Van 1.452 personas muertas y más de 3 mil heridas.
Por Ricardo Pose, periodista uruguayo, desde Caracas.
La Tierra siempre habla en Venezuela.
A veces lo hace con susurros, a veces lo hace hablando con una voz muy enérgica y muy firme, como una madre o un padre rezongando, y otras veces grita, como ahora.
Para quienes nacimos en el sur, aparentemente casi encima de una placa que no registra bruscos movimientos, a pesar de que ahora hay algunos indicios en Uruguay, las sensaciones son nuevas. La estabilidad que uno siente, tal cual navegante que está deseando llegar a pisar tierra firme, desaparece.
El suelo se mueve bajo los pies que pierden el control de lo que pisan, y de alguna manera queda humillada nuestra condición de seres bípedos que pueden caminar erguidos, pero también se mueven sin control los autos encima del suelo y las casas se desploman como un castillo de naipes con gente adentro.
Venezuela por estas horas está viviendo un drama donde día a día crece el número de fallecidos, de personas desaparecidas y de heridos, pero también desaparece lo que hasta hace pocos días era su vivienda, su techo y en algunos casos lo que era trabajo, su fuente laboral.
Desaparece la vida cotidiana, o, mejor dicho, siendo un poco más optimistas, está en pausa.
La ayuda internacional de distinto signo político, esto habrá que descartarlo, habrá que reconocerlo, viene llegando. El gobierno de Estados Unidos que el 3 de enero invadió militarmente a Venezuela y secuestró a su presidente y a la primera combatiente, la diputada Cilia Flores, hoy es uno de los tantos gobiernos del mundo que manda sus equipos para las operaciones de rescate. Estos son momentos que no puede más que expresarse la solidaridad ante las consecuencias de esta catástrofe generada por la acción de la naturaleza.
Sin embargo, los carroñeros de la ultraderecha no descansan. En el medio de este drama, cuando se estaba tratando de organizar las tareas, sobre todo de información de los daños en infraestructura causados, pero fundamentalmente los daños humanos, pérdidas de vidas, Edmundo González desde España, ustedes recordarán,( el anciano títere de María Corina Machado, con pretensiones de ser presidente) sale públicamente a hacer un duro cuestionamiento al sistema sanitario y socorrista, concretamente de bomberos, del Estado venezolano, como si este fuera el momento para generar en una población que está lastimada, golpeada, sensibilizada, que claramente va a expresar en reclamos contra los integrantes de los cuerpos del Estado, de los rescatistas, toda su angustia, toda su frustración.
No es sencillo saber que debajo de los escombros hay un familiar que puede estar fallecido o que puede estar con vida. Y es imposible calmar la ansiedad en exigirle a los cuerpos rescatistas que traten de hacer lo imposible para rescatar a esa persona de allí.
Y en el medio de todo eso decíamos entonces que estos carroñeros empiezan a mandar, por un lado, estos mensajes de la ineficacia, de algunos de estos cuerpos, nos referimos a los cuerpos del Estado, pero también que empieza de alguna manera a sembrar lo que seguramente va a estar cuando todo este oscuro periodo pase, que es el balance de la gestión de hasta dónde fue posible salvar vidas, recuperar infraestructura.
Será bueno recordar que en el medio de la tragedia la ultraderecha una vez más intenta sacar, ante un posible escenario electoral , rédito político de la tragedia.
Al 28 de junio al mediodía, las cifras van dejando nuevas cicatrices:
.- Más de 25 mil rescatistas en operaciones.
.- Fallecidos: 1450.
.- Heridos: 3.150.
.- 12.721 damnificadas.
.- Edificios afectados 774
.- 38 hospitales afectados.
.- 44 centros comerciales afectados.
.- 1.645 de estructuras afectadas.
.- 73.937 familias atendidas.
.- Más de 7 millones de alimentos distribuidos.
.- 20 mil bolsas de comida
.- 527 heridos trasladados a Caracas
.- 4.250 asistencia medica
.- 7.168 han pasado por triaje.
.- 12.049 atendidos a personas
.- 2.624 rescatistas internacionales.






















