Por Gabriel Mazzarovich
Entre los días finales de junio y estos primeros de julio se juntan fechas que recuerdan hechos muy importantes para la historia de Uruguay, del movimiento popular y sus luchas y de las y los comunistas y su militancia.
Conmemoramos los 53 años de la Huelga General, digna y heroica respuesta de lucha por la libertad de la clase obrera y el pueblo uruguayo al golpe de Estado fascista, dado por la oligarquía y el imperialismo yanqui. Al recordarla honramos el inicio de 12 años de resistencia, llevando adelante con sacrificio y convicción una de las consignas más heroicas de la clase obrera uruguaya: Ni un minuto de tregua a la dictadura.
Esta resistencia, el enfrentamiento al fascismo, al terrorismo de Estado y a todo lo demás que implicó, la defensa de la libertad y la democracia y por ello de una perspectiva popular de emancipación social tuvo y sigue teniendo al pueblo organizado como protagonista. Miles de hombres y mujeres escribieron, escriben y seguirán escribiendo esa historia.
Pero a veces, en ciertos momentos, hay nombres y personas que sintetizan la lucha colectiva, que ayudan a expresarla. Y es necesario hacerlo, recordarlos, volverlos y volverlas a pasar por el corazón.
No como una recordación pasiva, nostálgica, no; la memoria es una herramienta poderosa para los pueblos, la memoria es lo que hacemos en el presente con el pasado y como lo proyectamos hacia el futuro.
Desde esa perspectiva, vamos hoy a rescatar aniversarios muy distintos de tres militantes, dos compañeras y un compañero, rendirle homenaje a sus vidas, a sus luchas e intentar hacerlo de forma que sigan militando junto a nosotros en nuestras luchas del hoy, que pensamos es la mejor manera.
El 6 de julio de 1973 fue asesinado Ramón Peré, docente, estudiante de Veterinaria, militante de la FEUU, del FA y de la UJC. Ramón, era de Soriano, tenía 29 años, estaba casado con Alicia Jaime, tenían una hija y un hijo pequeños. Fue cobardemente asesinado de un balazo por la espalda, en medio de la Huelga General, cuando denunciaba al golpe de Estado y organizaba la resistencia en una plaza de Montevideo cercana a la facultad ocupada. Su asesino, el oficial militar Tranquilino Machado, fue condenado en 2013, cuarenta años después del asesinato. Durante 40 años su familia, sus compañeros y el pueblo enfrentaron la mentira de que había caído en un enfrentamiento que nunca existió. Tuvieron que vencer la mentira, la impunidad y, sin dejar de luchar y honrar su memoria, conquistar justicia. Ramón siguió luchando junto a nosotros.
El 29 de junio de 1974 fue asesinada en la tortura Nibia Sabalsagaray, docente, militante de la FEUU, del FA y de la UJC. Nibia era de Colonia, tenía 24 años, amaba enseñar, escribía poesía. Estaba organizando la resistencia clandestina a la dictadura, defendiendo la libertad. Fue secuestrada tras las movilizaciones por el primer aniversario del golpe de Estado y de la Huelga, en el que entre otras cosas, se denunció el asesinato de Ramón. Desde el primer momento el fascismo también mintió sobre la muerte de Nibia afirmando la infamia de que se había suicidado. Su familia, sus compañeros, denunciaron el crimen durante 40 años y en 2011 dos de sus asesinos, los oficiales militares Miguel Dalmao y José Chialanza fueron condenados. El caso de Nibia fue el primero que el gobierno de Tabaré Vázquez ordenó investigar aplicando el artículo 4 de la Ley de Caducidad y el primero en el que la Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional ese nefasto instrumento de impunidad. Nibia también siguió luchando junto a nosotros.
Este 1º de julio se cumplieron 128 años del nacimiento de Julia Arévalo. Julia era de Lavalleja y fue una mujer, una militante, excepcional, pionera de tantas cosas. Trabajó desde niña, al principio en una fábrica de fósforos, luego en el campo, fue tabacalera. Organizadora de sindicatos de trabajadores rurales. Enfrentó la represión de las patronales, de la Policía y del Ejército, innumerables veces. Se casó y formó una familia numerosa, con hijas, nietas y nietos, de la que fue centro y refugio. De formación autodidacta, desarrolló una profundidad de pensamiento, discurso e iniciativa que aún hoy impactan hondamente. Fundadora del Partido Comunista de Uruguay, edila y parlamentaria, fue la primera senadora de izquierda de América Latina. Sus intervenciones en el Parlamento, las leyes de reconocimiento de derechos para las mujeres que impulsó, son referencia ineludible en la lucha democrática y popular. Julia fue obligada al exilio por la dictadura y su persecución, falleció en 1985, pocos meses después de retornar a Uruguay de recuperada la democracia. Julia fue una forjadora de lucha, de vientos de libertad, constructora de unidad y de herramientas unitarias, sociales y políticas.
A Julia, a Ramón y a Nibia les han escrito poemas, canciones, les hemos hecho todo tipo de homenajes. En un poema conmovedor escrito a Nibia, su compañera de militancia Tatiana Oroño dice: “La camarada Nibia ha muerto. Y es preciso hacerle un duelo activo de pintadas de calles que la nombren. De escolleras, de muros imborrables. Hacerle un duelo claro como una sola savia. Que paredes y esquinas
esgrimidas de cólera y ladrillo, den memoria. Y los volantes leves. Y las arquitecturas. Que su querido nombre y su sustancia pura conforten y endurezcan los pasos de la calle. Que el fruto lacerante de su vida nos aguarde y nos una”.
Así ha sido, cada año, sin faltar ninguno, en cualquier circunstancia, como nos marcó el camino la propia Nibia, denunciando el asesinato de Ramón poniendo en riesgo su propia vida. Y hemos hecho pintadas y volantes y videos y placas y escribimos notas y lo seguiremos haciendo. Por Nibia, por Ramón, por Julia y por todas y todos. Hoy una calle lleva el nombre de Nibia, una plaza tiene una placa recordando a Ramón y una sala del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social lleva el nombre de Julia.
Julia, Ramón y Nibia, sus vidas, su lucha y como ellas se continuaron y se continúan en las de sus compañeros y compañeras, en los objetivos del hoy y sobre todo en el futuro de libertad e igualdad plena por construir, forman una síntesis de memoria necesaria, que nos hace bien, porque nos recuerda la esencia de lo que somos y las razones profundas de humanidad por las que luchamos.
Tenemos memoria, recordamos a Julia, su dulzura y la firmeza de su voz; a Ramón su ternura y su mirada firme; a Nibia, su amor por enseñar, su convicción y su sonrisa luminosa.
Recordamos el dolor por la violencia que enfrentaron, pero también la alegría que encontraban en la lucha, porque estaban profundamente convencidos de las razones y los objetivos por los que luchaban. Julia, Ramón y Nibia, fueron, son y serán la savia que nos alimenta, nos impulsa y nos compromete a vivir con dignidad.






















