A Ramón Peré

«Nacido en La Agraciada, 

lindo nacer, 

de familia de obreros, 

Ramón Peré» (*)

UJC

Ramón Peré no solo nació en La Agraciada, sino que nació de un hogar de clase trabajadora. Eso define su identidad. Pero más allá de la identidad de clase está también lo que uno hace por ella, y sí que hizo Ramón: fue militante de la UJC, estudiante, docente, padre de Nancy y Andrés y esposo de Alicia. 

Dicen que era uno de esos incondicionales que siempre estaba para dar una mano en organizar a las masas, tan así, que cuando se ausentó por el nacimiento de su hija, llamaron para preguntar si estaba bien, ya que no sabían nada de él desde hacía varios días. Fue de esos militantes que sienten, piensan y actúan en consecuencia; en consecuencia con construir un mundo mejor. 

El pasado 6 de julio se cumplieron 53 años del cobarde asesinato de Ramón Peré a manos de las fuerzas del Estado. Fue el primero de los muchas y muchos que lo sucedieron mientras duró la dictadura cívico-militar. Ramón se encontraba en la calle, organizando la Huelga General que movilizó a miles de trabajadoras y trabajadores de nuestro país en semejante contexto, e hizo nacer herida de muerte a la dictadura. 

A pesar de que hoy lo homenajeamos en las efemérides de su asesinato, a Ramón lo recordamos por su vida: su compromiso con un mundo más justo, con la clase trabajadora y con la revolución. Ramón fue un militante de todas las horas que junto a cientos de miles de compañeras y compañeros pusieron cuerpo para frenar el fascismo que avanzaba en aquel entonces; fascismo que, entre otras cosas, era la respuesta a la esperanza de la organización popular que nacía de la mano de la unificación del movimiento sindical en el año 64 (CNT) y la creación del Frente Amplio en el 71. 

Si se repasan las fotos que han entrado en la memoria en nuestro país, inevitablemente viene a la mente la del velorio de Líber Arce, aquel pizarrón con la palabra «Silencio» escrita y cargado de claveles, con Ramón Peré dejando el suyo. La historia de Ramón se conecta con la de Líber: ambos asesinados a manos de las fuerzas del Estado, militantes que pusieron cuerpo y vida en los contextos más difíciles de nuestra historia reciente. 

Cuando hablamos de que fue un Héroe de la Huelga General no queremos olvidar a nadie, porque bien sabemos que las luchas son colectivas y ¡vaya si lo fue la huelga! Pero lo hacemos para abrazar la memoria de sus convicciones y su militancia, para recordar que hubo quienes dejaron la vida en sembrarnos un camino, y, por tanto, lo hacemos también para sostener y seguir su ejemplo. Acá estamos, todavía, y vamos a seguir estando, a seguir militando comprometida y conscientemente. Por Ramón y por aquellos que históricamente han puesto todo y más de lo que tienen a su alcance por el bienestar popular. Ramón eligió compromiso. Eligió luchar contra lo injusto sin importar lo monstruoso que pueda ser el adversario, porque sabía que estaba acompañado por miles y miles de compañeras y compañeros.

Recordar a Ramón también implica recordar a su esposa, Alicia, maestra y madre, compañera en el hogar y en la trinchera. Alicia es otro ejemplo de militancia y compromiso, compromiso de no rendirse, reconstruirse y seguir adelante. Y no se rindió ante la impunidad: 38 años desde aquel trágico 6 de julio tuvieron que pasar para que el coronel Tranquilino Machado fuera a la justicia. Tranquilino era un joven alférez recientemente egresado de la Escuela Militar cuando decidió apuntar y disparar por la espalda a Ramón, otro joven con toda una vida por delante. En esos 38 años Machado pudo seguir con su vida, su familia, e incluso hacer carrera dentro de las FFAA hasta llegar a coronel. Como si fuera poca la injusticia, instalaron la mentira de que Ramón había muerto en un enfrentamiento armado; mentira que quedó desarticulada después de varias autopsias y testigos, cuando se logró comprobar que Ramón tenía parkinson y nunca habría podido sostener un arma. 

Este también es un reclamo de verdad y justicia por todas las compañeras y compañeros que nos faltan. Acá no descansaremos hasta saber dónde están. 

Ramón es un ejemplo a seguir por todas nosotras y nosotros. Es ejemplo de compromiso, amistad, amor y compañerismo. Es la disposición a luchar en la dicha y en la adversidad, porque sabemos que hay un horizonte mejor, y no para nosotras y nosotros solamente, sino para las grandes mayorías. Ese horizonte en el que creemos y por el que seguimos soñando, militando y construyendo día a día. A través de nuestros actos, nuestras palabras, nuestro compromiso; con nuestra gente y con la de afuera. 

Seguimos creyendo en ese horizonte por el que militaba Ramón. En donde nadie quede afuera, en donde no nos sea indiferente si un niño no tiene las condiciones materiales resueltas para poder ir a la escuela y construirse como sujeto social. En donde no nos sea indiferente mirar para el costado y ver primas, padres o hermanos pasándola mal, sin techo, sin comida, sin trabajo, siendo explotadas y explotados. No nos da lo mismo que unos pocos acumulen tanto a costa de que otras personas no puedan vivir dignamente, y que además nos vendan que esos son nuestros salvadores. No nos puede dar lo mismo. No podemos ni vamos a acostumbrarnos a eso. 

Para construir un mundo mejor no basta con cambiar lo que pasa en nuestro país. Para hacerlo realidad necesitamos cortar de una vez por todas con la crueldad, con la miseria, con el abuso de la clase dominante. La tierra no resistirá si seguimos tirando bombas, sobre-explotando nuestros recursos como si fueran infinitos, como si no hubiera consecuencias ni las estuviéramos viendo, si seguimos invadiendo países y masacrando a su gente. Algo tiene que cambiar y el cambio lo tenemos que traer, construir y sostener con nuestras manos. 

Recordar a Ramón Peré no es un acto pasivo. Es preguntarnos: ¿qué significa ser militante al día de hoy? ¿Cómo luchamos para construir eso que también buscaba Ramón? Murió organizando la huelga, ¿cómo organizamos a los y las trabajadoras en la actualidad? Son preguntas que debemos hacernos constantemente y responderlas de forma activa, en la práctica, con organización y de forma colectiva. 

Acá seguimos, militando con solidaridad, y no perderemos nunca la esperanza de construir un mundo mejor, más justo, que dé a toda su gente las mismas posibilidades y donde nadie se crea dueño de nuestras vidas, de ninguna vida más que de la suya propia.

Actividad

Este sábado 11 de julio, a las 14.00 horas te esperamos en  Melitón González y Rizal. La oratoria estará a cargo de la Embajada de Cuba en Uruguay, Natalia Díaz por la UJC y Ana Olivera por el PCU.  Espectáculo artístico con Carlos Benavides y Augusto Gramón y habrá parrilla y cantina popular. También se recibe abrigo, ropa y productos de higiene menstrual, así como medicamentos para Cuba.

(*) Es un extracto del poema A Ramón Peré escrito por Washinton Benavides e interpretado musicalmente por su sobrino, Carlos Benavides.

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