Algunos delitos “se llevan bien”

Hace algunas semanas atrás fue el precandidato blanco – Álvaro Delgado- quien reconoció que no eran los delitos sino las denuncias las que habían bajado, en una confesión de parte que mereció nuestra atención en una columna (ver). Hoy es el propio presidente de la República, quien en un lapsus verbal realizó la confirmación expresa de una percepción compartida por la población sobre la veracidad de los datos de delitos.

Al ser consultado en rueda de prensa manifestó sobre los homicidios que «justamente es el que se lleva (registra) bien”, lo que nos confirma que el resto de los delitos no, es decir que se registran mal o no se «llevan» bien. Tanta sinceridad asusta…

Sobreabundan las situaciones en que algún vocero de turno salga a tirar fruta sobre la seguridad de los uruguayos. Y, a pesar de que la ciudadanía percibe otra realidad muy distinta a la que promocionan, insisten en dar números y cifras que no se condicen con la realidad que vivimos los uruguayos. Porque ya no es un problema de la capital, ni siquiera de la zona metropolitana… ya es una cuestión que se percibe y sufre a nivel nacional.

No hay rincón del país donde no se hable de la inseguridad que sufren los diferentes departamentos, a pesar del relato oficialista que pretende imponerse a fuerza de matrizar información sobre las cifras de denuncias. Ya escribimos bastante sobre la precarización que han infringido en los sistemas de registro, desde la eliminación de los becarios en las comisarías (sustituidos por retirados policiales), pasando por la no utilización de las tablets para toma de denuncia en el lugar de los hechos con la correspondiente remisión de las víctimas a una comisaría para hacerlo. Todo lo cual no ha hecho otra cosa que desestimular la acción de registrar los eventos sufridos cuando estos son de menor cuantía o no son requeridos por algún acto administrativo que implique necesariamente la presentación de una denuncia (seguros, renovación de documentos, etc).

Durante el tiempo que ocuparon el rol de oposición, los actuales gestores del gobierno demonizaron las cifras poniéndolas en duda cuando daban bien y ponderándolas cuando daban mal. Una pertinaz crítica a los creadores de los registros estadísticos pues -hasta el advenimiento del Frente Amplio al gobierno- no había organismo oficial que sistematizara y procesara registros confiables sobre la criminalidad en el país. Fue así como -durante la primera administración frenteamplista- se concreta la creación del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad.

Lo que no repararon nunca fue en reconocer que si los registros crecían era porque se promovía la denuncia con la primordial finalidad de proveer de información veraz a los investigadores en su tarea de producir los informes que sirvieran a la operativa policial. Una labor profesional que siempre tuvo el reconocimiento de las autoridades ministeriales que monitoreaban su gestión a partir de la información que surgía de los periódicos informes elaborados por el Observatorio. 

Mucho más cuando la cartera invitó al criminólogo norteamericano Lawrence Sherman, con quien se promovió mucho más aún la denuncia como elemento principal de la lucha contra el crimen. Algo que se fundamentaba en la necesidad de ese insumo principal para la elaboración de los mapas de calor que descifraran las zonas calientes donde el delito se reproducía para poder -luego- planificar una respuesta policial eficaz que controlara esos puntos rojos. Puntos calientes que no eran otra cosa que lugares donde el delito se concentraba y a los que había que “enfriar” con acciones preventivas y/o represivas para abordar luego con otro paquete de medidas complementarias que el Estado en su conjunto debía promover, en un derrame de ciudadanía que devolviera la convivencia perdida.

Esas circunstancias que demonizaron entonces los cultores del cuanto peor mejor, hoy son controvertidas por acciones propias de los responsables de administrar el destino del país. Y lo hacen a sabiendas que contaron con dos años de pandemia que ralentizaron toda actividad humana a nivel mundial -incluida la actividad criminal- adueñándose de esos falsos resultados como fruto de una exitosa gestión que se revirtió rápidamente.

Confesión presidencial

“… cada homicidio preocupa, cada homicidio… me han escuchado hablar y decir de que hay una baja sensible en casi todos los delitos… casi todos los delitos. No sólo hay una baja, sino que había una tendencia creciente y ahora la tendencia es descendente; ha habido una baja importante. El más costoso, el que más nos ha costado es justamente el que se lleva bien, que son los homicidios…”

                                       Luis Lacalle Pou – 18 de mayo de 2024

Así las cosas, el presidente reconoció en rueda de prensa, que los datos de delitos que se llevan bien son los de los homicidios, por lo que debemos interpretar que el resto de los delitos no. Cuando habla de llevar se refiere -indudablemente- a su registro y no a otra cosa. Son precisamente los homicidios, el delito que resulta en un indicador internacionalmente reconocido para medir la inseguridad de un país en razón de su mayor confiabilidad a la hora de registrarlo, aunque también hay formas de disimular su crecimiento falseando la realidad, o -por lo menos- demorando su reconocimiento en el tiempo.

A pesar de todo, hace bien el presidente en reconocerlo, aunque más no sea de forma parcial pues ni a esos delitos los “llevan bien” a estar por el aumento escandaloso de muertes dudosas que no hacen parte de ninguna estadística, así como de las inconsistentes diferencias con las cifras de homicidios entre la Fiscalía General de la Nación y el Ministerio del Interior, que fueron reconocidas en respuestas a pedidos de informes difundidos oportunamente.

Asimismo, la realidad se falsea de forma tangencial cuando se emiten las cifras ni bien cierra el período de referencia, pues los datos se congelan ante la opinión pública aunque seguirán vivos en la realidad pues muchos lesionados graves que evolucionan negativamente engrosarán las cifras de homicidios. Pero claro, la idea es que en el imaginario -y en la agenda noticiosa- quede un número menor al que realmente corresponda al período difundido.

A esta altura de la gestión debieran de tener un acto de humildad que reconociera que estuvieron bien lejos de los objetivos prometidos. Y lo estuvieron por acciones propias que llevaron a la remoción de las principales autoridades de la cartera y de la dirección de la Policía Nacional en eventos que no tienen precedentes en la historia reciente nacional. Hechos que si no tuvieron la repercusión que merecían fue por un potente blindaje mediático que no puede -a pesar de los intentos- con la realidad que los interpela y expone cada día a situaciones que no lograron resolver nunca.

El presidente no es bueno declarando y hasta parece que se olvidó de las lecciones muy bien aprendidas en la campaña que lo llevó al sillón presidencial. Al punto de cometer estos actos fallidos donde deja un mensaje implícito que reconoce lo que la gente sufre y percibe en su vida cotidiana: que la realidad es bien diferente a la que cuentan y promueven desde el gobierno.

En lugar de hacer como el avestruz es hora de que saquen la cabeza del agujero y reconozcan de una buena vez que tienen que hacerse cargo.  

el hombre repetía el audio presidencial,

el perro se tapaba las orejas con las patas…

Fernando Gil Díaz – «El Perro Gil»

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