El 27 de junio es una fecha trascendente para la historia del Uruguay. El 27 de junio de 1973, hace 53 años, el presidente de la República, electo por el Partido Colorado, Juan María Bordaberry, dio un golpe de Estado y la central única de trabajadores, la CNT, respondió con una huelga general.
Las dos cosas pasaron el 27 de junio: Bordaberry, la oligarquía, los sectores fascistas de la derecha y las Fuerzas Armadas y el imperialismo yanqui dieron el Golpe de Estado e iniciaron 12 años de dictadura; y la clase obrera, con la CNT, con el apoyo del movimiento popular y de la izquierda unida en el recientemente creado Frente Amplio, respondió con una Huelga General para defender la democracia y la libertad e iniciaron 12 años de resistencia.
Precisar esto no es un ejercicio de polémica vacuo, hay un intento permanente de reescribir la historia, de lavar las responsabilidades de quienes dieron y apoyaron el golpe de Estado y también de invisibilizar o disminuir el papel de quienes lo enfrentaron.
Esa polémica tiene incluso una dimensión institucional y hay que recordar cada año que, precisamente por eso, desde 2014, a través de la ley 19.211, el 27 de junio es, oficialmente, el Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia. Hay que recordarlo, en primer lugar nosotros mismos, cada año.
Es necesario entonces reafirmar conceptos ya expresados en editoriales de EL POPULAR, porque como ya lo dijimos y debemos reiterar, la polémica en torno al carácter del golpe de Estado y de la dictadura que inició, al papel del movimiento popular y de la izquierda en la defensa de la democracia y la libertad, no se refiere solamente al pasado, tiene una vigencia enorme, cuando hoy, con otras formas, pero con los mismos actores, de un lado y del otro, en todo el continente y también en Uruguay el vaciamiento de la democracia y el recorte de la libertad, es un elemento central.
Golpe y dictadura fascista
Bordaberry, colorado, latifundista ganadero, proveniente de la Asociación Rural, dio el golpe de Estado.
Bordaberry, mientras daba el golpe y se transformaba en dictador, esa misma noche, culpaba “al marxismo y a la subversión”. “Afirmo hoy, una vez más y en circunstancias trascendentes para la vida del país, nuestra profunda vocación democrática y nuestra adhesión sin reticencias al sistema de organización política y social que rige la convivencia de los uruguayos. Y va con ello entonces el rechazo a toda ideología de origen marxista que intente aprovechar de la generosidad de nuestra democracia, para presentarse como doctrina salvadora y terminar como instrumento de opresión totalitaria”, dijo, en un discurso transmitido por radio y televisión, mientras daba el golpe de Estado.
Por eso volvamos a establecer las responsabilidades políticas e históricas: el decreto N°464/973 del 27 de junio de 1973, que disolvió el Parlamento, suspendió las garantías individuales, creó un Consejo de Estado dictatorial, lleva la firma de Bordaberry.
Es cierto que el golpe de Estado no fue un hecho aislado sino la culminación de un proceso histórico. Ese proceso venía de décadas atrás, durante el mismo la oligarquía financiera y latifundista, con sus representantes directos en el gobierno, promovió la acción represiva del Estado, militarizando los sindicatos, asesinando estudiantes y trabajadores, impulsando y protegiendo a grupos para policiales de provocación como la JUP y a los escuadrones de la muerte.
Ese proceso que fue de degradación democrática, con un componente central de ajuste contra el pueblo, de sometimiento al FMI y al imperialismo, tuvo un punto importante en 1964, cuando se produce el golpe de Estado en Brasil y una intentona fracasada aquí en Uruguay.
Hay otro punto de inflexión, luego durante el gobierno del también colorado Jorge Pacheco Areco, que profundiza el vaciamiento de las instituciones democráticas y en junio de 1968 implanta las Medidas Prontas de Seguridad y les da un carácter permanente.
Con el gobierno de Bordaberry, se avanza más en la degradación democrática, primero se violenta la independencia del Poder Judicial otorgando a los Tribunales Militares competencia en asuntos civiles y luego se entrega parte de las potestades del Poder Ejecutivo a los militares con la creación del Consejo de Seguridad Nacional, y finalmente, el 27 de junio, se consuma el asalto al Poder Legislativo.
Para entender las razones del golpe de Estado y de la dictadura es necesario volver a decir que las clases dominantes enfrentaban dos desafíos en la década del 70. Uno de carácter estructural: Uruguay llegó a 1973 luego de casi dos décadas de estancamiento económico; necesitaban implementar un ajuste económico salvaje para garantizar sus privilegios. Otro de carácter político: el movimiento popular venía concretando un proceso creciente de acumulación de fuerzas, se había unificado el movimiento sindical en la CNT, se había logrado la unidad de la izquierda en el Frente Amplio, el añejo mecanismo de dominación política de las clases dominantes, el bipartidismo, estaba desafiado y en crisis.
Todo ese proceso, en el que las clases dominantes optan por buscar un ajuste brutal contra el pueblo y pasar a otras formas de dominación política e institucional estuvo macado por una enorme respuesta popular. La respuesta desde el poder fue la represión, en esos años se producen los asesinatos de Líber Arce, Hugo de los Santos, Susana Pintos, Heber Nieto, entre otros. También el asesinato de los ocho obreros comunistas en el Seccional 20 del Paso Molino. Se generaliza la tortura.
