La Cámara Alta conmemoró los 50 años del asesinato de los ocho obreros comunistas.
El martes 10 de mayo el Senado realizó un homenaje a los ocho mártires de la seccional 20 del Partido Comunista de Uruguay (PCU) al cumplirse 50 años de sus asesinatos.

Una nutrida presencia en las barras del Senado acompañó la iniciativa. Se hicieron presentes familiares de los mártires de la 20, como Claudia Sena, hija de Justo Sena, uno de los obreros asesinados y Norma Machado, hija de José Machado, uno de los sobrevivientes, el único que aún está vivo, que no pudo concurrir por su avanzada edad y problemas de salud, si estuvo presente en el multitudinario acto realizado en Agraciada y Valentín Gómez el 23 de abril, del que El Popular realizó una extensa cobertura en su edición 585.
La dirección del PCU, encabezada por su secretario general Juan Castillo y la de la UJC, así como militantes comunistas, de sindicatos y Comités de Base del Frente Amplio. También estuvieron, entre otras y otros, la diputada Verónica Mato y los diputados Ubaldo Aita y Federico Ruiz.
Abrió el homenaje el senador de la 1001, Unidad para los Cambios y el Frente Amplio, Oscar Andrade, quién realizó una emotiva intervención centrada en los homenajeados y en el hecho que se recordaba, para lo cual se había realizado la convocatoria.
En el mismo sentido se expresó a continuación el senador del Partido Nacional, Jorge Gandini, quién se refirió al contexto histórico, a los hechos de violencia sucedidos en los días antes al asesinato de los ocho obreros en la 20 y condenó los asesinatos. Pero luego intervinieron los senadores de Cabildo Abierto, Raúl Lozano y Guillermo Domenech, quienes reiteraron una versión de los hechos que ha sido demostrada como mentira, por las denuncias realizadas en el propio Parlamento en 1972, las propias autopsias de la Justicia Militar de hace 50 años, la autopsia histórica realizada durante el juicio abierto en el 2001 y múltiples investigaciones periodísticas, entre ellas de El Popular, e históricas.
Luego se sucedieron varias intervenciones de senadores y senadoras frenteamplistas, que rechazaron los señalamientos y retomaron el homenaje. Benjamín Liberoff, de Fuerza Renovadora, en su doble condición de militante presente en el activo de la UJC atacado dos días antes e hijo de Manuel Liberoff, médico, comunista, que atendió a los heridos y luego fue secuestrado y desaparecido en Buenos Aires en 1976, realizó una emotiva y documentada exposición, reivindicando la verdad histórica y homenajeando a los 8 obreros comunistas. Lo propio hicieron, Daniel Olesker, del Partido Socialista; Amanda Della Ventura y Enrique Rubio, de la Vertiente Artiguista y José Carlos Mahia, de Asamblea Uruguay. Cerró las intervenciones la senadora del Partido Nacional, Graciela Bianchi, quien también abordó el debate histórico y el contexto, pero condenó el asesinato de los ocho obreros en la 20.
La intervención de Andrade
EL POPULAR reproduce íntegramente la intervención del senador Oscar Andrade.
“En primer lugar, quisiéramos agradecer la presencia en la barra, en particular de Claudia Sena, hija de Justo Sena, uno de los mártires de la 20 y de Norma Machado, hija de José Machado, de Machadito uno de los sobrevivientes.
La poesía de Zitarrosa sostenía: “Fruto maduro, del árbol del pueblo, la canción mía siempre porfía
Puede morir, pero quiere, cantarle sólo a la vida, que no la olvida […] Quiere ser flor y se cierra como un puño; que la cuide, eso me pide”.
