20200730/ Javier Calvelo - adhocFOTOS/ URUGUAY/ MONTEVIDEO/ Acto de inauguración de la escuela de básquetbol dirigida a personas privadas de libertad en la unidad penitenciaria de Santiago Vázquez. En la foto: Módulo 11 de la Carcel de Santiago Vázquez exComcar en Montevideo. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

La Educación Pública y la llaga en el alma

Gonzalo Perera

Es una tentación muy humana el hacerse trampas al solitario al mirarse al espejo. Cuando la imagen que vemos reflejada nos muestra alguna arruga más, o algún mechón de pelo menos o lo que sea que no encaje en los cánones estéticos que tenemos, es tentador atribuir lo que vemos a algún defecto del espejo, o de la iluminación, etc. La trampa dura hasta que nos vemos en alguna foto bien tomada, en la que la arruga no la disimula nada, o nuestra progresiva calvicie queda en total evidencia. Ahí, se acaban las trampas al solitario y, como ocurre casi siempre, la realidad termina emergiendo, nos guste o no nos guste. Lo cual hace que sea mucho más sano enfrentar que escapar, tratar de asumirse tal y como uno es para seguir creciendo y madurando desde esa cabal autopercepción.

Este ejemplo puede parecer frívolo, pero es muy simple de entender y por lo tanto aproxima a otras trampas mucho más serias, en temas que de frívolos no tienen nada.

En los últimos días algunos medios y otros actores del gobierno han intentado desviar la atención del “caso Astesiano” hacia el compañero Gustavo Leal, a quien vamos a mencionar, pero por un motivo completamente distinto al “no hay mejor defensa que un buen ataque” herrerista.

Gustavo Leal, haciendo uso de su formación académica, escribió un muy buen libro sobre el fenómeno del sicariato en Uruguay, basado en preguntar de manera incisiva y dejar hablar a los protagonistas, que muestran su realidad por sí mismos. Es muy interesante, no sólo porque refiere a un fenómeno muy grave, creciente y de difícil comprensión para la mayoría de la población, sino por un subproducto que surge con absoluta nitidez de sus páginas.

En los relatos de casi todos los entrevistados surge “el otro Uruguay”, el Uruguay en las sombras, el que no sólo el gobierno, sino nuestras propias clases medias y nuestra tradición en materia de autoestima societaria, basada en la autopercepción como una sociedad pequeña pero muy educada, racional y cartesiana.

Surge el Uruguay en que muchos jóvenes adultos son analfabetos, y manifiestan que también lo son su madre o muchos de sus amigos o parientes. Más de un entrevistado refiere a sus dificultades para leer como “el problema de juntar las letras”, es decir de unir las letras que componen una palabra para reconocerla, lo cual corresponde a los niveles más primarios y mecánicos del desarrollo de la comprensión lectora. En diversos lugares del territorio, bajo diversos nombres, con aparente mayor incidencia en varones, el problema aparece una y otra vez en las entrevistas del libro. Obviamente, el analfabetismo no es una condena insalvable para incursionar en el mundo de la violencia, ni la educación sistemática garantiza no ser capaz de delinquir, pero desde la ausencia de la capacidad de lecto-escritura, es sumamente difícil, en los tiempos que corren, encontrar oportunidades de salir adelante de forma digna en la vida y cuando no hay salidas buenas, se puede llegar a tomar una muy mala. 

Hace tres años atrás estimábamos que un 2% de los rochenses eran analfabetos. Cualquier cálculo o suposición que uno haga, basada en datos o percepciones, sugieren que el problema hoy, y más aún a nivel de todo el país, seguramente es peor. Esta carencia educacional tan fundamental, que tanto excluye, es una arruga en el alma de la sociedad.  Se da de bruces con el Uruguay integrado y “todos unidos bajo la camiseta celeste”, educado y capaz de grandes logros, que una y otra vez vemos en los grandes medios y en buena medida, no pocas veces, uno mismo se descubre haciendo  fuerza para creérselo, aunque sea un poquito. Pues no, como el maldito espejo que siempre termina teniendo razón por sobre nuestros disimulos o escapismos, esta realidad de mucha gente joven seriamente impedida de integrarse y visualizar un horizonte esperanzador en su vida es realmente una herida imposible de disimular y con consecuencias de muy difícil contención.

