“Las mujeres comunistas”

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EL POPULAR transcribe los aspectos principales de la intervención de la diputada Ana Olivera.

(…) “Quiero referirme especialmente al papel de las mujeres comunistas en todos los ámbitos de la vida partidaria y de la sociedad uruguaya. Les pondré nombre y apellido a pocas, pero nuestro Partido, a lo largo de su historia, incluyendo los años más difíciles, contó con las mujeres como protagonistas, en esa capilaridad que tuvo y tiene en todo el país.
Es ineludible referirme a Julia Arévalo, fundadora de nuestro Partido, obrera tabacalera desde los diez años; con solo cuarto año de primaria fue parte de las luchas obreras, organizadora, oradora encendida desde el corazón de las vivencias cotidianas de nuestro pueblo.
(…) Imagínese, señor presidente, a una mujer dirigiendo un regional partidario en 1928. Julia estuvo en el conflicto del Anglo, y fue detenida al llegar a Fray Bentos, en medio de ataques a los locales sindicales y partidarios. Julia también estuvo en San Javier, en enero de 1933, en una asamblea en la casa de los sindicatos, con un numeroso grupo de campesinos y campesinas. Allí son baleados, sableados, y de los nueve heridos cinco son mujeres, entre ellas, Julia Arévalo. Allí muere Julia Scorino.
Estos hechos conocidos como la masacre de San Javier son parte de nuestra historia, la de nuestro país, la de los comunistas, y provienen de lo más hondo que nos define, que es la lucha por la justicia social.
Las siguientes son palabras de un dirigente del Partido de Salto, dichas en 1970 y apropiadas para todas las épocas: “Los hombres no nos damos siempre cuenta de lo que significa para una mujer, madre de familia, ser comunista en aquellos años plagados de prejuicios y prevenciones, cuando a los comunistas se nos pintaba poco menos que con cuernos y colmillos y con un puñal entre los dientes. Entonces los hombres comunistas no estábamos y no estamos totalmente todavía libres de reservas frente a la mujer militante”. Esto representa Julia y a las Julias que dieron batalla contra la dictadura de Terra.
Julia Arévalo estuvo, una vez más, clandestina y, luego, presa. Aún podemos escuchar a Julia, cuando en el Ateneo de Montevideo, en representación de nuestro Partido, se expresó en el homenaje a Baltasar Brum, sobre el tema “Brum como bandera de libertad “.
(…) En las elecciones de 1942 Julia resultó electa diputada; fue la primera diputada comunista de América, junto con la diputada batllista Magdalena Antonelli Moreno. Julia también fue la primera mujer senadora. En 1958 será edila departamental, luego del Congreso de 1955, en el que, por supuesto, fue protagonista.
No hay quien no reconozca sus aportes, su militancia, su lucha por los trabajadores, su lucha con las mujeres. Contribuyó a la organización de los asalariados rurales; trabajó en proyectos de ley que consagraban los derechos de las mujeres trabajadoras, la protección del trabajo femenino, la maternidad, la equiparación salarial, la jubilación de las trabajadoras domésticas. ¡Cuánto tiempo nos llevó!
Participó, en 1948, en la creación del Instituto Nacional de Colonización, en un debate, en este lugar, con los entonces senadores Manini Ríos y Gallinal.
Nuestra Rosita Dubinsky comienza un artículo sobre Julia con las palabras de Alba Roballo ante su muerte: “Murió nuestra maestra”.
Sin embargo, cada vez que leo sobre Julia me impacta que quien se refiere a ella siempre destaca que Julia fue una madre ejemplar, preocupada, ocupada de sus hijos, luego de sus nietos y nietas; es una especie de disculpa innecesaria, pero expresa con claridad cómo la mujer militante siempre tiene que estar demostrando algo.