En la madrugada del 17 de abril de 1972 las fuerzas del Ejército y la Policía asesinan a ocho obreros. Sitiaron el local de la seccional 20 del Partido Comunista del Uruguay, en la avenida Agraciada casi Valentín Gómez. Hicieron salir a los militantes y los fusilaron. Este espantoso crimen se produjo un año antes del golpe de Estado y tuvo una explicación oficial que las mismas Fuerzas Armadas dieron en el vergonzoso comunicado Nº 77. Tres hombres sobrevivieron a la matanza: el Vintén Rodríguez, el Peluquero Fernández y Machadito. La justicia militar que actuó en el caso no procesó a nadie. Los sobrevivientes fueron liberados al poco tiempo y volvieron a trabajar en sus fábricas.
Ese abril de 1972 estuvo marcado por la declaración del Estado de Guerra Interno, cuando en esta casa se estaba en condiciones de extraordinaria complejidad, con la turba que pedía el asesinato de Enrique Erro, con la presidencia de la Asamblea General intentando cerrar esta casa, con el Ministerio del Interior intentando garantizar personalmente la seguridad y no pudiendo controlar a los uniformados. En la versión taquigráfica de esa noche Zelmar Michelini decía que “[…] en la noche de hoy la Asamblea ha trabajado no dentro de sala sino en el ambulatorio, con un fantasma que se ha movido permanentemente y es el fantasma de las Fuerzas Armadas exigiendo que se voten determinadas medidas porque de otra forma quién sabe lo que puede pasar”.
Esa misma noche fue incendiado el local del Partido Socialista en la ciudad de Mercedes y hay un asalto al local del Partido Comunista a pocas cuadras de acá, en la calle Sierra 1720. Un grupo armado ocupó a balazos la casa durante un acto de la Juventud Comunista. Se destrozaron el local, las mesas, sillas y máquinas de escribir. Rociaron a los militantes con nafta, los golpearon, los robaron. Mirta Macedo recuerda cómo Nibia Sabalsagaray, cuya sonrisa nos sigue convocando, ocultaba en su camisa recursos que eran parte de las finanzas partidarias.
El primero en llegar al lugar es el entrañable Ruso Turiansky, entonces diputado. Lo comenta el Ruso en la versión taquigráfica de esa noche, cuando vuelve a la asamblea: “Cuando llegué a Sierra había una gran confusión, quizá porque todos los que mandaban estaban de civil […]. Vi cientos de personas tiradas en el piso, con cara de “aquí se terminó todo”. Preguntó quién era el responsable del operativo y, cuando se dieron cuenta de que era un legislador, lo llevaron hacia afuera.
La presencia del Toba Gutiérrez Ruiz y de Zelmar Michelini, junto con otros legisladores, fue fundamental para evitar una masacre, así como también del juez Daniel Echeverría. El testimonio del juez Daniel Echeverría de lo que pasó esa noche en Sierra es contundente: “En Sierra no se encontraron armas, no había nada delictivo. Se trataba de la reunión de un grupo político, nada más. Fueron a provocar, a pasarlos por arriba”. Los heridos de esa noche –muchos con fractura de mandíbula, algunos perdieron dientes o salieron lesionados en un riñón– fueron atendidos por Manuel Liberoff (luego secuestrado y desaparecido en Buenos Aires).
Lo de Sierra fue una acción premeditada y planificada para provocar una reacción y mezclar en actos de violencia que arrojaran aún más muertos sobre la mesa. La masacre iba a ser así, pero se dio dos días más tarde en la 20.
El diputado Gutiérrez Ruiz decía en la Asamblea General, y consta en la versión taquigráfica de esa noche: “Pero allí, en la sede del Partido Comunista había otra clase de gente que mandaba con un tono muy importante. Yo sé, y todos sabemos que las autoridades respectivas tienen que conocer quiénes son los que mandan de esta manera. Y si no lo saben me vuelvo a horrorizar. No puede ser que no se sepa que allí había personajes semidisfrazados que daban órdenes autoritarias, que eran los más mandones de todos y que después se supo que también estuvieron en otros incidentes, siendo los responsables de todo”.
