China, Tucídides y los idiṓtēs

Por Gabriel Mazzarovich

El encuentro en Beijing de Xi Jinping y Donald Trump entre el 13 y el 15 de mayo pasados fue un acontecimiento político de enorme relevancia, tuvo una amplia cobertura y repercusión y ha sido motivo, con razón, de múltiples y profundos análisis.

El encuentro entre el presidente de la República Popular China y el de EEUU tiene implicancias globales y múltiples ángulos posibles para su abordaje, todos importantes. Hoy queremos, modestamente, intentar profundizar sobre uno de los planteos, creemos que central, que realizó Xi Jinping y que visiblemente descolocó a Trump y a todo el aparato de propaganda, que no de información, imperialista.

Con un marco imponente, que daba el Palacio del Pueblo de Beijing, Xi Jinping, dentro de un planteo profundo, trabajado al detalle, con el que tomó la iniciativa durante todo el encuentro e hizo que Trump y su comitiva estuvieran siempre a la defensiva, le preguntó al multimillonario presidente gringo y desde ese escenario en realidad a todo el mundo: “¿Pueden China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides?”.

¿Qué es la trampa de Tucídides?, ¿qué quiso decir Xi Jinping?, ¿por qué eligió esa formulación y no otra, qué señales se esconden en ella?

La denominada “trampa de Tucídides” es un concepto planteado por un prestigioso politólogo estadounidense, Graham Allison. Se refiere a una tesis del historiador clásico griego, Tucídides, cuando analizó la Guerra del Peloponeso. Tucídides afirmó que el crecimiento de Atenas, el miedo que este generó en Esparta y el planteo permanente de que la única salida era una guerra, llevó, efectivamente a que esa guerra se produjera. Esa guerra fue devastadora e involucró a toda Grecia en ella.

Allison plantea que esa situación, una potencia emergente que disputa la hegemonía a una potencia en declive, desemboca en esa “trampa” y conduce a que esta contradicción se resuelva con una guerra. De hecho realizó, junto con un equipo, una investigación histórica y encontró que de 16 casos de contradicciones entre una potencia emergente y una en declive en los últimos 500 años, 12 terminaron en guerras.

El planteo central de Xi Jinping a Trump fue entonces encontrar caminos para la paz en el mundo de hoy y evitar esa trampa histórica. Un planteo de enorme valor político. Mucho más cuando EEUU a través de su Doctrina de la Seguridad Nacional, de su Doctrina de Defensa, de su retórica con Trump anunciando un genocidio para “borrar de la faz de la tierra una civilización entera” en Irán y sobre todo de su práctica, el presupuesto militar más grande de la historia que supera a la suma de los diez países que le siguen, el apoyo al genocidio en Gaza, el cambio de nombre de Secretaria de Defensa a Secretaria de Guerra, la agresión a Venezuela, la amenaza a Cuba, el apoyo al genocidio de Israel a Palestina, la agresión y la guerra dos veces contra Irán, el recrudecimiento del bloqueo y las amenazas contra Cuba, y un largo etcétera, lo que hace es plantear la guerra como herramienta privilegiada de política internacional.

El planteo de China por la paz es también de enorme responsabilidad. Cuando la guerra del Peloponeso y en las 12 guerras subsiguientes, la potencia en declive no tenía armas nucleares. Hoy el camino de la guerra pone en peligro la existencia misma de la humanidad y de la vida en el planeta.

Eso es, sin dudas, lo central. Pero el secretario general del Partido Comunista de China le dijo al multimillonario representante del establishment imperialista mucho más con esa sola frase.

Le puso perspectiva histórica larga, se refirió a un suceso ocurrido hace 2.500 años, recordándole a Trump que la historia no empezó con el capitalismo y no terminará con él. Le hizo notar al multimillonario exponente de un país muy joven, aunque se auto perciba eterno, que estaba visitando y dialogaba con una civilización milenaria.

Polemizó ideológicamente con el planteo central de Trump de ser representante del mal llamado “occidente”, como si fuera una realidad única y homogénea, y lo hizo apropiándose de una teoría occidental, de la cuna de la supuesta civilización occidental, Grecia clásica. Y lo hizo recordándole que la historia occidental está entrampada en guerras desde hace 2.500 años.

Además, le dijo de una manera refinada pero explícita que Trump representa a una potencia en declive y él la potencia emergente que le disputa la hegemonía.

Todo la anterior alcanza y sobra para mostrar la necesidad de superar los análisis superficiales, ejercicio imprescindible ante lo refinado y a la vez potente del planteo realizado por China y Xi Jinping.

Pero hay un elemento más. Junto a todo lo anterior, Xi Jinping eligió un concepto de un politólogo muy importante, que es norteamericano, académico destacado de Harvard y que además fue subsecretario de Defensa durante la presidencia de Bill Clinton y es experto en China, armas nucleares y toma de decisiones en situaciones de crisis.

Harvard es una universidad de elite de EEUU y del mundo; Trump, en su guerra contra la ciencia, las ideas, la democracia y la libertad también la atacó y le recortó fondos federales bajo la acusación de ser sesgada.

Es decir, Xi Jinping, también desafió a Trump utilizando una elaboración de un prestigioso académico de EEUU, de una universidad a la que atacó.

En resumen, Xi Jinping le dio una lección a Trump de historia y filosofía, occidental para más inri, aplicada a la diplomacia y a la política.

Una reflexión final, para la que, siguiendo la línea utilizada por China, tomaremos como referencia la más pura filosofía occidental. 

China, el Partido Comunista de China, plantean, en un mundo convulsionado, la necesidad de encontrar una alternativa de paz, lo que denominan “el futuro compartido de la humanidad”. El problema es que enfrente tienen una potencia imperial con un gobierno y una clase dominante de idiotas. 

Esto es una caracterización filosófica, no un insulto. En la Grecia antigua se le denominaba idiṓtēs a los ciudadanos que se desentendían o repudiaban lo público y la política, que vivían solo para sus intereses individuales y negaban lo colectivo.

No hay mejor definición para Trump, la elite de multimillonarios que integra y representa y lo que promueven para la sociedad.

Es una tarea urgente de los pueblos construir la fuerza social y política que permita construir un futuro para toda la humanidad y nos rescate de los idiṓtēs.

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