(…) Pensamos en Susana Pintos, asesinada justo un 21 de setiembre, en 1968, o en Nibia Sabalsagaray: jóvenes generaciones en aquella época en la que, en muchas ocasiones, en su condición de mujeres, no necesariamente compartían los mismos problemas, las mismas inquietudes que las adultas nucleadas en algunas organizaciones de mujeres, pero sí momentos de unión profunda en la lucha contra la dictadura, en defensa de la democracia, como cuando llegaron las comunistas, en 1976, a la cárcel de Punta de Rieles, y ya había allí otras compañeras presas. En ese año duro llegó Chicha, Rita Ibarburu, en medio de un grupo de mujeres ávidas de preguntarle todo, miembro del Comité Central, secretaria de redacción de la revista Estudios. Podemos hablar de la queridísima Ofelia Fernández, un símbolo para una generación, luchadora incansable, valiente, presa y torturada salvajemente, pero no solo en Punta de Rieles(…)
Asimismo, podemos hablar de las Cornalino, en la cárcel de Paso de los Toros, en el establecimiento Militar de Reclusión Nº 1 Femenino (…) , o de las hermanas Castillo, de Carmelo; todas hablan de su experiencia de solidaridad y de unidad en la cárcel. Pero a las mujeres, a las ex presas de todos los sectores, les costó mucho denunciar los abusos y las torturas que padecieron, sin excepción. No olvidemos a las jóvenes de 1983.
(…) Pensando en este día, pasaban y pasaban por mi cabeza Tita Cogo, Elena Rolández, las Saras, Mecha, la Gallega Antonia, Charna, Ivonne, y entonces, me dije: “Imposible nombrarlas a todas sin ser profundamente injusta”, pero no puedo dejar de nombrar a la Pocha Sanjurjo, detenida desaparecida.
En la cárcel, en la clandestinidad y en el exilio, las comunistas fuimos militantes por la reconquista de la democracia; claro, nunca solas. Y quiero simbolizar en Nilda Iglesias el aporte internacionalista de nuestras mujeres.
(…) Al inicio de la década de los noventa, la discusión sobre la lucha de las mujeres y nuestras reivindicaciones fueron parte de los debates partidarios, de los debates de la Comisión de Mujeres del Partido, discusiones de fondo que enfrentó a queridas camaradas y miro a alguna, truncadas por la propia crisis partidaria que estábamos viviendo, más allá de nuestro aporte al triunfo del Frente Amplio en Montevideo, en 1989, que nuevamente puso a mujeres comunistas en el Parlamento.
Acá todos y todas sabemos que el Partido Comunista vivió una crisis, que decimos que “explotó” en 1992. Más allá del lugar en que se posicione cada uno, el Partido Comunista decidió que tenía un lugar ganado en el corazón de vastos sectores de nuestro pueblo. A mí me gusta expresar que “el Partido salvó al Partido”. Éramos dirigentes y militantes territoriales de base, del movimiento social, sindical, y las mujeres comunistas sacamos fuerzas de abajo de la tierra. En el Congreso extraordinario, las más votadas fueron dos mujeres: Marina Arismendi y Alicia Pintos; Marina, luego secretaria general, dos veces senadora, dos veces ministra. Dirigentes sindicales como Carmen, María, Celia, Beatriz o Ninoshka; hubo momentos en aquellos años en que era casi paritario el Comité Central y el Comité Ejecutivo. Creo que está en el debe analizar el papel de la mujer en los momentos de crisis.
Mujeres y comunistas: un doble compromiso, sin duda. La lucha por la igualdad y la justicia social en la sociedad implica la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, la lucha contra el racismo, los derechos de la diversidad.
Hoy las jóvenes generaciones han tomado la delantera lo que nos alegra , y nos han impulsado para fortalecer la Comisión de Mujeres del Partido Comunista. (…)
¡Vaya el reconocimiento en estas palabras a las miles de mujeres que forjaron este Partido, en cada rincón del país, estén hoy donde estén, y a las que hoy siguen construyéndolo! ¡Vaya también a todas aquellas que hoy buscan enlazar en la práctica la lucha por los derechos de las mujeres con la lucha por la igualdad y la justicia social en toda la sociedad, que no lo hacen solas: lo hacen en el seno del Frente Amplio, de las organizaciones sociales, sindicales y juveniles! (…)