El 16 de abril hubo 13 atentados con bombas, uno de ellos en la casa del candidato a la vicepresidencia del Frente Amplio, Juan José Crottogini. Se convocó a una movilización en solidaridad en su casa, que fue brutalmente reprimida, represión que terminó dentro de la propia casa de Crottogini. Ese mismo 16 de abril allanaron tres veces la 20, el local del Partido Comunista ubicado en Agraciada y Valentín Gómez. No encontraron nada en ninguno de los allanamientos, pero ordenaron su desalojo, se llevaron detenida a una agrupación de compañeros de Codarvi –del vidrio– y después se autorizó a que quedara una persona en la casa, Luis Alberto Mendiola, en calidad de emplazado.
La orientación partidaria refería a que no había que ir a los locales, que la cosa estaba peligrosa, pero circuló por La Teja, como reguero de pólvora, que Mendiola estaba en el local, que no había que dejarlo solo.
Se preparó un operativo: hubo un apagón, allanamientos; se detuvo a todos los espectadores que salían del cine Alcázar, muy cerca de la seccional 20. Se baleó la casa del profesor Ricardo Pallares. Hubo compañeros, trabajadores de La Teja, que fueron a rodear a Mendiola.
Mendiola estaba parado en la puerta de la seccional con un chaquetón de paño. ¿Quién era? Era el responsable de propaganda. Dicen quienes lo conocieron que era el primero en llegar y el último en irse de la seccional. Luis Alberto era su nombre, en homenaje al caudillo Herrera, tenía 46 años, era oriundo de Casupá y reconocido por la firmeza en las causas, así como por la pasión por la pesca y los niños. A Mendiola le dispararon seis veces: el primer balazo en la cabeza, la bala lo hiere, pero no penetra; el segundo le destroza la cara y sale por la nuca; los otros disparos fueron en el hombro, en un brazo y en las piernas. La autopsia, además, registra en su cuerpo heridas cortantes, probablemente de bayoneta, como de arma blanca.
José Abreu, metalúrgico, trabajaba en la sección de moldeado de Nervión. Tenía 37 años y hacía tres que se había afiliado al Partido Comunista; tenía cuatro hijos y una mujer joven. Tenía un terrenito en el kilómetro 29.800 de la ruta 1, a 15 cuadras de la carretera, donde estaba construyéndose su casa. Era un hombre más de fábrica que de Partido, más militante sindical que partidario, no era un cuadro político. Se había criado en el cantegril, cerca de Nuevo París, a las puertas de las curtiembres. Un balazo en el pecho le perforó el pulmón. Cuando ya estaba caído en la calle le disparan otra vez. Intentó moverse, no pudo; la bala le había atravesado la médula espinal y le paralizó las piernas. Se arrastró, se resistió, pero unas horas más tarde la muerte lo venció.
Ricardo González: cuando llega la noticia a la agrupación Nuevos Rumbos de que había problemas en el seccional, Ricardo estaba jugando un picado, al fútbol. Les pide a los compañeros que lo esperen, pero después cambia de idea. “Vayan ustedes”, dijo, porque primero quería avisarle a su mamá para que no se preocupara. Entonces, le termina diciendo que no va a ir al seccional. Vivía con el padre y la madre y trabajaba desde los 13 en un reparto de pan. Aprendió el oficio, seguramente –para entendidos– entre barcas y tendillos. Entraba a las tres de la mañana a trabajar, a hacer el pan; ya era maestro de pala, a pesar de su joven edad. Acababa de cumplir 21 años, tenía novia, un oficio y hacía dos meses se había afiliado al Partido Comunista. En pocas horas iba a morir de un balazo que le disparan en la nuca, contra el piso, desde muy cerca. Zitarrosa le refería en su inmortal canción: “Lleva en las manos heridas, una flor con una espina, agua y harina”.
