A 53 años del asalto fascista al diario El Popular

Por Victoria Alfaro

Como todos los 9 de julio, ayer jueves la Asociación de ex trabajadores del diario El Popular 1957-1973 recordó el asalto fascista contra la redacción frente a donde estuvieron sus instalaciones en la emblemática esquina de 18 de Julio y Río Branco, en la puerta del Palacio Lapido. A 53 años de aquella histórica gesta enmarcada en la Huelga General y la masiva movilización que ese día “a la cinco en punto” se instaló en el centro de la capital en contra del golpe de Estado.

El 27 de junio de 1973 la oligarquía latifundista y financiera, los sectores fascistas de las fuerzas armadas y de los partidos políticos de la derecha y el imperialismo yanqui dieron un golpe de Estado. El pueblo uruguayo respondió con una Huelga General en defensa de la democracia y la libertad, convocada por la CNT, apoyada por la FEUU, el SMU, la Udelar, el Frente Amplio y sectores democráticos del Partido Nacional. El 6 de julio es asesinado el estudiante Ramón Peré, su sepelio es multitudinario y se transforma en una manifestación contra la dictadura. 

Las fuerzas que respaldaban la Huelga y enfrentaban el golpe de Estado convocaron a una manifestación por 18 de Julio en Montevideo. La manifestación, prohibida por la dictadura, fue convocada venciendo la censura, en los centros de trabajo y estudios ocupados; en algunas radios, por ejemplo, Sarandí, donde Ruben Castillo leyó un poema de Federico García Lorca, que convocaba “a las cinco en punto de la tarde”. 

El Popular fue parte central de esa convocatoria, su tapa del 9 de julio de 1973 es una enorme foto del multitudinario sepelio de Ramón Peré y el título es toda una declaración: “Sabremos cumplir”. En la base de la tapa, la tira editorial de Patricia convoca sin palabras a concentrarse en la Plaza Libertad.

El 9 de julio de 1973 miles de personas desbordaron 18 de Julio, la represión fue brutal, palos, caballos, gases, balas, cientos de detenidos, entre ellos los generales Líber Seregni y Víctor Licandro y el coronel Carlos Zufriategui. 

Los fascistas se ensañaron con El Popular, cuya redacción estaba en el corazón de la marcha. Una tanqueta arrancó la puerta, ingresaron al edificio y rompieron todo. Amenazaron y golpearon a las y los trabajadores que fueron sometidos a un simulacro de fusilamiento sobre 18 de Julio, con todas las luces apagadas y luego detenidos. 

Así y todo unos pocos días después El Popular estaba de nuevo en la calle batallando y siguió saliendo con varias paginas en blanco todos los días por la censura, hasta diciembre de 1973 cuando fue definitivamente clausurado por la dictadura.

EL POPULAR entrevistó a Ruben Gadda, ex trabajador del diario, mecánico de linotipo, quien vivió esos momentos inolvidables para el movimiento popular.

– ¿Qué sucedió ese día y por qué atacaron El Popular?

Bueno, no empezó el 9 de julio, ese día ya estábamos en el medio de lo que era la Huelga General a partir del 27 de junio cuando empieza la huelga, unos meses antes. El Popular siempre estuvo defendiendo a la clase obrera y la lucha por nuestra Democracia.

Nosotros no acompañamos la huelga y eso dolía, pero al mismo tiempo éramos conscientes que teníamos que sacar el diario para darle armas al movimiento obrero, sobre cómo seguir adelante y saber lo que estaba pasando en todos lados. Eso fue lo que hizo el diario, lo que hizo El Popular. Y el 9 de julio, en el medio de una manifestación que fue convocada para marchar por 18 de julio, la oligarquía aprovechó para darnos un mazazo en el medio de la manifestación.

Y ahí entraron con todo al diario, estábamos en el medio, en 18 de Julio y Río Blanco. Bueno, capaz que era mejor así que estar aislados en otro lado, sino capaz que nos liquidaban antes. Ahí aparecieron con las tanquetas y quisieron detonar el diario, no pudieron, porque a los pocos días ya salíamos de vuelta.

