1º de mayo: La clase obrera tiene la palabra y la oportunidad

El 1º de Mayo es el Día de los trabajadores y trabajadoras y no “del trabajo” como nos quieren hacer creer algunos. Manifestación internacional de la clase obrera y trabajadora, día de recordación, de compromiso, pero por sobre todas las cosas un día de lucha. Nació para homenajear a los mártires, a la lucha obrera y como expresión de ella. 
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Juan Castillo (*)

Fue esa lucha obrera y popular, el compromiso de millones de hombres y mujeres, de todas las razas, credos e ideologías, el que a lo largo de 130 años lo ha transformado en una fecha de referencia ineludible.

En 1886 fueron los sucesos de Chicago, pero fue en 1890 que un Congreso Internacional de Trabajadores decide que esa fecha sea una Jornada de Movilización Mundial, es decir, hace hoy 130 años.

El 1º de Mayo es, por decisión de las y los trabajadores, la primera fecha universal no religiosa del mundo. Es la expresión gráfica de la capacidad de movilización y la iniciativa independiente de la clase obrera para colocar sus fechas y sus mártires en la nomenclatura de la humanidad. Hay que recordar que en estos 130 años hubo que enfrentar represión, prohibiciones, intentos de desacreditación, persecuciones, para realizarlo. Pero se hace, cada año, sin faltar ninguno.

Es obligatorio hoy, hacer un poco de historia, para los más jóvenes y los no tanto.

El 1° de Mayo de 1886, hace ya 134 años, una manifestación obrera en Chicago, EEUU, enfrenta una brutal provocación de las patronales y de la policía bajo la distraída y cómplice mirada del gobierno. Hay muchos muertos, bombas, represión. Detienen y condenan a muerte a 8 militantes sindicales, anarquistas, vale recordar sus nombres:  August Spies, George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons y Oscar Neeb. El reclamo “subversivo y desestabilizador” por el que fueron condenados era que la jornada de trabajo fuera de 8 horas. Su “delito” fue denunciar la explotación, organizarse y luchar para cambiarla. 

Como decíamos, cuatro años después, en 1890, un Congreso Internacional de Trabajadores decide que el 1° de Mayo sea un día de huelga mundial. Ese año solamente se pudo conmemorar, en medio de una brutal represión, en 11 países, uno de ellos fue Uruguay.

Por eso, en todo el planeta y también Nuestramérica, hace 130 años que las y los trabajadores, junto a nuestros pueblos, conmemoramos el 1° de Mayo en forma ininterrumpida. En democracia o en dictaduras, con libertades o enfrentando la más cruda y dura represión, el movimiento sindical rodeado de sus aliados del movimiento popular – campesinos, indígenas, estudiantes y jubilados –  sale a la calle a conmemorar su día y desafía a su opresor.

Siempre el 1° de Mayo ha sido central para plantear la perspectiva de las y los trabajadores en la realidad nacional, con sus reclamos, sus propuestas y las de todo el pueblo. Pero al mismo tiempo reivindica su concepción internacionalista, entendiendo que en la lucha de clases no hay fronteras ni idiomas, sólo la más que necesaria liberación y combate frente a la explotación. Y eso empieza por la generación de conciencia de clase de las grandes masas organizadas. 

Imagino que en cada país y cada pueblo, los actos de los trabajadores nos han dejado grandes enseñanzas y se han transformado en mojones históricos. En Uruguay hay algunos inolvidables: el de 1966, previo al congreso de unificación y anuncio de la creación de la central única de trabajadores CNT (hoy PIT-CNT); el de 1973, reafirmando la decisión de enfrentar con una huelga general el golpe de Estado; el de 1980, cuando la dictadura quiso trasladarlo como feriado para el 5 de mayo y se resistió en todo el país, anunciado el NO a la constitución fascista; el de 1983, que inició la ofensiva de masas para derrotar a la dictadura.

Y éste del 2020, tiene el desafío de cómo realizarlo en medio del impacto sanitario, económico y social del COVID 19. La central única de trabajadores, pidió el uso de la cadena nacional para dar su mensaje. El gobierno de derecha que preside Luis Lacalle Pou la negó. Es una situación que grafica con claridad el nuevo momento que vive el Uruguay. En los 15 años anteriores, de gobierno del Frente Amplio, siempre el PIT-CNT tuvo la cadena nacional cada 1º de Mayo. Y por supuesto que el mensaje obrero igual fue crítico con el gobierno y reclamó lo que entendió que debía reclamar y dio su punto de vista ante la ciudadanía. El gobierno de derecha neoliberal niega esa posibilidad, a pesar de que él sí está usando la cadena nacional todos los días hace un mes, y no solo para hablar de las medidas sanitarias por la pandemia, sino para promover las iniciativas de su agenda neoliberal. 

