Una conquista que hay que seguir defendiendo y profundizando
Por Manuel Rodríguez (*)
El reciente debate sobre las empresas públicas y su financiamiento vuelve a instalar una discusión estratégica: cómo movilizar el ahorro nacional hacia proyectos de inversión productiva capaces de impulsar el desarrollo del país. Uruguay cuenta con alrededor de 40.000 millones de dólares en depósitos en plaza —solo un tercio en plazo fijo— y aproximadamente el doble en depósitos de residentes uruguayos en el exterior (incluidos quienes obtuvieron la residencia por el régimen de tax holiday). Ese ahorro hoy no tiene un destino productivo en la economía uruguaya.
En este marco, una de las respuestas que se ha planteado es la apertura del paquete accionario de estos entes y la incorporación de representación privada en sus directorios. Esta salida —que con algunos cambios tiene el riesgo reproducir las lógicas privatizadoras de los noventa— pone en riesgo la propiedad pública y puede ir en contra del uso de la empresa pública como patrimonio e instrumento para el desarrollo nacional.
Esta discusión se ha dado tomando como ejemplo a una de las empresas públicas de mayor dimensión del país: UTE. Por ese motivo, vale la pena identificar el momento en que nos encontramos, cuáles fueron los logros y cuáles son los desafíos que se presentan.
Cuando hablamos de UTE, hablamos de las conquistas de la clase obrera uruguaya
En la década de los noventa, en plena ofensiva privatizadora regional, fue la movilización del movimiento sindical, las fuerzas populares y amplios sectores de la sociedad la que impidió que los entes públicos fueran privatizados. Uruguay eligió otro camino: mantener en manos del Estado su empresa eléctrica. Esa decisión fue la condición necesaria que posibilitó todo lo que vino después.
Bajo los gobiernos del Frente Amplio, la empresa pública demostró todo su potencial transformador. Con el Estado como conductor y UTE como brazo ejecutor, se diseñó y ejecutó la transformación de la matriz energética uruguaya: desde el Acuerdo Marco Multipartidario en Energía de 2010 hasta la incorporación masiva de eólica, solar y biomasa. El resultado es histórico: Uruguay genera hoy el 99% de su electricidad con fuentes renovables y pasó de ser importador neto de energía a exportar electricidad a Argentina y Brasil, alcanzando entre enero de 2016 y agosto de 2025 los 1.324 millones de dólares. UTE —por su escala, su capacidad de inversión y su alcance territorial— fue el ancla de ese proceso: la que contrató, integró y garantizó el suministro en la transición. Es una de las empresas más grandes del país, y esa dimensión es lo que le da capacidad de incidir en el desarrollo, de innovar y de conducir transformaciones que el mercado solo no realizaría en las mismas condiciones.
El resultado: doce años de baja en el precio real de la energía
Esta transformación tuvo un impacto directo en los bolsillos de la población. En 11 de los 12 años comprendidos entre 2015 y 2026, el ajuste tarifario de UTE estuvo por debajo del crecimiento de los salarios. En 9 de esos 12 años, también estuvo por debajo de la inflación. El resultado acumulado: mientras los salarios crecieron un 171% en el período y los precios generales un 119%, las tarifas de UTE acumularon apenas un 90%. La energía eléctrica le fue costando progresivamente menos esfuerzo a los trabajadores uruguayos.
Esta tendencia se verifica en los tres períodos de gobierno analiz
ados: en el tercer gobierno del Frente Amplio (2015-2020), en el gobierno de la Coalición (2020-2025) y en lo que va del presente gobierno del Frente Amplio (2025-2026). El rol de la empresa pública —con diferencias según cada gobierno— se convirtió en una política de Estado. Eso también es una conquista del campo popular.
La energía en la Estrategia Nacional de Desarrollo
En 2026 comenzó a elaborarse la Estrategia Nacional de Desarrollo, proceso liderado por la OPP y la ANDE con la participación del PIT-CNT, las cámaras empresariales, la academia y diversos actores sociales. En ese marco, la energía es uno de los sectores estratégicos centrales para pensar el desarrollo productivo del país, por al menos cuatro razones:
1) Como forma de mejorar la calidad de vida de la población
Como vimos, UTE ha logrado bajar los precios de la energía en términos reales. Pero además la mejora de la calidad de vida también se expresa en la movilidad cotidiana: venimos de un crecimiento importante en los buses eléctricos y hoy Montevideo cuenta con 177 ómnibus eléctricos sobre 1.547. El actual gobierno del Frente Amplio se propuso que el 50% de la flota de transporte público sea eléctrica al final del quinquenio. En movilidad individual, es considerable el aumento en la venta de vehículos eléctricos.