Con menos la mitad del personal, porque la otra mitad estábamos todos detenidos. Pero se llegó a cumplir y salir a la calle. Es muy importante contar que a la hora que eso paso no habían cambiado los turnos de trabajo en el diario y eso influyó para que muchos de los compañeros no estuvieran adentro el diario.

Si bien veíamos venir lo que luego pasó, no podíamos prever tanto, ni estar las 24 horas adentro, todo el mundo. El asunto es que a los pocos días ya se pudo salir de nuevo y se mantuvo el vínculo con la clase obrera. 

Y bueno, realmente tuvieron la posibilidad de retrasar la salida del diario, de romper y tratar de romper todo lo más posible, pero no pudieron.

El conjunto de compañeros que trabajábamos, porque no todos éramos funcionarios, había mucha gente colaboradora y mucha gente asalariada, porque éramos más de 200 personas.

– También habían logrado esconder el dinero…

Bueno, después del golpe de Estado, estábamos con las barbas en remojo en todas las cosas y los compañeros de finanzas pudieron esconder el dinero, así como otros escondieron documentaciones que había, entre otras cosas, a los efectos de que no cayera todo y no cayó todo en ese momento.

Eso permitió rehabilitar el diario a los dos días, determinó que no tuvieron más remedio que dejarnos seguir saliendo hasta diciembre. Eso es lo grande porque en el golpe y en el mazazo que nos dieron podíamos haber quedado en ese mismo momento sin salir. Fue para eso que lo hicieron, pero no pudieron, ese es el tema fundamental…

– ¿Cómo fue ese proceso entre el 9 de julio y el mes de diciembre cuando cerró?

Fue muy intenso, en mi caso estuve detenido en ese periodo y otras veces más adelante. Mi hijo nació un 28 de octubre y me acuerdo que estaba detenido.  

No había motivo de detención, pero te agarraba en la calle y te llevaban. Teníamos las cláusulas de no publicar todo, salíamos con páginas donde nos faltaban elementos, pedazos de páginas que estaban en blanco. Teníamos la censura previa y salía en blanco el diario…

Así pudimos seguir hasta diciembre, donde se clausura definitivamente el diario. Ese 9 de julio la verdad que nos agarraron a palos a todos. Los gases y la bajada de las escaleras, muy largas, a bayonetas hasta la calle, mujeres, hombres, embarazadas, los palos eran parejos… Ahí, no me acuerdo a qué hora, pero era de noche, fue cuando consiguieron bajar a todo el mundo para la calle, de los que estábamos adentro y nos ponen a todos contra la vidriera de 18 de julio y ahí hacen en determinado momento un simulacro de ametrallamiento. Teniamos cuatro compañeros heridos por los palos y mas golpeados con las culatas de las armas y todos gaseados, además del agua… 

Hubo de todo y después empezamos a ver los destrozos que hicieron con parte de los diarios que estaban para la colección, que fueron destrozados en la entrada.

La cuestión es que destrozaron casi todo lo que era la redacción y parte de la administración. Ahora con respecto a las máquinas no pudieron, se les complicó. Nos las apañamos y pudimos apagar y dejar las máquinas en condiciones a los efectos que no se estropearan. Estábamos en pleno funcionamiento y dejar las máquinas en condiciones, apagar los hornos y apagar las cosas influyó a que se pudiera retomar días después. Y pasó lo mismo con la rotativa…

Vamos a entendernos, teníamos cuatro pisos y ahí se les complicó, no era chico el lugar…

– Y encima se encontraron con trabajadores conscientes de lo que hacían…

Si, si, eso si, la responsabilidad de todo el mundo estaba presente, organizados y sabiendo lo que hacíamos. Como te contaba luego del apaleamiento nos subieron a unos ómnibus de Amdet y nos pusieron tirados en el piso, donde nos caminaban por encima. No íbamos sentados, de allí nos llevaron a la Jefatura de Policía y después a otros lados como el Cilindro municipal en el caso de los varones. Allá también nos entraron a palo y estuvimos de plantones durante cinco horas o más.

