De relatos y verdades

Los partidos y sectores que conforman la coalición de derecha, actualmente en el gobierno nacional, vienen generando un relato que busca instalar la idea de que el país que dejó el Frente Amplio tras 15 años de gobierno es un país en crisis. 
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Bruno Giometti y Pablo Da Rocha.

Afirman que los resultados en las distintas materias relevantes para la sociedad eran negativos o en el mejor de los casos, siempre insuficientes en relación a lo que deberían haber sido. La pandemia actual y sus impactos a nivel sanitario, económico y social, según esta visión, no hicieron más que demostrar que los supuestos logros que se atribuía el Frente Amplio no eran tales o que son extremadamente frágiles.

En estas líneas vamos a tratar de calibrar cómo algunos de los logros conseguidos por los gobiernos del Frente Amplio, y la sociedad en su conjunto en los últimos 15 años, son fundamentales para nuestro pueblo y sobre todo para los más vulnerables, en particular en este contexto adverso.

 La protección de los trabajadores y jubilados

 En el año 1998, tras casi una década de crecimiento económico prácticamente ininterrumpido, había 966.533 trabajadores cotizantes al BPS. En el 2002 (año de la crisis económica) esa cifra disminuyó a 828.297 cotizantes. En el 2018 (último dato oficial) la cantidad de cotizantes al BPS fue de 1.454.201. Es decir, el crecimiento en el empleo formal logrado en los gobiernos del Frente Amplio es de un 75% respecto a la crisis de 2002, pero también es de una magnitud enorme (más del 50% de crecimiento, casi 500.000 puestos más) respecto al mejor momento de la etapa neoliberal.

En el marco de la crisis de 2002, trágica para nuestro pueblo, el BPS otorgó en el mes de setiembre la máxima cantidad de subsidios por desempleo de ese año. Fueron en total 46.866 beneficiarios. En promedio a lo largo del año 2002 recibieron subsidio por desempleo unos 37.302 compatriotas. Con una tasa de desempleo que llegó al 20% y una caída del salario real medio de 22% en apenas dos años, una parte muy grande de nuestro pueblo vio derrumbada su calidad de vida, sin que hubiera una red de protección social mínimamente adecuada para atender la situación. La crisis de 2002 se saldó con más desigualdad, como reflejan tanto el indicador de Gini como los que calculan el peso de la masa salarial en el ingreso nacional total.

En marzo del corriente año 2020 la cantidad de beneficiarios del subsidio por desempleo del BPS ascendieron a 94.000 trabajadores. En lo que va de abril las solicitudes han sido más de 60.000 (de las cuales no todas serán concretadas por lo cual la cantidad de beneficiarios será inferior). Cabe destacar que una importante mayoría de los envíos al seguro de desempleo en estos dos meses son por suspensión, no por despido. 

Es notoria la diferencia con la situación en 2002. En aquellos tiempos de neoliberalismo y precarización, la cantidad de trabajadores registrados en el BPS era mucho más baja, con lo cual los que podían acceder al derecho del subsidio por desempleo eran menos. El Frente Amplio no pudo resolver completamente el problema de la informalidad, pero la redujo en forma significativa, hoy es del 25%. Los que critican los niveles actuales de informalidad achacando a una mala gestión del Frente Amplio son los mismos que llevaron al país a una informalidad del 40% incluso antes de la crisis de 2002.

Otro aspecto a señalar es que los trabajadores afrontan esta situación con un salario medio que está un 63% en términos reales (poder de compra) por encima de lo que era en el año 2004. Esto es importante para los trabajadores que mantienen su empleo y también para los que lamentablemente han ido al seguro de desempleo, dado que a mayor salario, también es mayor la prestación por desempleo que brinda el BPS. 

Los derechos de la población más vulnerable

 El sector de la población más desprotegido es el que accede a lo básico mediante ocupaciones informales, que les permiten un ingreso apenas suficiente para la subsistencia. También hablamos de la población que no puede desempeñar ni siquiera trabajos en la informalidad y subsiste gracias a las prestaciones otorgadas por el Estado.