Vivimos pues, una ofensiva restauradora neoliberal. Accedió al gobierno la fracción más conservadora de las clases dominantes, con un peso muy grande del agronegocio, el capital financiero y con algunos componentes de rasgos fascistas. Formaron una inédita coalición de 5 partidos políticos para desplazar del gobierno al Frente Amplio. Lacalle Pou es el único presidente del mundo que en medio de la pandemia aumentó las tarifas públicas; aumentó el impuesto al consumo; redujo los salarios públicos; recortó el presupuesto y ante la demanda social manifestó públicamente que “hoy, gravar el capital es amputar la posibilidad de quienes van a hacer fuerza para la salida de la crisis. Por eso no lo vamos a hacer”.  Ahora además, aprovecha en forma oportunista las limitaciones de la pandemia para enviar al Parlamento (que está funcionando en forma limitada) una Ley de Urgente Consideración de 502 artículos de los más diversos, que son una andanada neoliberal y que en 90 días tiene que ser aprobada.

Este año, este 1º de Mayo como siempre ha sido, será una respuesta de las y los trabajadores, pero también de todo el movimiento popular, levantando otra perspectiva, otra propuesta en todo el mundo. Debe hacerse junto a las principales organizaciones sociales y aliados en cada país, levantando una plataforma clara, solidaria, que sea al mismo tiempo con amplitud y unidad, para cuidar la salud de nuestro pueblo y también enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia. En el centro de esa propuesta está el reclamo de una renta básica transitoria, para los sectores más vulnerables de la población, para que el “Quédate en Casa” o aislamiento social, sea realmente posible.

Las clases dominantes, en el mundo y  en nuestro país desde el gobierno,  quieren imponer un ajuste en medio de la crisis para que los costos lo pague el pueblo. Y vemos que en el resto de los países mayoritariamente es la misma cosa, salvo honrosas excepciones como ejemplo Cuba, Venezuela y Argentina con mucho esfuerzo.

El COVID-19 ha mostrado, y agudizado, las desigualdades que el capitalismo engendra, construye y se nutre. De las crisis se sale con una síntesis superadora o con restauración, y de ser esto último, consolidación de las desigualdades y los privilegios preexistentes. Eso es, ni más ni menos lo que está en juego.

Las patronales mayoritariamente se han aprovechado de la pandemia. ¿Sólo en Uruguay? Envíos masivos al seguro de paro y al desempleo; despidos con perfil antisindical en muchos casos; rotaciones en los lugares de trabajo; medio horarios en varios sectores; teletrabajo por doquier; rebaja de salarios por caída de las ventas, etc. A esto hay que sumarle los que no cuentan en las gráficas y en muchas estadísticas y que pertenecen a la economía informal, el trabajo en negro, los cuentapropistas, las changas, los zafrales, los feriantes y ambulantes, los artesanos y los temporales. 

Vencida la pandemia del COVID 19, nos espera una vuelta más dura aún. El capitalismo siempre tiene formas para traer más miseria, más pobreza, explotación y desigualdades. ¿Cuántos volverán al trabajo y cuantos ya no lo tendrán, cuantos seguirán en seguro de paro y desempleados, y en qué condiciones? ¿Se respetarán los Convenios Colectivos y las conquistas, se mantendrán los niveles salariales, qué pasaran con las condiciones de trabajo cuando vuelvan? 

Por eso estamos convencidos que en medio de esta situación tan compleja – de crisis sanitaria, económica y social – debe ser la oportunidad para el llamado a construir el definitivo camino que sin estrecheces ni exclusiones, con mayor generosidad y amplitud forje la herramienta, a nivel continental y global, que nos una, alumbrando el camino para la construcción de un mundo más justo y solidario. No importa el nombre ni quien lo convoque, importa estar. 

El 1º de Mayo debe ser un día de unidad del pueblo y de los pueblos; y una demostración del peso real de las y  los trabajadores en la sociedad. Un día de unidad y lucha internacionalista. En eso estamos y a ello dedicaremos todo nuestro esfuerzo y aporte militante.

(Nota elaborada para el Portal de noticias NODAL de Argentina).

 

 (*) Secretario General del PCU