El poder también viola

Jeffrey Epstein es el síntoma de un sistema corrupto e impune.

Por Victoria Alfaro (*)

Millones de archivos, fotos, audios y videos fueron liberados en enero pasado por el Departamento de Justicia de EEUU sobre el famoso caso Epstein en el medio de una trama judicial que no parece tener fin y aún puede dar sorpresas. Estos millones de documentos que salieron a la luz más que ser una ayuda a la difusión de información fidedigna se ha convertido en una humeante tapadera mediática donde el único análisis es ver qué famoso, político o empresario se fue a tomar sus vacaciones sexuales a la isla de Epstein o le mandó un correo electrónico o mensaje telefónico al empresario (ya fallecido), ahora caído en desgracia.

¿Y dónde están las víctimas? Las adolescentes y niñas que fueron abusadas por esta red sexual que no solo terminó con su presente, sino también con su futuro, exponiéndolas una vez más al vilipendio de una sociedad que se muestra asombrada por lo sucedido. Algunas salen valientemente a denunciar lo que les sucedió, armadas solamente con su coraje muestran sus rostros, usan sus voces en las redes sociales para intentar mover el piso de una sociedad que mira con asombro lo ocurrido en la llamada isla del terror.

Ahora es bueno preguntarse ¿asombro de qué? Desde tiempos inmemoriales los hombres con poder (pero poder en serio no meros títeres), utilizaron su posición y fortuna para abusar de los más débiles, las mujeres y las niñas las primeras en la fila y luego el resto de la humanidad.

No, nada de lo sucedido debería asombrar, porque eso es parte del sistema capitalista salvaje en el cual vivimos. La isla de Epstein es solo el reflejo crudo de la realidad de millones de personas que sobreviven día tras día apenas con un dólar y eso si tienen suerte de vivir en un país con las condiciones para eso.

La desigualdad es inherente al capitalismo, la desigualdad en todo: en los ingresos, en el acceso a la cultura, a la educación, en la consecución de justicia (¿o piensan que la justicia prevalecerá en el caso Epstein?). A un techo digno, ¿cuántas de esas niñas abusadas por el poder tenían un hogar?, ¿Cuántas de ellas fueron robadas o compradas a sus familias de pocos recursos?

Pero no pasa nada, sigamos preocupándonos por cuál famoso o ricachón se fue de paseo sexual para sacarse el estrés de estar despidiendo miles de trabajadores y trabajadoras todos los días para “ajustar” la producción, o contando sus millones todos los días para ver si tienen más o menos dinero que su vecino igual de multimillonario que él.

El capitalismo es el centro del problema, mientras exista no hay forma de que este sistema sea mas justo, más humano. Si como pueblos organizados no alzamos nuestras voces para que se convierta en una marejada de indignación y acciones concretas, no habrá forma de frenar tanto abuso de parte de estos señores de la guerra, porque no se equivoquen, son los mismos cuatro o cinco (que concentran cada vez más poder e influencia en cada rincón del planeta) que arman guerras, que invaden países, secuestran presidentes, promocionan genocidios de pueblos enteros como el palestino y adquieren niñas para su satisfacción personal, porque aunque saquen rimbombantes declaraciones tratando de desligarse del delincuente de Epstein, este no trabajó solo, no hizo dinero solo y la influencia que acumuló fue gracias al trafico sexual con el poder.

Epstein no es el único villano de esta historia…

(*) Periodista. Directora de EL POPULAR.

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