Ruben López había jugado al fútbol en Liverpool y era verdulero. Tenía su puesto de verduras en la cuadra del seccional y pasaba por allí; dicen que vivía más en el local del Partido que en su casa. Estaba contento: le había regalado una campera el Gallego Buño, médico. Le dan un tiro en la nuca y, cuando cae, lo rematan de un balazo en la cabeza.
Elman Fernández: su padre era violinista de la orquesta del Sodre y él, siendo también violinista, estudió violonchelo hasta que su padre murió. También fue boxeador y era el sereno del local. Nadie podía creer cómo, con manos tan grandes, podía tocar con tanta destreza el violín. Y no había militante del seccional que le pudiera ganar al ajedrez. Elman Fernández muere al lado del seccional, en la puerta de la casa de Esteban Benlián. El primer balazo, en la pierna, lo hace caer; el segundo, en la cabeza, desde muy cerca.
El Pulpa Gancio –Raúl– trabajaba desde los 11 años en la fábrica de vidrio Codarvi. Era muy, muy querido; le decían Pulpa por chiquitito y colorado. No era lo que se dice un militante modelo, disciplinado; al Pulpa no le gustaban mucho las reuniones de agrupación, pero estaba primero que nadie en las marchas, en las pegatinas y a la hora de vender El Popular, y como era incondicional, ese día, que había problemas en la 20, decidió no dejar solo a Mendiola. Raúl Gancio tenía 37 años y una hija muy pequeña a cargo. Le disparan una sola vez esa noche; una bala le hiere el vientre, cae y agoniza durante largas horas tirado en la avenida Agraciada. Hay muchos testimonios de vecinos que recuerdan el reclamo de Gancio, que no lo dejen morir: pide por su hija.
Justo Sena era aquel en cuya cara podía verse cualquier curtidor. Tampoco estaba mucho para las reuniones, pero sí estaba para las jornadas de propaganda. Siempre estaba en todo, tanto que había un refrán en la 20: “Andá a buscar al Cacho, que el Cacho siempre rinde si hay que organizar una actividad”. A Sena le disparan tres veces: la primera bala le da en el pecho, lo tira hacia atrás y cae. Le dan un balazo en el vientre, lo quieren rematar en el suelo, pero no muere, y con una hemorragia interna llega hasta el amanecer.
El Torito Cervelli –Héctor– muere 11 días después. El Torito estaba junto con Machado en la guardia, en la puerta. Son los primeros en salir del local. Era obrero metalúrgico, fundador de la UNTMRA y muy querido en Pueblo Victoria. Comenzó a trabajar a los 9 años como repartidor de leche y luego en la fábrica.
El balazo a Machado le había sacado un pedazo de hueso de la cabeza. En el Hospital Militar, cuando el Torito muere, Machado, internado a su lado, le hace un homenaje: se paró enfrente de él hasta que se lo llevaron.
Al otro día de esta masacre, Carlos Quijano, desde las páginas de Marcha, escribía: “Otra vez los cortejos fúnebres, transidos y tensos. Vivimos para enterrar a nuestros muertos y en el desolado acecho de los que puedan caer. Montevideo es ahora la ciudad de la angustia incierta. Angustia que es cifra de todas las angustias. Como en territorio ocupado, se está atento al golpe despiadado, sigiloso o aleve. Pero sobre este fondo vitando de persecución, torturas, y asesinatos, nada puede construirse. La muerte nos ha ganado. Hay que vencer a la muerte que ha llegado a ser dueña y señora de nuestro quehacer. Porque el país se nos ha ido ya de las manos y el tiempo de reconquistarlo no admite espera. Mientras enterramos a nuestros muertos, con ellos vamos enterrando al Uruguay”. El arzobispo de Montevideo, monseñor Carlos Partelli, concurre al local del Partido Comunista y ora ante los féretros.
El 18 y el 19 de abril se intentó convocar de urgencia al Parlamento y no hubo cuórum; en nueve oportunidades se convoca al Senado y no hubo cuórum. Aquí quiero recordar a Vasconcellos, que sí estuvo –fue de los pocos de su colectividad–, y a Sapelli (ambos del Partido Colorado).
