Maldonado tiene primer Sitio de Memoria

Por Ximena González, Comisión de Sitio de Memoria del Ex Cuartel Militar-hoy Paseo San Fernando- de Maldonado.

El pasado 27 de junio se llevó a cabo el acto de señalización pública del primer Sitio de Memoria en el departamento de Maldonado, sobre el ex Cuartel Militar -hoy Paseo San Fernando- en el marco de lo dispuesto por la ley N°19.641 sobre Declaración y Creación de Sitios de Memoria del Pasado Reciente.

Con la presencia de autoridades departamentales y nacionales, y un público colmado de emoción y lágrimas, entre ellos, familiares de ex presos y presas políticas, fueron jóvenes estudiantes de Maldonado quienes condujeron la ceremonia hasta el cierre de la misma con el descubrimiento de la placa conmemorativa que señaliza el lugar y recuerda las violaciones a los derechos humanos cometidas allí.

Porque el hoy Paseo San Fernando fue un sitio donde la vida se quebró, y el miedo interrumpió los destinos de muchos y muchas compatriotas.

Durante la oratoria, hicieron uso de la palabra Genaro Rivero por la Comisión Nacional Honoraria de Sitios de Memoria, Ecilda Marrero en nombre de las Mujeres Ex presas políticas de San Carlos, Elena Zaffaroni de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, Ximena González por la Comisión de Sitio, cerrando el acto José “Pepe” Rappeti, vecino de Maldonado con extenso compromiso y trayectoria en la lucha por los derechos humanos.

En tiempos del actuar represivo del Estado, en el hoy Sitio de Memoria -Paseo San Fernando- funcionó un centro clandestino de detención y tortura y el OCOA IV, -Órgano Coordinador de Operaciones Antisubversivas-, uno de los organismos que articuladores del Plan Condor en Uruguay. El OCOA actuó como uno de los principales brazos operativos y represivos de la dictadura y es responsable, por tanto, de miles de detenciones, de interrogatorios mediante tortura, y de desapariciones de detenidos.

Los testimonios de mujeres que fueron ex presas de Maldonado y San Carlos también estuvieron presentes, como el de Estela Pagola, exiliada en Francia,quien sufriera la detención ilegitima en instalaciones en el Batallón No. 4 de Laguna del Sauce, en la Jefatura del Ex Cuartel y luego en el Hogar de niñas del Consejo del Niño, hizo llegar palabras de saludo a través de una carta, en la que recordaba la huella que dejó el terrorismo en las mujeres y la importancia de contar la verdad para rescatar la memoria del olvido y garantizar el nunca más a la violencia: “El terrorismo de Estado ejerció una violencia específicamente cruel sobre las mujeres, sobre sus cuerpos sus voces y sus identidades, por eso, el vivo relato de ellas es sin duda alguna un acto de resistencia. Gracias por compartir sus vivencias a las nuevas generaciones”.

Ecilda Marrero, quien tenía 3 meses cuando su madre Teresa fue llevada presa, y a quien recién volvió a ver a los tres años, en un acto de gran coraje, transmitió con su voz el relato colectivo de ex presas políticas de San Carlos, como Ana, Jannet, Maria Elena, Lilian, mujeres que se hicieron especialmente presentes durante la jornada a través de estas palabras: “éramos gente común, estudiantes, docentes, amas de casa, trabajadoras…no teníamos mucha formación política por ser muy jóvenes. Algunas habíamos militado en las elecciones, otras no tenían edad aún. Algunas somos creyentes, otras ateas pero teníamos en común el deseo de ser solidarias. Por supuesto que no éramos a políticas. Teníamos el sueño de construir un mundo mejor. En ese momento reaccionamos como lo habían hecho muchas generaciones de jóvenes a lo impuesto por la fuerza, expresamos nuestra oposición a la dictadura con caminatas, volantes, pegatinas, pasándonos la información que nos llegaba de Montevideo. Cuando nos reunimos a estudiar, aprovechamos para comentar y a difundir la opinión de los que resistimos al fascismo. Todas estas actividades estaban prohibidas, eran delitos para los enemigos de la democracia. Nos detuvieron con operativos que parecían destinados a abatir peligrosos delincuentes, capuchas desde el primer momento, tiradas en el piso de las chanchitas, las camionetas policiales, para que la gente no nos viera, plantones, incomunicación, interrogatorios de terror. Una compañera recuerda que la detuvieron en un operativo desmesurado, con soldados armados con metralletas rodeando su casa en una pequeña localidad de Maldonado. Las personas que estuvimos presas no fuimos las únicas que sufrimos. Los familiares y conocidos soportaron el dolor por la separación y la angustia por no conocer nuestro destino, pero además recibieron amenazas y desprecios personales. Nos trasladaban de un cuartel a otro sin que nosotros ni la familia supiéramos nada, a dónde, ni que iba a pasar con nosotras. El miedo y la incertidumbre era la manera de tener a la gente callada y dócil a pesar de ver tanta injusticia. En estas instalaciones hubo personas detenidas antes de llevarlas al Batallón de Ingenieros N°4, aquí funcionó el OCOA, y ya liberadas citaban a compañeras para interrogarlas con el único objetivo de mantener el control y atemorizarlas. Estas paredes que hoy se reconocen como sitio de memoria tienen una función, que se sepa, cómo fue esa etapa desgarradora en la vida de los uruguayos, para que todos digamos juntos, nunca más terrorismo de Estado”.

