La frase del título pertenece a Gerardo Leibner, historiador uruguayo radicado en Israel, catedrático de universidades en ese país. La dijo en una entrevista realizada en El Popular en Radio que publicamos entera en esta edición y cuya lectura recomendamos.
La pusimos como título porque dice con crudeza cuál es el objetivo central de la solidaridad.
Hoy en Gaza, como también denuncia Leibner, “hay cientos de miles de personas al borde la muerte”.
No hay nada más urgente desde la humanidad misma que parar la matanza.
Por eso hay que conseguir un alto al fuego inmediato, el ingreso de ayuda humanitaria sin restricción y bajo supervisión de organismos internacionales y la construcción de una paz duradera que contemple la existencia de dos Estados.
No es momento de buscar supuestos equilibrios. Por supuesto que los rehenes israelíes secuestrados por Hamas tienen que ser liberados. Lo hemos dicho desde el mismo 7 de octubre de 2023. Pero para que eso ocurra tiene que parar la matanza y el genocidio.
Y la matanza y el genocidio tienen como responsable al Estado de Israel, al gobierno ultraderechista y racista encabezado por Benjamín Netanyahu, al Ejército israelí y a EEUU que le da apoyo político y le provee de las armas con la que mata.
Hoy hay que hablar de Gaza y del pueblo palestino brutalmente martirizado y nadie tiene razones para pretender poner peajes a ese reclamo de humanidad.
La política genocida del gobierno israelí ya ha provocado 54 mil muertes, entre ellos 16 mil niños; el 90% de la población gazatí ha sido desplazada; según la Organización Mundial de la Salud el 94% de los hospitales en Gaza o están dañados o han sido totalmente destruidos; la ONU ha advertido que al menos 14 mil niños podrían morir de hambre en estos días si no les llega ayuda.
No hablamos de genocidio por un arrebato de ira, lo hacemos porque es lo que está ocurriendo realmente. Es la realidad lo que hay que atender y no un debate más o menos docto semiótico, político o jurídico.
La “Relatora Especial sobre la situación de los DDHH en los territorios palestinos ocupados desde 1967”, así es la denominación oficial, Francesca Albanese, tituló su informe a la Asamblea General de la ONU, del 1 de octubre de 2024: “El genocidio como supresión colonial”. En ese informe de 35 carillas afirma: “La destrucción general de Gaza, de la que no se han librado otras partes del territorio, continúa sin cesar. La violencia que Israel ha desatado contra los palestinos tras el 7 de octubre no se produce en un vacío, sino que forma parte de un proceso a largo plazo, intencionado, sistemático y organizado por el Estado cuyo fin es provocar el desplazamiento forzado y la sustitución de los palestinos. Este proceso podría causar un perjuicio irreparable a la propia existencia del pueblo palestino en Palestina. Los Estados Miembros deben intervenir ahora para evitar nuevas atrocidades que dejen aún más cicatrices en la historia de la humanidad”.
Hay una denuncia de Sud África, a la que han adherido otros países, contra Israel en la Corte Penal Internacional, que se está examinando en base a las Convenciones contra el Genocidio y el Apartheid.
Los rehenes se estaban liberando, junto con centenares de los miles de presos palestinos que Israel tiene en sus cárceles, en un proceso que comenzó con un alto al fuego el 1 de enero de este año. Pero Israel en marzo rompió unilateralmente el alto al fuego.
La semana pasada, con total impunidad, lanzó una nueva operación militar, Carros de Gedeón, con el objetivo expreso de “controlar la totalidad de Gaza” y está utilizando hasta la ayuda humanitaria, que reparte el Ejército Israelí, junto con una empresa yanqui, para desplazar nuevamente a los palestinos y para matarlos cuando van por comida, van más de 100 muertos en 3 días.
Lo que busca Israel, como lo buscó en 1948 cuando desplazó a 700 mil palestinos y les robó sus tierras y sus casas, o en 1967 cuando desplazó a 300 mil más, o en 1982 cuando impulsó la masacre en el campo de refugiados de Chatila y en el barrio libanés de Sabra, o en 1987 con la represión a la primer Intifada o en 2000 en la represión a la segunda Intifada, es desplazar a todo el pueblo palestino y ocupar sus tierras.
Lo dicen sin ningún prurito ministros del gabinete ultraderechista de Netanyahu.
Por eso ahora hay que hablar de Palestina, porque el Estado que está en peligro es Palestina, porque las y los que mueren por miles bajo bombas y por hambre son palestinos.
En Uruguay crece la condena y la movilización
En estos días, en función del agravamiento de la grave situación que se vive en Gaza, se intensificó la discusión en nuestro país y se multiplicaron los pronunciamientos y las acciones de solidaridad.
