Continúa la caída del salario real

Desde el 1° de marzo de 2020 el salario perdió un 3.9% de poder de compra, mientras las exportaciones de materias primas agropecuarias ya están mejor que antes de la pandemia.

Por Bruno Giometti (*)

Conocido el dato de Indice Medio de Salarios (IMS) correspondiente al mes de julio de 2021, se verifica una caída del poder de compra del salario medio de 1,4% en el último año móvil y de 3,9% desde el 1° de marzo de 2020.

El deterioro de los salarios reales comienza en los meses de marzo, abril, mayo y junio del año 2020 con la aceleración de la inflación, que superó en esos meses la barrera del 10% interanual. Posteriormente, la política salarial aplicada a partir de julio de 2020 a los trabajadores privados y el muy exiguo ajuste salarial otorgado a los trabajadores públicos en enero de 2021, consolidaron una trayectoria de caída de los ingresos de la clase trabajadora.
La caída de la masa salarial viene siendo aún más aguda, dado que, a la reducción de los salarios unitarios medidos por el IMS, se agrega el deterioro del empleo que aún está lejos de recuperar los niveles pre-pandemia, así como la pérdida de jornales y horas de trabajo por parte de quienes conservan su empleo.
Si bien el dato de IMS de julio de 2021 aún no computa los ajustes correspondientes a la mayoría de las ramas de actividad del sector privado (dado que dichos incrementos aún se están negociando) es prácticamente un hecho que el salario real medio tendrá una nueva caída anual al cierre de este año. Los trabajadores estatales no tendrán aumento hasta enero del año que viene; mientras que en el caso de los trabajadores privados de los sectores que se adscriban a los lineamientos del Poder Ejecutivo, tendrán un ajuste de 2,5% en el mejor de los casos, que podrá cubrir la inflación del segundo semestre de este año, pero no alcanzará para compensar la pérdida de salario real sufrida en el primer semestre. Según nuestras estimaciones en 2022 el salario real se mantendría estable, de no ocurrir eventos extraordinarios y recién en 2023, en el mejor de los casos, podría lograr algún porcentaje de recuperación.
Como ocurre habitualmente en el marco de las crisis económicas, sobre todo cuando se deja que las “resuelva” el mercado, los salarios y el empleo se recuperan de forma más tardía y con menos potencia que la actividad económica global, configurando un escenario de redistribución regresiva de los ingresos y la riqueza.
Los indicadores existentes marcan que en los últimos 5 meses la economía viene creciendo, aunque a ritmo inferior al esperado inicialmente y también de forma menos acelerada en comparación con otros países de la región. Se proyecta un crecimiento del PBI para el cierre de 2021 de 2,7% aproximadamente, según los analistas privados consultados. Algunos sectores como el agroexportador vienen mostrando un crecimiento muy destacado en lo que va de este año: las exportaciones de bienes (principalmente materias primas de origen agropecuario) acumuladas en el período Enero-Agosto 2021 se ubican 17% por encima de los niveles de Enero-Agosto 2019 (pre-pandemia).
Es positivo que existan signos de recuperación de la economía, pero el “derrame” todavía no se ve por ningún lado y no hay políticas significativas de creación de empleo de calidad. Como pudimos ver, el salario real sigue en caída, las jubilaciones que se ajustarán en enero de 2022 por Indice Medio de Salarios van a caer en términos reales por segundo año consecutivo, el empleo está lejos de recuperar los niveles previos a la pandemia y el Estado en lugar de hacer políticas expansivas, recorta en servicios sociales universales y en inversión pública.
La política económica vigente lleva a que el crecimiento que tenga la economía a partir de 2021 se concentre en unos pocos privilegiados, con un Estado social más chico, profundizando la desigualdad.


(*) Economista del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT y del equipo de “Valor!!”.

Fuente: elaboración propia en base a datos del INE:

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