Federación Anarquista Uruguaya y posteriormente de la FAU, Duarte fue además uno de los principales impulsores de la Resistencia Obrero-Estudiantil (ROE), experiencia que articuló la lucha de trabajadores y estudiantes frente al creciente autoritarismo. Más tarde integró la OPR-33 y en 1975 fue elegido presidente del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), manteniendo siempre el principio de autonomía sindical.

Otro aspecto poco recordado de su trayectoria fue su responsabilidad en el semanario Compañero, publicación que se convirtió en un espacio de formación política, reflexión y debate para el sindicalismo combativo y los sectores populares. Desde sus páginas promovió la unidad, la solidaridad y la organización democrática de los trabajadores.

Durante la huelga general de 1973 dirigió la ocupación de FUNSA, organizó la resistencia y preparó el relevo de la dirección sindical ante la inminencia de la represión. Más tarde continuó orientando políticamente al sindicato desde la clandestinidad y luego desde Buenos Aires, sin sustituir las decisiones de quienes permanecían en el país.

Su secuestro y desaparición en Buenos Aires, en julio de 1976, en el marco del Plan Cóndor, truncó una vida dedicada a la organización obrera. Sin embargo, su legado continúa vigente como símbolo de unidad, compromiso, inteligencia política y defensa intransigente de los derechos de los trabajadores.

El inicio y desarrollo del sindicato en los años 50 enfrentó dificultades y represión. La Fábrica Uruguaya de Neumáticos S.A (FUNSA)  estaba dominada por el autoritarismo patronal de Pedro Sáenz, que imponía una disciplina rígida y hacía muy difícil cualquier actividad de organización de los trabajadores. Duarte en ese escenario, fue una figura clave.

Los primeros esfuerzos sindicales fueron impulsados por un pequeño núcleo que se reunía en casas de familia y luego en el sindicato de CUTCSA.

En una prolongada huelga con campamento frente al Palacio Legislativo, Duarte fue una combinación de valentía, capacidad organizativa, solidaridad y firmeza al frente de la labor de la organización cotidiana.  Desde ese momento se transformó en un  referente del sindicato.

El punto de inflexión llegó con la ocupación de la fábrica en 1958, producto del descontento acumulado de arbitrariedades que desembocó en una movilización que modificó definitivamente la correlación de fuerzas dentro de FUNSA. La enorme mayoría de los trabajadores pasó a identificarse con el sindicato.

Con el correr de los años Duarte consolidó una dirección capaz de transformar un sindicato débil en una organización de masas. Impulsó la formación de un sólido grupo militante que acompañó la actividad cotidiana y permitió conquistar nuevos trabajadores.

La principal innovación política de Duarte fue su concepción de la unidad. Entendía que obreros, empleados, supervisores, capataces e incluso buena parte del personal de confianza compartían intereses fundamentales como trabajadores. A pesar de resistencias internas promovió su incorporación al sindicato, impulsó una amnistía para antiguos rompehuelgas y garantizó el respaldo a quienes rompían con la empresa para sumarse a la organización. Como resultado, la antigua Unión de Obreros y Empleados de FUNSA pasó a convertirse en la Unión de Obreros, Empleados y Supervisores de FUNSA, una experiencia prácticamente inédita en el sindicalismo de la época. Duarte tenía esa capacidad de construir unidad y fue el mayor legado organizativo de León Duarte y el fundamento de la fortaleza que alcanzó el sindicato posteriormente.

La represión militar y policial contra el movimiento sindical llevo a que Duarte y otros militantes políticos y sindicales fueran detenidos, desaparecidos y torturados en diferentes momentos. En esas lides, la represión que siempre generó miedo, también fortaleció la solidaridad y la lucha colectiva.

Numerosos testimonios permiten reconstruir, no solo el papel sindical de Duarte, sino también su personalidad, su estilo de conducción, sus cualidades humanas y políticas. Nunca utilizaba el sindicato para hacer propaganda de su organización política, nunca manifestaba públicamente en las asambleas que pertenecía a la FAU; las conversaciones políticas las mantenía de manera personal e individual; respetaba profundamente la autonomía sindical.

Uno de los rasgos más reiterados es su enorme capacidad intelectual, era muy hábil, sabía salir de discusiones aparentemente perdidas; encontraba argumentos donde otros ya no veían salida. En numerosas negociaciones en las que parecía que todo estaba perdido, terminaba obteniendo resultados.

Se lo recuerda como un polemista extraordinario. Apabullaba a la patronal, incluso cuando parecía derrotado encontraba la forma de revertir la discusión.

No se trataba únicamente de un dirigente sino de alguien cuya autoridad era reconocida espontáneamente. En las asambleas todos esperaban que hablara Duarte. Cuando finalmente intervenía, bastaban «cuatro palabras» para resolver discusiones largas.

Durante las ocupaciones de la fábrica, mientras otros estaban nerviosos, Duarte permanecía sereno, analizaba la situación, pensaba estrategias, organizaba los pasos siguientes. Siempre estaba dispuesto a escuchar y inmediatamente buscaba cómo ayudar. 

Duarte conocía perfectamente los tiempos de la negociación, cambiaba de estrategia cuando era necesario, encontraba caminos inesperados que terminaban logrando objetivos que parecían imposibles.

En su relación con dirigentes de otras corrientes políticas, disfrutaba discutir con los comunistas, los socialistas y militantes de otras tendencias. Nunca tuvo problemas personales con ellos, siempre debatía desde los argumentos. Las listas sindicales las integraba con militantes de distintas corrientes políticas.

Duarte solía citar a Buenaventura Durruti: «Podemos crear un mundo nuevo porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones», esa era su forma de transmitir valores.

El liderazgo de Duarte no provenía únicamente de su ideología, su autoridad descansaba en su eficacia, su capacidad para resolver conflictos, la confianza que inspiraba y su entrega permanente a los compañeros.

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