En el último acto de la Seccional 20, en línea con pronunciamientos anteriores del PCU, Ana Olivera condenó el genocidio, reclamó un alto al fuego, el ingreso de ayuda humanitaria y la liberación de los rehenes. El senador Oscar Andrade, que intervino en el Parlamento en varias oportunidades, expresó la misma condena en rueda de prensa y fundamentó la necesidad de que el Senado se pronuncie, para lo que hay en discusión una propuesta presentada por la bancada del FA. En el 1° de Mayo y en su XV Congreso, el PIT-CNT hizo lo propio. El Comité Central del PCU en su declaración del 1 de junio condenó al genocidio, exigió un alto al fuego, el ingreso de ayuda humanitaria sin restricciones y con supervisión internacional y una paz duradera con el reconocimiento de dos estados; en los días anteriores realizó una campaña de denuncia, en las calles y por las redes. Se pronunció la Asociación Cultural Israelita Zhitlovsky: “El corte del suministro de energía eléctrica, de agua, el cierre de canales de ayuda humanitaria para el ingreso de alimentos y para la movilidad de personas inocentes, está provocando muerte, enfermedad y hambre, todo esto enmarcado en una política genocida. Como judíos progresistas, exigimos el alto al fuego inmediato, la devolución de todos los rehenes, la apertura de ayuda humanitaria y buscar los mecanismos de negociación para una paz que permita la convivencia de dos pueblos con dos Estados independientes, donde la reconstrucción de Gaza será también una necesidad imperiosa”. El Secretariado Ejecutivo del Frente Amplio, se pronunció a través de dos declaraciones, el 31 de marzo y el 22 de mayo; los Comité de Base del FA, en todo el país, realizaron pintadas, carteles y propusieron una resolución política, que se aprobó el 3 de junio y sostiene: “El Frente Amplio hace un llamamiento a la militancia y al pueblo en general a promover y convocar acciones en defensa de los derechos humanos del pueblo Palestino, a su legítimo derecho a existir y a condenar los crímenes de lesa humanidad y genocidio que está cometiendo contra Palestina el gobierno de Israel encabezado por Netanyahu que amenaza, también, la vida de los rehenes que se pretenden liberar”. En un sentido similar se pronunciaron el Partido Socialista, la Vertiente Artiguista, Fuerza Renovadora, Casa Grande y el MLN. El gobierno uruguayo participó, a través del embajador uruguayo en Palestina, en una delegación diplomática que recorrió lugares de Cisjordania junto al gobierno palestino y que fue baleada por el Ejército israelí. Este martes, el canciller Mario Lubetkin, se reunió con el encargado de negocios de la embajada de Palestina en Uruguay, al que le expresó la solidaridad del gobierno uruguayo, se pronunció contra “la masacre a población civil” y reiteró el reclamo de un alto al fuego, ingreso de ayuda humanitaria y una paz duradera con la existencia de dos Estados. En Uruguay se han realizado numerosas marchas en solidaridad con Palestina. La embajada de Israel, B’nai B’rith Uruguay, el Partido Colorado y dirigentes del Partido Nacional criticaron los pronunciamientos del Frente Amplio.
En el mundo también
En el mundo también se multiplicaron los pronunciamientos. El presidente de Brasil, Luíz Inácio Lula Da Silva, llamó a parar el genocidio. En el mismo sentido se pronunciaron el presidente de Chile, Gabriel Boric, el presidente de Colombia, Gustavo Petro y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
España anunció varias medidas; la Unión Europea dijo que revisaría el acuerdo comercial con Israel; Francia, Reino Unido y Canadá reclamaron que cesara la nueva ofensiva militar y advirtieron que en caso contrario estudiarían sanciones y el reconocimiento al Estado Palestino.
El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres calificó la situación como “indescriptible, más que atroz y más que inhumana”. Los organismos especializados de la ONU para la atención de refugiados y para la ayuda humanitaria denunciaron que Israel, con la complicidad de EEUU está usando la ayuda para desplazar y atacar a la población palestina.
En Israel crecen las movilizaciones, los familiares de los rehenes reclaman un alto al fuego y retomar las negociaciones, 1.400 académicos se pronunciaron en el mismo sentido, Moshe Ya’alon, que fue ministro de defensa de Netanyahu y jefe del Estado Mayor del ejército, sostuvo que lo que está sucediendo en Gaza ahora es una limpieza étnica y que son crímenes de guerra inaceptables.
Es abrumadora la cantidad, seriedad y gravedad de los pronunciamientos en todo el mundo denunciando lo que ocurre en Gaza. Es Israel el que queda cada vez más aislado.
En uno de los múltiples testimonios conmovedores de estos días, un cirujano estadounidense que trabajó voluntario en Gaza, Feroze Sidhwa, dijo ante el Consejo de Seguridad de la ONU: “Durante las cinco semanas que pasé en Gaza no vi ni traté a ningún combatiente. Mis pacientes eran niños de seis años con metralla en el corazón y balas en el cerebro, mujeres embarazadas con la pelvis destrozada y el feto partido en dos en el útero. Prevenir el genocidio significa negarse a normalizar estas atrocidades. Significa negarse a deshumanizar a los palestinos”.
De eso se trata.






