Y a dormir en el piso, estoy intentando recordar porque no es fácil esto de recordar lo que pasó…

La cuestión es que pudimos salir con el diario hasta diciembre cumpliendo con la tarea que teníamos de sacar el diario a la calle y llegarle al movimiento obrero, que también estaba con nosotros en el Cilindro, con muchos compañeros de distintos gremios, que estaban detenidos también. Ahí fuimos a parar todos juntos…

Quiero recordar también la solidaridad de muchos gremios, llevándonos elementos para comer, para dormir y leña para prender en el medio del Cilindro. Hacía un frío insoportable y ahí nos fuimos organizando, unos salieron antes, otros salimos después y bueno, otros estuvimos encerrados después también.

En el recuerdo

Tania Fernández, administrativa y encargada de recursos del diario, recordaba para la edición 230 del semanario EL POPULAR: 

Ellos no pensaron que íbamos a ser tantos. En un momento dado dijeron “Apunten… Fuego”, yo estaba con mi hermano al lado y pensamos que la quedábamos. Era una réplica de la 20, con la diferencia de que éramos más de 120, si no nos mataban a todos.

Adentro del diario, en la redacción, nos habían puesto a todos en el piso, nos caminaban por encima y con los fusiles nos golpeaban en la espalda. Había una agresión tremenda. Nos bajaron tres pisos a culatazos, a las patadas, a las mujeres las arrastraban del pelo.

Había momentos en que te daba la sensación que tenían que estar dopados, porque no había una lógica, un razonamiento, para agredirnos, era reventarnos, para ver si alguno salía disparando y le daban; en eso tenemos que hacer hincapié en la disciplina que todo el mundo tuvo. Había mucha gente joven, que de repente no tenía la madurez de nosotros de los años trabajando, sin embargo se mantuvo.

A nosotros a veces nos es difícil hablar de lo que pasaba afuera, porque estábamos metidos en nuestro trabajo no podíamos ver muchas cosas. Los que estaban en el taller tenían que tener la obsesión de que el diario salga en hora, la gente de redacción lo mismo, los de administración –entre los que estaba yo- teníamos que sacar los dineros para mantener el diario. Nosotros confiábamos porque teníamos una clase obrera fuerte. Yo trabajé mucho con los sindicatos por el diario y sabíamos que los sindicatos iban a responder, teníamos plena confianza. Los sindicatos nos decían que nosotros en el diario los habíamos ayudado. El diario jugó un papel sumamente unitario cuando todavía no estaba creada la CNT. Entonces cuando uno habla de El Popular tiene que hablar del movimiento obrero, están extremadamente ligados. (…) 

También escondimos plata y no la encontraron. En un momento dado, estaban entrando los militares y yo voy a la parte donde estaba la caja, ahí teníamos los sueldos, los cheques, todo. La escondimos y como había una compañera embarazada, que estaba ya por tener familia, los milicos la dejaron salir. Entonces yo escondí la plata y le mostré donde estaba. Cuando vuelve Viera (Eduardo, el director de El Popular), le dice a ella: “No tenemos un peso, no tenemos nada para empezar de nuevo”. Y ella le dice: “¿Cómo no?, acá está todo el dinero”. Son pequeñas anécdotas pero te da la pauta de cómo vivíamos nosotros el diario.

El 9 de Julio yo era secretaria de administración y recursos en el diario. Cuando entramos a cárcel central, donde nos tuvieron dos días sin nada. Cuando entramos arriba estaba lleno de “tupas”, viene una persona y me dice: “Tania, ¿qué hace usted acá?”. Esa persona era el dueño de uno de los frigoríficos particulares más grandes de Camino Carrasco. “Nos allanaron el diario”, le dije. “Yo estoy por ilícitos económicos, pero me siento muy orgulloso de conocerte y que me digas qué está pasando y en qué te puedo ayudar”, me respondió. “Yo lo único que te pido es un colchón y un té”, le dije, sobre todo pensando en una compañero mayor que no estaba bien. A los dos minutos los teníamos y me dice: “Contame, qué está haciendo el diario”. El diario en ese momento se transformó en el portavoz de lo social, político y económico. Yo lo conocía porque le sacaba plata para el diario.

Las fotos que acompañan este artículo son de Andrés Gaitán.

Compartí este artículo
Temas