2) Como factor de competitividad
El costo energético incide directamente en la estructura de costos de la industria nacional. Una energía renovable, confiable y relativamente accesible mejora la competitividad de las empresas uruguayas y puede ser factor diferencial para atraer inversiones intensivas en energía, por ejemplo, los centros de datos.
3) Como herramienta de soberanía y mejora de la balanza comercial
Generar electricidad con fuentes propias reduce la dependencia de importaciones de combustibles fósiles, con efectos directos sobre la balanza comercial. Cada litro de gasoil que Uruguay deja de importar porque sus ómnibus, sus autos o sus industrias ya funcionan con electricidad local son divisas que permanecen en el país. A esto se suma que Uruguay es exportador neto de electricidad renovable, vendiendo sus excedentes a Argentina y Brasil.
4) El rol estratégico de las empresas públicas
Por su dimensión y escala, los entes estatales uruguayas tienen una capacidad única de incidir en el desarrollo y conducir transformaciones que el mercado no realizaría en las mismas condiciones. La innovación es un instrumento central para que la empresa pública siga liderando el desarrollo energético del país en la próxima etapa. Por último, es importante resaltar el aporte que hace UTE a rentas generales: una parte de sus ganancias, en lugar de terminar en accionistas (en caso de que la empresa fuera privada), financian el gasto en educación, salud y otros rubros esenciales.
Los desafíos: lo que queda por construir
Si bien son evidentes los logros y el potencial para el desarrollo nacional de la UTE, quedan algunos desafíos.
Defender el rol de la empresa pública en el sector energético. El modelo que permitió la transformación descansa sobre la fortaleza institucional de UTE, y ese modelo tuvo sus presiones. El decreto aprobado por el gobierno de la Coalición que habilita a productores privados de renovables a firmar contratos directamente con grandes consumidores industriales —función que ejercía fundamentalmente UTE— implica un riesgo concreto: que la empresa pública pierda ingresos que contribuían a distribuir sus costos fijos entre un universo más amplio de usuarios.
Por otro lado, la primera transformación de la matriz se financió en gran parte con inversión privada —lo que fue eficaz para lograrla en los plazos en que se logró— pero tuvo como consecuencia que las rentas de largo plazo de esos activos quedarán fuera del ámbito público. El actual gobierno apunta al desarrollo de energía solar y proyecta sumar entre 500 MW y 600 MW en el quinquenio, priorizando la inversión con fondos propios, aunque también contempla el ahorro minorista en el mercado de capitales, la asociación con privados y proyectos enteramente privados. La orientación de esa expansión —cuánto queda en manos públicas y cuánto en el sector privado— será una de las definiciones estratégicas centrales de esta etapa.
El precio de la electricidad: avances insuficientes en comparación regional. Que las tarifas hayan crecido menos que la inflación y los salarios es un logro real. Pero en comparación con la región, Uruguay sigue teniendo uno de los precios de electricidad más altos del Cono Sur, tanto en el segmento residencial como en el industrial. Queda mucho camino por recorrer para continuar profundizando la baja del precio en términos reales y reducir la brecha con los países vecinos.
Ayer, hoy y el camino que sigue
La discusión que Uruguay tiene por delante pasa cómo consolidar y ampliar el papel estratégico de sus empresas públicas. Para ello resulta imprescindible defender su carácter conductor en esta nueva etapa, ampliar la inversión pública en generación de energía renovable como estrategia central para continuar reduciendo el precio real de la energía, avanzar en la sustitución del consumo de hidrocarburos por energía eléctrica renovable, y de ese modo seguir fortaleciendo la competitividad industrial, la sostenibilidad ambiental y la calidad de vida de los trabajadores.
Uruguay construyó algo notable. Partiendo de una matriz dependiente de combustibles fósiles importados, transformó en menos de quince años su sistema eléctrico en uno de los más limpios del mundo, logró que la energía se abarate en términos reales para la población, se convirtió en exportador neto de electricidad renovable y lidera la región en adopción de movilidad eléctrica. Ese resultado no fue fruto del azar ni del mercado: fue el resultado de decisiones políticas, de una empresa pública fuerte y de un pasado de la resistencia popular. El futuro necesita poner en movimiento la experiencia acumulada para dar el siguiente salto en el desarrollo nacional.
(*) Economista. Asesor de la Bancada 1001.






