Es evidente, además, que en estos tiempos en que “la transformación educativa “reduce la incidencia de la Educación Pública, la capacidad de influir en ella de sus protagonistas recorta muy seriamente recursos y contenidos, vacías exigencias y derrumba estímulos, esa problemática extrema se agudiza día tras día.

No ocultamos que, sin desmerecer su importancia, nos parece apresurado y poco agradable ver la atención que reciben los cálculos y posibles posicionamientos electorales en nuestro FA. Pero no por caprichosos, sino porque este Uruguay de alma completamente arrugada es el que, si se alcanza la victoria electoral, deberá gobernar el FA a partir del 1 de marzo del 2025. Con una franca expansión de carencias enormes a nivel de educación poblacional. Nos parece que nuestra atención debería volcarse más hacia afinar la percepción de esta cruel realidad y generar tres o cuatro líneas que permitan guiar su abordaje de manera radical y profunda.

No es un problema banal, ni sencillo, permítanme poner dos simples ejemplos.

Por un lado, si bien es muy difícil hacer campañas masivas de alfabetización como las que enfocaron los procesos revolucionarios en Cuba, Nicaragua, etc., hacer una campaña no generalizada, sino focalizada donde se necesita, pero que realmente llegue donde debe llegar, es también complicado, porque el público objetivo está más disperso, y es más difícil identificarlo. Además, muchas personas por pudor no revelan sus verdaderas carencias y la magnitud del problema suele ser subestimada, y un largo etc. 

Por otro lado, si bien la prepotencia de la LUC y el ataque encarnizado del gobierno a docentes, estudiantes y sus organizaciones, nos ha llevado a reclamar desde el FA una y otra vez por semejante barbaridad, el mero cambio de emblema del gobierno no soluciona el tener un relacionamiento fluido y eficaz  con los protagonistas de la Educación, que haga que efectivamente los cambios se hagan con los actores involucrados, con sus aportes y propuestas, con la comunidad y no como un proyecto vertical. Este problema hay que enfocarlo en serio: la formación docente, el prestigio de la carrera docente y el respeto desde los ámbitos de gobierno al conocimiento y capacidad de propuesta y acción de los docentes, no se puede plantear el 2 de marzo del 2025 y no está garantizado por el hecho de que el FA acceda al gobierno. Lo estará si el FA recorre el camino de hacer conciencia de la entidad del problema y la necesidad de compartir el andar con los actores sociales, en lineamientos programáticos, que, una vez más, no son solo frases, son ideas y gente dispuesta a llevarlas adelante con dientes apretados.

El FA ha hecho un gran esfuerzo en escuchar y ser escuchado, y seguramente lo intensifique. El programa de las grandes mayorías populares para los cambios impostergables, que se genera en el Congreso del Pueblo, obviamente tiene un núcleo medular en la Educación y debe proponerse cambiar no sólo las perspectivas de las futuras generaciones, sino también atender la realidad de quienes ya están en situaciones problemáticas hoy.

La Educación Pública es el alma misma de nuestra sociedad, y la creciente marginación de ella de tantas y tantos, es más que una arruga, una llaga, que ni se puede ni se debe ignorar. El espejo no se equivoca, y particularmente nuestro FA y todo el campo popular debemos pensar cómo resolver semejantes heridas, postergando lo que puede ser muy atractivo para los medios, pero para nada urgente frente a problemas de este calibre.

Foto de portada:

Módulo 11 de la Cárcel de Santiago Vázquez (ex Comcar). Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.

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