A los 77 años el Indio Solario se convirtió en mito, en leyenda popular. Falleció en su casa, rodeado de sus afectos, luego de luchar contra el Parkinson, una enfermedad que te obliga a aprender a vivir de nuevo, había dicho Solari en una entrevista radial hace pocos días.
Su última aparición pública fue a través de una videollamada para agradecer el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
“La universidad, cuando está a la altura de sí misma, reconoce que el pensamiento crítico no tiene un solo formato. Que la poesía puede vivir en un recital de cincuenta mil personas. Que el arte popular, cuando es genuino, es también una forma de conocimiento» señala la resolución de la UBA y agrega que se trata de “un artista que hizo de la originalidad una ética, que construyó uno de los lazos más intensos entre un músico y su comunidad que registró la historia cultural del país y que demostró a lo largo de cinco décadas, que la mayor ambición posible no es la fama ni el dinero sino la justificación de una vida entera a través del trabajo” .
Solari es una figura indiscutible de la historia del rock argentino, que alcanzó una dimensión mítica como líder y principal compositor de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El grupo formado en la década del ‘70 fue un fenómeno cultural que se convirtió en un símbolo de independencia artística y convocatoria popular en los ’80 y los ’90. Tras la disolución de la banda en 2001, el músico se desempeñó como solista y mantuvo una convocatoria multitudinaria en cada presentación junto a “Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado”, destacó Página 12.
Solo tocó en dos países: su natal Argentina y en nuestro país, Uruguay. La experiencia colectiva de sus conciertos se transformaron en catalizadores de las expectativas, rebeldía, dolores y sueños de miles de jóvenes; su filosofía plebeya y profunda conectó con el sentir de varias generaciones, con una prosa que no buscaba complacer sino alborotar las mentes y las almas; una prosa compleja, de izquierda y siempre en contexto con cada momento histórico.
“Estuve en el 90´ en el Palacio Peñarol, Gualeguaychú en 2014, en River en el 2000 y en el Estadio Centenario en 2001. No era sencilla la lírica del Indio y sin embargo los Redondos fueron un fenómeno de masas antes del internet y las redes sociales… para los que dicen que hay que comunicarse con la masa como si no supiéramos leer o escuchar”, señala una de sus fieles, que hoy siente que “perdió un hermano mayor”.
“El indio fue rock y seguirá siendo de masas, fue un genio en el sentido literal de la palabra y generó un fanatismo que se asemeja a lo religioso a tal punto que sus toques de miles y miles fueron misas de caminatas eternas, de procesión hasta el encuentro hipnótico con su presencia en el escenario”, agrega otra ricotera.
“Le cantó al amor, a la humanidad y a los problemas comunes de la gente; a los marginados y excluidos, a los pibes de barrio, a la tribu de su calle, a los vencedores vencidos”, destacó.
“El libro «Filosofía ricotera» hace el esfuerzo de pensar si las letras del indio se pueden articular en una filosofía. Me parece que es una referencia ética y estética que constituyó una comunidad. Una forma de ser y sentir, una forma de estar en el mundo”, resalta otro, “una filosofía real de lo que pasa en el mundo”, señala, con el corazón quebrado, otro miembro de la tribu ricotera.
El impacto cultural, social y político del Indio Solari fue, es y seguirá siendo patrimonio de cada generación de jóvenes que seguirá encontrándose con su música; es la trascendencia del artista, el legado, las “banderas rojas, banderas negras de lienzo blanco, en tu corazón”.
Porque siempre que la noche sea más oscura, “se viene el día en tu corazón”. Hasta siempre querido Indio.