En la actualidad, y desde hace muchos años, en el Paseo San Fernando funcionan las escuelas departamentales de música, danza y canto lírico, es un lugar de aprendizaje, de arte para la cultura, de circulación ciudadana y organizaciones sociales. Es un espacio privilegiado de Maldonado, pero invisible para sus habitantes en relación a los rastros del pasado reciente. Porque predomina un sesgo cognitivo que conspira contra la verdad. Una verdad que ha estado solapada por un Maldonado puntaesteño, turístico, de emblemáticos festivales y vidrieras al mundo, que caminó durante largas décadas, sin mirar atrás. Los ojos del casco urbano, con la plaza enclavada en el medio, fueron testigos invaluables de cómo las cosas se tornaron otras, de cómo un cuartel se transformó en un enclave de música y poesía para las generaciones venideras, que tal vez nunca percibieron, que en aquellos pentagramas, había silencios que pesaban demasiado.

Como relata el escritor y periodista uruguayo Samuel Blixen en su libro sobre el OCOA “Un modelo de guerra sucia”, “la ignorancia y la duda extienden en el tiempo los efectos represivos; la impunidad, reaviva el miedo”.

Es un deber ético respetar y fomentar el derecho de nuestros jóvenes tanto de hoy como los del mañana, así como de quienes no fueron protagonistas directos del horror, de poder elaborar dignamente, la memoria. Esa memoria colectiva que, para transformarse en acto, debe construirse a partir del conocimiento, de valores, de normas, manifestaciones como esta señalización realizada un 27 de junio de 2026, a 53 años del golpe de Estado y declarado “Día de la Resistencia y Defensa de la Democracia” honrando la memoria de quienes defendieron la libertad y la plena vigencia del Estado de Derecho.

Porque conocer los hechos vinculados a las violaciones de los derechos humanos, no solo es saber de las atrocidades cometidas y de su impunidad. Es también conocer y recordar la inquebrantable lucha y rebeldía de miles de hombres y mujeres, trabajadores, estudiantes, partidos políticos y organizaciones sociales que respondieron con la heroica Huelga General para defender la democracia, la dignidad y la libertad, hasta el día de hoy que seguimos diciendo, con fuerza y sin cansarnos de repetir, porque es nuestro deber ético, nunca más terrorismo de Estado. También para recordar a los desaparecidos que jamás fueron encontrados por falta de verdad, como Horacio Gelos Bonilla, secuestrado un dos de enero de 1976 a pocos metros del Cuartel de la Plaza.

Recordar que adentro de ese mismo espacio, indefensos y rotos pero con la dignidad y firmeza inquebrantables, estuvieron Sócrates Martínez, Alba Clavijo, Luis “Chino” Urrutia, Graciela Casas, Estela Pagola, Líber Seregni, José “Pepe” Machado, Gabriel “Pájaro” Di Leone, como tantos y tantas víctimas del terrorismo de Estado.

Porque el olvido está lleno de memoria decía Benedetti, este reconocimiento defiende el derecho a la verdad. Defiende el derecho a mirar de frente los hechos del pasado, arando la ternura con brazos de futuro, para que no haya nunca más terrorismo de Estado. 

(Las fotos, con distintos momentos de la emotiva ceremonia son de Cristian Techera)

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