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Así No

A los empresarios de los medios de comunicación les soltaron la correa y comienzan a mostrar los dientes.
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Por Victoria Alfaro

En Equital (cuyos dueños son los mismos de canal 4, canal 10 y canal 12) despidieron a 20 trabajadores, la mayoría sindicalistas, uno de ellos incluso es el vicepresidente de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), Roque Delgado. No es la primera vez que Equital tensa la cuerda para tratar de imponer sus intereses sobre sus trabajadores, pero ahora se sienten libres para hacer lo que quieran.

En Montecable (el dueño es Romay, el mismo de Canal 4) despidieron a 28 trabajadores, también en su mayoría sindicalistas. En ambos casos la APU se manifestó con contundencia, porque entienden que se configura un claro caso de “persecución sindical”.

En Radio Tabaré de Salto, el dueño, Martín Olaverry (propietario también, entre otros medios de Radio Carve), despidió el miércoles a la periodista Sandra Canio por hacer un programa con “muchos sindicalistas”, debido a la entrevista que le realizó al secretario general del SUNCA, Daniel Diverio. Además de lo arbitrario y brutal del despido, se trata de una clara violación de la libertad de expresión. El SUNCA sacó un comunicado en apoyo a la trabajadora y de rechazo a la “actitud despótica” de la radio “que atenta contra la libertad de expresión, el derecho a la información y viola las más elementales normas de las relaciones laborales”.

Todo esto sucedió en los últimos días y después tenemos que escuchar a los trasnochados de siempre filosofar sobre la inexistencia de la lucha de clases. ¿Qué mejor expresión de la misma que lo sucedido? La más consecuente de todas, cercenar la organización sindical, aplastarla para no dejar ni rastro que permita a otros organizarse y reivindicar sus derechos, no solo como trabajadores sino y mucho más importante, como seres humanos dignos.

A todo esto y en medio de esta campaña feroz contra los trabajadores organizados en todas las ramas (y no por casualidad), en el Parlamento se está discutiendo una Ley de Medios retrógrada que le devuelve el poco poder que se le había logrado sacar a los dueños de los medios de comunicación, dejándoles, ahora sí, las manos libres para seguir utilizando las frecuencias, que le pertenecen a todos los ciudadanos, en su propio beneficio como lo vienen haciendo hace más de medio siglo casi sin oposición alguna.

Nada de esto es gratis, los favores se pagan, los tiempos de exposición continua en los canales también y por eso el Partido Nacional y el Partido Colorado, siempre estuvieron en contra de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), aquella que fue impulsada por las organizaciones sociales y apoyada por el Frente Amplio, que daba garantías a la población de que sus derechos no iban a ser cercenados ni pisoteados por los más poderosos.

La LSCA es la que está en peligro ahora con esta nueva Ley de Medios. Es una ley que si bien no se logró aplicar en su totalidad implica una limitación en la concentración de medios en pocas manos, otorga protección a los periodistas en su ejercicio de la profesión y por sobre todas las cosas defiende la libertad de expresión de las ciudadanas y los ciudadanos.

Ahora sin control y con la complicidad del Estado la agresividad de estas patronales acostumbradas a hacer lo que quieren será aún mayor, los recientes despidos son solo una muestra.

Es aún peor en el interior del país, en Salto donde la periodista cometió el pecado de llevar a un dirigente del SUNCA a conversar sobre la gran conquista de los trabajadores de la construcción y mucho más en medio de esta crisis. Claramente no les gustó el mensaje que llegó a los salteños a través de lo que Olaverry considera “su propiedad” y por eso se arrogó la potestad de decidir que deben saber o no sus oyentes. Quedó bien claro que no deseaban que la gente supiera sobre los logros del sindicato y por eso echaron a Canio.

Lo sucedido en Radio Tabaré es un síntoma de lo enfermas que están las relaciones laborales en el interior del país y de las paupérrimas condiciones en las cuales se trabaja, lo más lamentable es que muchas veces solamente a cambio de algunas migajas de pan.

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