1 de mayo: Una gran certeza

“Este 1° de mayo nos encuentra en medio de una brutal ofensiva anti sindical y anti clase trabajadora”.

“El que no tiene miedo no es valiente, es inconsciente. El coraje es remontar el miedo”. Desconozco el autor, pero vaya si ésta es una sabia frase. Mucho Hollywood e historias regadas por un enorme simplismo caricatural, que la cultura hegemónica nos ha hecho consumir desde la infancia, nos han embebido de la figura heroica que a nada le tiene miedo y que por ende todo lo sacrifica sin titubear. Mensaje inverso implícito: debes limitar tu sacrificio si eres un común mortal que experimentas alguna muy humana forma del miedo. Lo heroico no es para ti, pobre individuo no dotado de superpoderes. La falacia es evidente y si la valentía es para los seres muy por encima de lo esperablemente humano, entonces no nos queda un espacio muy honorable a disposición para la inmensa mayoría de quienes habitamos este planeta.

Pero si empleamos el término ”falacia,” es porque el discurso anterior incurre, y en zambullida fervorosa, en una errónea estructura lógica, que por ende, a menudo conduce a conclusiones muy erradas.

Empecemos por el principio: valiente y heroica es la madre que se hace cargo de su descendencia, a menudo sola, a menudo muy joven. O el trabajador o trabajadora que saltea sus comidas para que no falten las de sus hijos o familiares, de lo que tenemos decenas de miles de ejemplos hoy en el Uruguay. O el que siendo “distinto” a una mayoría estadística o a un sistema de valores dictados desde la escuela, de algún modo se hace expresión de la diversidad. O el que piensa distinto políticamente en una comunidad muy chica e intenta compartirlo respetuosamente. O al que dentro de una empresa intenta hacer de los derechos un hecho y para ello arriesga su propia seguridad.

Los ejemplos podrían seguir, pero queda claro que todos los citados son de un inmensa humanidad, donde el miedo y las dudas no faltan a la cita, y aquello que los hace  ser manifestaciones superiores de dignidad, es justamente el coraje de sobreponerse  a todo freno y seguir adelante.

La historia política del Uruguay tiene muchos aspectos singularmente interesantes. Uno de ellos es la enorme relevancia de los procesos de acumulación social habilitando los procesos de acumulación política (y viceversa). Ejemplo de manual : sin la creación de la CNT no habría sido posible, muy probablemente, la creación del FA, unos cinco años después.

Cuando las sombras del único demonio que arrasó nuestra tierra, el del terrorismo de Estado, se desplegaron con toda su crueldad y perversión sobre nuestro pueblo, una vez más, desde los trabajadores organizados, vendrían señales decisivas. La Huelga General de 1973 como respuesta al golpe fascista, es referencia ineludible, claro está. Pero no lo son menos las peripecias de la militancia sindical clandestina en los años siguientes, que estaría a la altura de las circunstancias y quizás mucho más.

Pero el 1° de mayo de 1983 fue muy especial, doy fe. Porque había en muchos de nosotros miedo, adrenalina, esperanza, excitación, toda la mescolanza de una experiencia que no se sabe si resultará fantástica o terrible. Porque las mareas de pueblo organizado confluían sobre el estrado desde todos lados y una tras otra, pero todos veíamos en los techos cercanos los represores que sacaban fotos, tratando de transmitirnos que estábamos todos bajo vigilancia, como si no lo supiéramos. Esas presencias, a quien más, a quien menos, intimidaban. Pero sin embargo allí estábamos y allí nos quedamos.

Y meses después fuimos a marchas reprimidas salvajemente en la explanada de la Universidad,  fuimos aluvión en la semana del estudiante que terminó en la marcha hasta el Franzini, y, sobre todo, fuimos río de libertad hasta el Obelisco, por un Uruguay sin exclusiones.

Más allá de los recuerdos, lo que viene a cuento aquí, es que aquel 1° de mayo fue un evento muy destacado en el aluvión popular que reconquistó la democracia. Pero, sobre todo, que nadie allí volaba ni tenía capa roja, ni era de fierro ni superhéroe, ni inmune a toda la paleta de emociones humanas, incluyendo, obviamente, los temores y angustias. Pero al vernos cara a cara, en el medio de la masa, entre tantas inquietudes como la nuestra, encontramos el valor. De mil debilidades, salió, una y otra vez, nuestra fortaleza.

Este 1° de mayo nos encuentra en medio de una brutal ofensiva anti sindical y anti clase trabajadora. No hay tanquetas, hay leyes de contenido impresentable. No hay “chanchitas”, hay denuncias penales y todo tipo de procesos administrativos contra la expresión de la opinión gremial en los más diversos ámbitos, muy particularmente en la Educación Pública. No hay agentes de inteligencia apostados en los techos, pues no es necesario, si entre el marco legal que brinda la LUC y las herramientas que provee actualmente la tecnología, pueden seguir a quien deseen sin necesidad de ser tan obvios, salvo que lo quieran marcar como advertencia.

Pero la pregunta de rigor es si, más allá de las formas, en la esencia hay algo distinto, realmente diferente, con casi cuatro décadas de distancia. No parece ser el caso.

Una primera razón para una tal negativa ha quedado dicha: cambiarán las formas, las tecnologías, quizás los modales, pero las clases explotadoras y sus aparatos represivos siguen siendo tales y cumpliendo sus funciones. No usarán los mismos procedimientos brutales, pero perseguirán los mismos objetivos. No nos tratarán de intimidar a fuerza de despliegues de armamento, sino de diatribas contra sindicatos y su central única en los medios hegemónicos. Cambio de figura táctica, pero el mismo equipo sigue jugando para los mismo intereses y con los mismos objetivos, contra el mismo campo popular.

Una segunda razón, quizás más profunda, sigue estando dentro de nuestra más honda raíz popular. Porque si nos quieren atemorizar o dividir, y si es inhumano pretender no sentir temor, angustias o dudas, el recurso mágico de mirar a los ojos de quienes como nosotros aguantan, sufren, esperan, insisten, se organizan, se empecinan, a veces se enojan, pero nunca se entregan, sigue siendo hoy tan válido como en 1983.

Estamos ante una ofensiva contras las clases trabajadoras organizadas virtual, mediática, de “influencers”, etc. Intentan desmotivar, amedrentar, dividir. SI los modales pueden parecer más amables que en 1983, no se debe generar ningún relajamiento ante esta gran avanzada de la derecha. Porque si usan o no los uniformes, es cuestión de necesidad y oportunidad. Pero la mala hierba que se pretende esparcir es la misma: trabajador contra trabajador, individualismo, aislamiento, indiferencia. Y cuando no se puede prosperar con esa semilla maldita, es entonces el tiempo del ataque y del agravio mediático, llevado al nivel de bombardeo, de la represión administrativa y judicial.

Como respuesta, hoy más que nunca, el 1° de mayo debe ser el día de esa gran sincronización, Donde de una infinidad de dudas, temores, incertidumbres, surja una inmensa certeza. No se escribe Historia sobre los pueblos, sino que son los pueblos los que escriben su Historia, por compleja que sea. De mano con mano y codo con codo, debe surgir un mensaje más fuerte que nunca, de todo quien quiere y necesita soluciones para la leche que cuesta como nafta y la nafta que cuesta como oro. Para la carne que cuesta como la pared de una vivienda, y para la vivienda que cuesta como dos o tres meses de vida en Suárez y Reyes.

Más que nunca, de muchas incertidumbres unidas, una gran certeza.

Gonzalo Perera

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