En este aspecto también hay que resaltar que la red de protección social creada por los gobiernos del Frente Amplio deja al gobierno actual en una mejor situación para actuar ante esta situación. Gracias al Frente Amplio existe el MIDES (defenestrado de forma permanente por la derecha durante todos estos años) que ha generado junto a otras instituciones una red que permite llegar a unos 200.000 hogares (los más pobres de nuestra sociedad) de forma inmediata. La Tarjeta Uruguay Social y la Asignación Familiar Plan de Equidad son instrumentos que no permiten por sí mismos la subsistencia en condiciones dignas de una familia (no es su objetivo) pero van en el sentido de la reparación de un derecho humano vulnerado, lo mínimo que puede hacer la sociedad hacia ese sector de la población tan castigado. 

El gobierno actual ha aumentado estas partidas pero de forma totalmente insuficiente. Se necesita un apoyo mayor a estos sectores para hacer frente a la situación actual y también como instrumento para dinamización de la economía. Es posible gracias a la red de protección social generada en los gobiernos del FA y a la fortaleza financiera que tiene el país. Antes de los gobiernos del Frente Amplio el Estado uruguayo no conocía de forma sistemática a la población vulnerable del propio país, al punto que miles y miles de compatriotas no tenían cédula de identidad, ni hablemos de la posibilidad de recibir algún apoyo estatal.

 El sistema nacional integrado de salud

En salud los logros de los gobiernos del Frente Amplio también han sido relevantes, más allá de las insistentes campañas de la derecha. La cobertura de la vieja DISSE en el año 2004 era de 540.000 personas aproximadamente. El resto de la población debía atenderse en una salud pública con un presupuesto muy bajo o abonar su cobertura. Hoy el FONASA cubre a unas 2.500.000 personas, de los cuales una parte no menor eligen a ASSE (salud pública) vinculado a las mejoras presupuestales y en la atención. Este aumento incluye entre otros colectivos, a los hijos de trabajadores, cónyuges y pasivos, anteriormente no cubiertos por el sistema de salud. No cabe duda, en medio de la crisis sanitaria en curso, que los avances en la democratización del acceso a la salud logrados en los gobiernos del Frente Amplio, son fundamentales. 

Por lo tanto, importa y mucho el relato. George Lakoff (catedrático de Ciencia Cognitiva y Lingüística en la Universidad de Berkeley), en su libro “No pienses en un elefante”, plantea una idea simple pero trascendente: la ciencia cognitiva ha establecido que pensamos en términos de marcos mentales y metáforas. En palabras de Lakoff: “los marcos son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo; todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos requieren un nuevo lenguaje”. Así pues, “el cambio de marco es cambio social”.

Estos marcos mentales, están en lo que los expertos llaman nuestro inconsciente cognitivo, es decir, estructuras de nuestro cerebro a las que no podemos acceder de manera consciente, pero que conocemos por sus consecuencias, véase, nuestro modo de razonar y lo que cada uno entendemos como sentido común. Lo que ocurre es que cuándo la información que recibimos no se conforma a nuestros marcos establecidos la desechamos e ignoramos. No podemos asumirla porque no cuadra con nuestro marco mental. Por el contrario, si la información cuaja con nuestro marco mental, ese dato se convierte en un argumento asumido y utilizable en contra del adversario político.

Por lo tanto, nuestra labor también consiste en construir nuestro nuevo relato. Las manifestaciones de las autoridades de gobierno y de sus legisladores, en torno, a la veracidad de las estadísticas o de la ausencia de  disponibilidad de información sobre tantos temas de enorme sensibilidad social, lo único que ponen de manifiesto, es su infame intento de instalar un relato -que no importa que resista archivo- que si no lo asumimos y enfrentamos se instalará como “verdad”.

¿Se imaginan cómo estaríamos hoy si esta pandemia hubiera caído en 2004 o tras varios gobiernos neoliberales de “achique” del Estado y la protección social?. Entonces, ¿qué pasó? Seguramente, una parte de los factores que expliquen la derrota electoral, se encuentren en la falta de construir un relato propio, capaz de generar consciencia y cultura política. De todos modos, si algo nos caracteriza, es no rendirnos jamás.