Por todo ello reafirmamos: el golpe de Estado fue parte central de la estrategia de un sector de las clases dominantes, la rosca oligárquica financiera, para cortar la acumulación política y social del movimiento popular y para instrumentar el ajuste económico bestial que se proponían hacer y que hicieron. El golpe además, fue parte de una estrategia continental de EEUU, que llenó de dictaduras América Latina.
Por eso reafirmamos, y sabemos que lo hacemos en polémica con la derecha y también con sectores de la izquierda, que el golpe y la dictadura en Uruguay no fueron militares, fueron fascistas. Esa caracterización no responde a preciosismos académicos. No es solo porque el golpe lo dio Bordaberry y hasta 1981 hubo dictadores civiles, ni porque el presidente del Consejo de Estado, los ministros de Economía, de Ganadería, el Canciller y otros cientos cargos claves de la dictadura siempre fueron civiles. Tampoco solamente por la utilización sistemática del Terrorismo de Estado y la represión. Caracterizamos a la dictadura como fascista por su carácter de clase, por el predomino de los sectores del capital financiero y el latifundio y por su vinculación orgánica con el capital trasnacional y el imperialismo yanqui.
La Huelga General
El otro elemento histórico, fundamental, fue la respuesta al golpe de Estado: la Huelga General. Antes de la fundación de la CNT, en 1964, ante el golpe en Brasil, el movimiento sindical uruguayo, aún fragmentado, resolvió que respondería con una huelga general a un golpe de Estado. Esta decisión fue discutida en cientos de asambleas. El compromiso democrático, con la libertad, de la clase obrera uruguaya fue un factor central en su proceso de unidad.
Esta decisión fue reafirmada en el II Congreso de la CNT. La Huelga General no solo fue decidida con esa antelación, fue preparada a conciencia, hubo hasta ejercicios en varios centros de trabajo estratégicos. Esta referencia es por los discursos que insisten en una supuesta espontaneidad de la repuesta popular al golpe. La Huelga General fue discutida, preparada y organizada y tuvo la adhesión y el impacto que tuvo precisamente por ese profundo proceso de preparación.
En la madrugada del 27 de junio, la CNT instrumenta la resolución de la huelga general con ocupación de centros de trabajo. Miles de trabajadoras y trabajadores ocuparon en defensa de la democracia y la libertad. Los estudiantes hicieron lo propio en las facultades y en la Universidad y se sumaron los estudiantes de secundaria y UTU. También apoyaron las cooperativas, el SMU. Se organizaron ollas populares.
Miles de hombres y mujeres, de muchachas y muchachos, escribieron una de las páginas más hermosas, épicas y heroicas de la historia nacional. No hay que ahorrar calificativos, al contrario, son necesarios.
La Huelga General, en tanto expresión del protagonismo popular organizado, solo se puede comparar con el Éxodo artiguista y con el No del 80, con nada más.
Las fábricas eran desocupadas por las fuerzas represivas y se volvían a ocupar. Miles fueron despedidos, apaleados y detenidos. Los estudiantes pagaron un alto costo por su compromiso democrático: durante la Huelga fueron asesinados Ramón Peré y Walter Medina.
Insistimos, la Huelga General es uno de los episodios más hermosos y profundos de convicción democrática de la historia nacional y los protagonistas centrales fueron las y los trabajadores.
Es cierto que no logró frenar la instalación de la dictadura, entre otras cosas porque salvo la del FA, no contó con un amplio respaldo político para hacerlo. Pero sin Huelga General la resistencia dura y permanente de 12 años hubiera sido imposible o mucho más difícil.
Lo tenían claro quienes protagonizaron la Huelga General y cuando la levantaron afirmaron en ese documento histórico: “Abrimos una nueva etapa que no es de tregua ni desaliento, sino de continuación de la lucha por otros caminos y métodos adecuados a las nuevas circunstancias”. Escribieron esto quienes sabían que iban a ser despedidos, perseguidos, encarcelados.
Por supuesto que la lucha contra el fascismo, la resistencia, la recuperación de la democracia, fueron obra del pueblo uruguayo, se lograron por que un amplio espectro de sectores sociales y políticos, toda la izquierda y sectores democráticos de los partidos tradicionales, se pronunciaron y a su manera lucharon por ello.
Pero, este día, como cada año, sin atisbo alguno de sectarismo, volvemos a reivindicar el compromiso de EL POPULAR, el diario de la Huelga General, el que fue clausurado por cubrirla. Y también el compromiso y el heroísmo, individual y colectivo, de las y los militantes de la UJC y el PCU, en la defensa de la democracia y la libertad.
Hace 53 años, con la Huelga General, se lanzaba la consigna más hermosa y heroica de la clase obrera uruguaya, que se cumplió con sacrificio y dignidad durante 12 años: “Ni un minuto de tregua a la dictadura”.
Hoy honramos esa acción heroica, con orgullo y con compromiso.























