Gonzalo Perera.
Una contratapa como ésta, insume aproximadamente unas 1.200 palabras. Intentar con ellas referir a 600 números de EL POPULAR, puede parecer una tarea titánica, ya que puede sonar muy exiguo contar con 2 palabras por cada número, más si se considera que, en muchos casos, se trata de heroicos números y absolutamente siempre, de muy militantes números. Pero, sin embargo, el asunto tiene otras dimensiones.
La especie humana está signada por una serie de bendiciones-maldiciones, condiciones muy particulares como especie, que generan a la vez, sus mayores luces y peores sombras. El ser humano es la forma de vida más inteligente conocida, con alta capacidad de desarrollar complejos procesos cognitivos, con conciencia plena de su finitud, de su condición de ser mortal. Entre muchas abundantes contradicciones que esta capacidad excepcional genera, aparece por un lado la angustia existencial básica, propia a saber que, algún día, no seremos más que recuerdos. Pero, por otro lado, por esa angustia creció la muy humana necesidad de generar alguna forma de trascendencia en el tiempo, de alimentar esos recuerdos o legados. Esa búsqueda de no pasar por pasar y de algún modo mover la aguja de la sociedad, tiene sus versiones egocéntricas o vanidosas: el deseo de la gloria póstuma, del monumento, del reconocimiento solemne e individual. Pero también está la búsqueda de trascender en el otro y con el otro, en comunidad, de dar sentido a la vida por haberse arrimado a otras vidas, por haber ayudado a caminar mejor por sí mismos a otros, por dejar condiciones de vida mejores para el que viene después de nosotros. Cuando la trascendencia se enfoca así, como aventura colectiva, sin requerir mención a ningún “yo”, es cuando se hace más profunda,
Desde este punto de vista, hablar de los 600 números de EL POPULAR es hablar de una enorme experiencia de trascendencia desde un colectivo y para la gran masa de trabajadores del mundo y del Uruguay, Donde no hay “yo” sino “nosotros”. Donde no hay bronce, sino legado a la comunidad de lo construido día a día desde las dulces y las amargas de nuestro pueblo.
Un segundo nivel de análisis de la paradoja humana, es que una especie singularmente dotada para la comunicación sistemática mediante palabras, mediante lenguajes con estructuras varias, vive experiencias supremas donde no hay ningún discurso racional y pulcro que tenga mayor sentido.
¿Cómo y en qué idioma se puede expresar lo que se siente al vivir el primer amor, o el más reciente, el que a la edad que sea nos “sacudió el piso”, que el tiempo poco tiene que ver, si de amor se trata? ¿Cómo expresar el torrente de sentimientos que se siente al conocer una hija o un hijo? ¿Cómo, aún con millones de palabras, expresar lo que se siente cuando la madre o el padre de uno deja su último suspiro en nuestros brazos, es que hay acaso expresiones que permitan sintetizar la catarata de imágenes y emociones que se sienten en un momento así? ¿Cómo, bajo qué estructura lingüística, deben sumergirse los sentimientos lacerantes del amor que se va, que se termina? ¿Cómo, con qué palabras, se llora de manera fidedigna, la muerte de un amigo, compañero o hermano?
Hemos apelado a vivencias muy profundamente humanas, no necesariamente ligadas a la militancia, para tratar de expresar lo que, más o menos, todos hemos vivido alguna vez.
Para todas esas preguntas, creo que la respuesta de la Humanidad entera es que no hay palabras ni idioma adecuados a la ocasión.
Pero por esa permanente contradicción inherente a nuestra especie, de una clara ausencia de discursos estructurados y de claro relato, para situaciones tan removedoras y universales, la Humanidad ha encontrado refugio en la poesía, en la literatura en general, en la música, en las artes plásticas, etc. Cuando los sentimientos desbordan y superan cualquier discurso contenido donde llega la razón por sí sola, hemos encontrado maneras de expresar directamente emociones o estados de ánimo, tan supremos como profundamente humanos, de forma directa. Así podemos llorar, reír, gozar o indignarnos ante la obra de un artista muy remoto en el tiempo y en la geografía, pero que nos genera un clima sensible que podemos percibir, incluso con matices distintos desde diferentes personas o desde momentos diversos de nuestras vidas.
Una paradoja mayúscula es que uno de los mayores tesoros que hemos encontrado, surge de nuestra incapacidad de expresar en premisas y deducciones muchas de nuestras vivencias más tocantes. Si para toda experiencia tuviéramos acceso a las palabras justas e indiscutibles para reflejarlas, nos perderíamos buena parte del Arte. Como tantas veces se ha dicho: ¿Qué tanto valdría el amor si fuera explicable por una fórmula o recurso discursivo entrenable y aprendible?
600 números de EL POPULAR es algo cuantitativo y concreto, que hasta puede parecer una anécdota.
Ahora bien…¿Con qué palabras se expresa el legado de amor y fidelidad militante de los trabajadores de EL POPULAR, que buscan custodiar el rico legado histórico que generaron, para ser atesorado por la comunidad en su conjunto? ¿Qué palabras invocan de manera justa a las personas que pusieron sus plumas a su servicio, en diversas etapas, dándole su particular sello, del medio donde se ve “la otra cara de la moneda”, todo lo exactamente opuesto a lo que los medios hegemónicos quieren permear?¿Qué palabras reflejan la formidable tarea de construcción de unidad de los movimientos sociales y políticos, reflejada en la FEUU, la CNT, el FA, que hizo, hace y hará EL POPULAR ? ¿Cómo expresar el rol de vaso comunicante con la militancia desplegada en todos los rincones, de un medio donde no se escribe, sino que se milita? De un medio donde la política económica se entiende y explica con claridad y precisión, pero vista desde la perspectiva de las clases trabajadoras. De un medio donde la compleja política internacional siempre tiene lugar privilegiado y con visión liberadora, del mundo analizado desde los zapatos del excluido o explotado ¿Cómo desconocer a EL POPULAR como elemento de la cultura nacional- sin exageraciones- por constituir un ancla de las posiciones políticas y por su visión amplia de los fenómenos sociales y culturales? ¿O acaso se puede tener duda sobre qué posición adoptará EL POPULAR respecto a cualquier tema que ponga en juego los derechos de las grandes mayorías? ¿Se puede dudar de qué expresará EL POPULAR en relación a las agresiones a la Revolución Cubana? ¿O acaso en torno a la necesaria acumulación de fuerzas, ya iniciada, para el imprescindible proceso del Congreso del Pueblo?
Sin golpes bajos…¿Se puede ignorar a la hora de hablar de estas páginas , a quienes regaron su sangre por hacerlas, por distribuirlas o atesorar su memoria?
Si se me permite, para terminar, algún día, otra pluma firmará esta página, pero seguirá siendo EL POPULAR. Matices más o menos, seguirá ocupando el mismo lugar en la trinchera de las opiniones políticas. En ese momento, tendrá cabal sentido la lucha de esta pluma, que hace lo que puede para honrar la rica historia que lo precede, y sentar las bases de la que vendrá.
Porque nuestras luchas no son por meros resultados electorales, aunque los incluyan, porque no son a corto plazo, aunque contemplen el aquí y ahora, porque sumamos gotitas anónimas al gran torrente popular y genuinamente antihegemónico, EL POPULAR es una muy laica y revolucionaria celebración de la trascendencia.
























