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La noche despierta de Miguel Avero

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Sobre «Libreta insomne»

Por Santiago Manssino

“Libreta insomne” es un poemario de Miguel Avero (1984) ganador del VI Concurso literario del Espacio Mixtura en la categoría poesía y publicado por la Editorial Primero de Mayo en la segunda mitad de 2019.
El autor ya ha publicado otros dos libros de poemas “Arca de Aserrín” (Ediciones en blanco, 2011) y “La pieza” (Walkie Talkie ediciones, 2017), además de la nouvelle “Micaela Moon” (Travesía Ediciones, 2014) y el libro de prosa poética “Que nadie pregunte por ti” (Bestial Barracuda Babilónica). Participa del proyecto Orientación Poesía, ciclo de charlas en liceos, junto con Santiago Pereira y Hoski, y con ellos formó “En el camino de los perros”, antología online de poesía ultrajoven uruguaya, proyecto que además lleva a cabo ciclos de lecturas y ha publicado un primer libro en una edición muy cuidada.
Miguel Avero participó de otros proyectos poéticos y de investigación literaria, algunos a nivel continental y ha sido publicado en Argentina, Venezuela, España, Colombia, E.E.U.U. e Inglaterra, entre otros países. Es de destacar también su interés por la relación entre la literatura y el fútbol, escribiendo él mismo narrativa sobre fútbol y publicando el fanzine “Crack”, con tres volúmenes de 2015 a 2017 junto con Didier Castro y colaborando con el suplemento “Garra” de “La Diaria”.
Esta “Libreta Insomne” nos sugiere, de entrada, los misterios de la noche. El estar despierto a la hora en que se duerme, un registro de lo que no se ve. Pero ¿cuál es esa noche, y cuál ese insomnio?
El poemario se estructura en tres partes o secciones, cada una de diez poemas: “I Configuraciones primarias”, “II Persianas de los otros” y “III Libreta insomne”. Todas tienen una cita, un epígrafe y comienzan, antes del primer poema, con un paratexto, una especie de introducción entre corchetes y en prosa. El poemario evoluciona y parte de la densidad hacia textos cada vez más despojados, teniendo los poemas de la última sección no más de seis versos.
La primera parte lleva una cita de la poeta Circe Maia que marca el terreno misterioso y lleno de dudas en que se va a adentrar el poeta. La introducción nos dice lo que se va abordar y como se aborda, y también hay allí una contradicción y una unión entre el ser y el devenir, entre la memoria y la percepción.
Hay un juego entre la soledad, el ser y el recuerdo; “Nadie hay detrás de la puerta,/ el error es quedar a la espera del sonido;/ eso que se mueve;/ luces y sombras.” (1). O también:
9
Mentira y olvido:
la piedra
llega
desgastada.

Puñado de arena
-apretado-

el recuerdo.

La inestabilidad de la percepción y la inestabilidad de la memoria, la lucha por mantener el ser, a pesar de su deterioro. Lo que condena a la soledad en la noche del sujeto, pero también el yo poético sabe hay un origen y un destino en que todo y todos se realizan y son- tal vez eso sea el amor- sin ser “uno” pero realizándose de manera absoluta a la vez, como lo muestra el quinto poema de la serie:
5
Hundí las manos
fui tocado,
era inmenso probar la inmersión;
cuerpo hasta las muñecas,
lo demás
era
lo demás,
era todo era real;
ser,
ser mundo con el mundo.
Recordar,
allí, fue sobrar: …”

El yo poético porta un abismo, en el que trata de adentrarse, y a la vez lucha por percibir el mundo, pero en esta noche suya empieza a encontrarse a sí mismo, que es también encontrarse con el mundo: “Sin embargo/-tras un destello-/ empezaba a dibujarse/ el camino de regreso. (10)

Es así que en la segunda parte se aborda el camino hacia los otros, hacia el otro, ese encuentro necesario e imposible a la vez. En esta oportunidad el autor elige una cita de José Emilio Pacheco. Esta cita y el paratexto nos dan una idea de la temática a desarrollar en los poemas que siguen:el dolor individual, la angustia y la duda insondable del yo, que a la vez es de todos, que de pronto se reconoce en el otro, pero aún así se vive en soledad, porque ante esto se está solo, aunque el otro este en la misma encrucijada:
2
Solo
cavo en la dificultad.
Cavo en la dificultad
del campo inmenso.
Solo.
Cubre la neblina
mis intenciones.
Cierra mis párpados
el lente del sudor.
Una orquesta
merodea.
Una orquesta
de azadas

me rodea.