El 27 de abril, el diputado Jaime Pérez llega al Parlamento con un informe demoledor. De la investigación que presenta a la Comisión de Constitución y Legislación de la Asamblea General, se concluye que: “Las siete autopsias prueban que ninguno de los obreros muertos cayó en combate. Las heridas evidencian que fueron ejecutados, algunos por la espalda, de un tiro en la nuca. […] la bala que hirió al capitán Wilfredo Busconi fue una bala de guerra, de alto poder, con seguridad disparada desde filas militares.
El presunto local tupamaro en la calle Valle Edén 3718 donde se montó la ratonera, no era tal puesto que el dueño de casa fue liberado al día siguiente de los hechos. En el Seccional 20 no se encontraron armas ni se cometió ningún delito: todos los detenidos fueron liberados”.
El informe de Jaime Pérez fue calificado por Enrique Beltrán, como “una exposición seria, impresionante para todos los miembros de la comisión, en la que no se deslizaron agravios, sino que simplemente se señalaron hechos”, los porfiados hechos.
Por otro lado, estaba la Orden de Seguridad que lleva el número 1. “La Orden, que la prensa publica el martes 18, ha sido difundida por radio el día anterior. En ella se hace saber a la población que los medios de difusión no podrán dar ningún tipo de noticias sobre operaciones militares o policiales que no sean suministradas oficialmente, no podrán informar acerca de actos realizados por las organizaciones subversivas, reproducir documentos relacionados con ellos ni emitir opiniones o juicios sobre la actuación de las Fuerzas Armadas y de la Policía que conspiren contra su moral y reputación en cuanto se refiere a la lucha antisubversiva. La violación de la prohibición –establece el comunicado– configura delito militar”.
Esta Orden no incorporaba la acción parlamentaria. La contundente denuncia presentada por Jaime Pérez en el Parlamento provoca la reacción de las Fuerzas Conjuntas, que emiten el comunicado número 100: “[…] la Junta de Comandantes en Jefe de las Fuerzas Conjuntas rechaza por calumniosas tales expresiones y deplora que el privilegio constitucional de la inmunidad parlamentaria sea utilizado con el infame y vil propósito de desprestigiar a las Fuerzas Conjuntas ante la opinión pública, siendo la única finalidad de aquellas defender los altos intereses del país fuera de todo otro objetivo que no sea el cumplimiento de tal propósito”.
Señora presidenta: los fusilamientos del Seccional 20 y el comunicado número 100 marcan un punto de no retorno. La reconstrucción del local se hizo a punta de bonos colaboración, con la participación de artistas y de arquitectos. Antonio Iglesias, el Gallego Iglesias, recordaba que a la jornada solidaria de la reconstrucción del local fue Alfredo Zitarrosa, y ese día hizo de peón de albañil con los ojos empañados.
Un día como el de hoy, de recuerdo y de homenaje a estos mártires, lo voy a cerrar con una poesía, señora presidenta, escrita en las cárceles de la dictadura, cuando se realizó un concurso entre los presos para intentar hacer más soportable el infierno. Y quien ganó ese concurso fue el querido Giudice, que decía: “Ha de morir la flor para que el fruto nazca, y es a la muerte de este que la semilla arraiga, presta siempre a entregarse a una muerte temprana, para que el brote crezca, eche tronco, críe ramas y germine en las flores que han de morir mañana. No le escribo a la muerte, aunque parezca, es falsa la creencia de que la muerte mata, la que mata es la vida, a la muerte, y avanza”.
¡Honor y gloria a los mártires de la 20!”.


(*) En este enlace se puede ver la sesión completa del Senado del 10 de mayo con todas las intervenciones: https://www.youtube.com/watch?v=y-mI3qEvvxQ