Este último juego verbal lleva una de las claves de la angustia posmoderna; el sujeto buscando su justificación ontológica y su devenir en medio de otros que buscan lo mismo, pero que no se comunican.
Sin embargo el yo poético va encontrando formas de romper el cerco, de tender el puente necesario, de superar libertades con obsolescencia programada para encontrarse con la libertad, que siempre es con el otro. Este camino hacia la otredad puede ser el amor, el derrumbe para volver a un pasado renovado o el tirarse de cabeza en las aguas de la especie. Aunque nunca sin dificultades:
3
Cuando el abismo
se devore a sí mismo
chocaran las dos orillas.
Habrá muerto el esclavo,
pasado el discípulo.
Estaremos,
no estarás.

Siempre algo sobra, o algo falta; la experiencia es siempre distinta y el conocimiento absoluto, el encuentro absoluto, imposible; pero valen los lugares donde se da el choque, el encuentro.
Está también la entrega total:
6
A veces la libertad
está en el sumergirse,
el ahogo es volver a respirar,
el nado en la nada
probabilidad.

Pero este sumergirse ¿Es en el mundo o en uno mismo? ¿Esa nada es la externa o la interna? Quizá esté esbozada la necesidad de navegar en ambos mares.
También aquí el último texto de la serie anticipa el desarrollo que vendrá a continuación: exorcizar la noche.
La tercera sección lleva el nombre del ṕoemario, y parece eso: los apuntes de una aventura en la noche. La aventura de estar despierto cuando se duerme, signo de inquietud, de intranquilidad. Hay también una dimensión temporal; el tiempo parece detenido. También una dimensión de la percepción; un estado alterado, o un exterior alterado; todo se percibe diferente a la vigilia. “Inmovilidad sin reposo” dice el paratexto introductorio. Y los insomnes son la noche:
1
En su particular rincón
los insomnes forman
-sin saberlo- el verdadero
puzzle de la noche. En los
márgenes
remolinea el sueño.

Pero hay una dialéctica sueño-noche-vigilia:
6
A veces el ritual del sueño
requiere de una contraseña.
No siempre se trata
del cansancio.

Ese insomnio puede ser una condena, un embrujo, del que yo poético quiere escapar por momento, pero no logra entrar al territorio del sueño, y la visión de la noche se vuelve una distorsión, y hay una transformación del mundo y del ser. Un embrujo de la noche:
8
En el lecho,
acostado,
de ojos abiertos,
con los brazos
en el pecho:
ennochado.

Esta parte toma una cita nada menos que de Borges: “Creo esta noche en la terrible inmortalidad”. Pero termina en el último poema sugiriendo que el sueño sueño deseado, es a la vez temible. Ese estado fuera de la conciencia que puede transformar el ser para siempre o simplemente destruirlo. La muerte acechando en la noche, en el sueño:
10
¿Y si el sueño derrumbara
la consabida escalera
que devuelve a la vigilia?

Este último texto se enmarca en la tradición literaria, en el tópico que relaciona el estado onírico con la muerte.

Así la angustia y la duda otológicas, la búsqueda interna y la necesidad del encuentro con la otredad, un estado distinto de la percepción, el tiempo, el amor y la muerte recorren la aventura en la noche despierta del yo poético (noche que puede ser toda la vida), en un poemario que sabe utilizar recursos de ritmo y que usa al mismo tiempo un lenguaje poético simbólico pero concreto. Miguel Avero nos muestra entonces en este libro un grado de madurez y hondura poéticas.

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