20180515/ Javier Calvelo - adhocFOTOS/ URUGUAY/ SAN JOSE - LIBERTAD/ Inauguración del Espacio Memorial Penal de Libertad, emplazado en Ruta 1, kilómetro 52.500 en la intersección con la Ruta 89. El espacio homenajea a los miles de ciudadanos que fueron recluidos en el Penal de Libertad durante la dictadura, a quienes fallecieron en el establecimiento y muy especialmente a los familiares que también fueron víctimas del terrorismo de Estado y concurrían a las visitas. La iniciativa fue un emprendimiento conjunto de Crysol (Asociación de Ex presos políticos de Uruguay), de un grupo de ciudadanos de Libertad, del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP) contando con el apoyo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). En la foto: Espacio Memorial Penal de Libertad en Ruta 1 Libertad, San José. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

Hace 38 años se vaciaban las cárceles de la dictadura

El martes 14 de marzo de 1985 fueron liberados los últimos 47 presos y presas políticas de la dictadura. Se concretaba así uno de los pasos fundamentales de la recuperación de la democracia: las cárceles quedaban vacías. Seguía el largo camino de búsqueda de verdad y justicia.
Ese día, hace 38 años, cesaba la aplicación del mecanismo principal de represión aplicado por la dictadura uruguaya: la prisión política prolongada acompañada en todos los casos por la tortura. Se han documentado casi 6 mil casos de prisión política, pero las denuncias de organizaciones políticas y sociales que resistieron la dictadura elevan la cifra a más de 10 mil.
La prisión y su acompañamiento infaltable, la tortura, fueron la amenaza permanente para todo aquel que decidiera participar de la resistencia y luchar por la democracia y la libertad. Afectó directamente a decenas de miles de uruguayas y uruguayos, los presos y sus familiares; pero fue también una forma de presión y amenaza hacia el conjunto de la sociedad.
El terrorismo de Estado encarceló y torturó sin pausa durante los 12 años de dictadura e incluso antes, durante la vigencia de las medidas prontas de seguridad, desde junio de 1968. No es un detalle recordar que el último muerto en tortura fue el 16 de abril de 1984, Vladimir Roslik, siete meses antes de las elecciones y trece meses antes de la liberación de todos los presos políticos.
Todo eso se expresaba y conjugaba el 14 de marzo de 1985 cuando los últimos 47 hombres y mujeres dejaban las cárceles y eran recibidos por una multitud.
La prisión como instrumento privilegiado de represión
Más allá de las discusiones que aún perduran, en el terreno académico y político, las investigaciones en diversas ramas de las ciencias sociales realizadas durante todo este tiempo, pero llevadas a un nuevo nivel en los últimos años, demuestran que la dictadura fue un proyecto estructurado, que aplicó masivamente el control social y el terrorismo de Estado y que su objetivo fue toda la sociedad.
El terrorismo de Estado tuvo varias dimensiones.
Se vigiló y se reprimió, en distintos niveles a la sociedad entera. Se ha logrado documentar que en Inteligencia de la Policía había 300 mil fichas individuales de ciudadanos y ciudadanas que fueron vigilados.
La Investigación Histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Uruguay (1973-1985) publicada por la Universidad de la República, documentó 116 muertes, 172 desapariciones y 5.925 presos y presas políticas, entre ellos 69 niños y niñas que o nacieron en prisión o fueron secuestrados junto con sus padres y permanecieron presos, ellos también, durante meses o años.
La propia investigación de la UDELAR reconoce el carácter incompleto aún de la misma, la necesidad de acceder a más documentación e información. El número de desaparecidos, por ejemplo, es menor al que denuncian Madres y Familiares de Desaparecidos, esta organización lo sitúa en más de 180.
Algo similar ocurre con el número de presos y presas políticas. Las organizaciones clandestinas de resistencia a la dictadura, políticas y sociales, denunciaron en los años 80 que entre 10.000 y 11.000 uruguayas y uruguayos, durante diferentes períodos de tiempo, con diferentes modalidades de detención y en diferentes lugares (establecimientos de las Fuerzas Armadas, dependencias policiales, centros clandestinos de detención), fueron prisioneros políticos.
Estas cifras, las documentadas y las denunciadas, le dan sustento a la definición que la investigación de la UDELAR realiza: “La detención masiva de personas y su encierro carcelario prolongado fue el mecanismo represivo principal aplicado por la dictadura uruguaya”.
Características de la prisión
Todas y todos los presos políticos pasaron por un período de tortura, ya sea en establecimientos clandestinos o en unidades militares y policiales utilizadas masivamente al efecto. Algunos de ellos permanecieron períodos variables de tiempo detenidos y no fueron procesados por la Justicia Militar, pero además de las consecuencias físicas y psicológicas, quedaron fichados y con serias dificultades para continuar el trabajo o el estudio. Otros miles, fueron procesados, en juicios sin ninguna garantía y condenados por la Justicia Militar. En las prisiones de la dictadura, hubo dos establecimientos emblemáticos, el Penal de Libertad para los hombres y Punta Rieles para las mujeres, pero se utilizaron unidades militares e incluso dependencias del entonces Consejo del Niño, enfrentaron condiciones de reclusión que eran en sí mismas una forma permanente de tortura. Aislamiento, regímenes de castigo, visita limitada y controlada, hostigamiento, negación de asistencia, censura e incluso traslados a interrogatorios y tortura directa.
Ese fue el infierno cotidiano de miles de uruguayas y uruguayos, durante años.
Inclusive la vejación se prolongaba luego de la liberación. Tenían un régimen de libertad vigilada que los obligaba a reportarse periódicamente a una unidad militar y dar cuenta de todos sus movimientos. En una de las muestras más increíbles de la infamia, la dictadura les cobraba a los presos políticos luego de su liberación lo que se denominaba “expensas carcelarias” y se especificaba como “gastos de alojamiento (sic), vestimenta y alimentación”. Para decirlo más claro, la dictadura abría cuentas en el BROU para que los presos políticos liberados pagaran por haber estado secuestrados y torturados.
La libertad
Todo este aparato estatal pervertido, ya que la dictadura transformó la función del Estado y de estar al servicio de los ciudadanos pasó en todos sus niveles a estar para perseguirlos y reprimirlos; tuvo como respuesta la organización, la resistencia y la solidaridad. Nunca las presas y los presos estuvieron solos, nunca se dejó de denunciar la caída de un militante. Se organizaron redes solidarias para enviar paquetes a los presos que no tenían familias, se rodeó a los niños y niñas, especialmente a los que tenían a sus dos padres presos o muertos o desaparecidos. Se rodeó a los liberados, los entonces llamados “cabecitas peladas”, porque en el Penal de Libertad eran sistemáticamente rapados a cero. Las cárceles fueron, en sí mismas, por la conducta ejemplar de la inmensa mayoría de los presos, centros de resistencia a la represión fascista.
Cada liberación era motivo de reunión y de solidaridad.
Por eso cuando la dictadura empezó a tambalear y la lucha popular se hizo incontenible, el reclamo de libertad para los presos políticos estuvo siempre: en los 1 de mayo de 1983 y 1984, en las marchas estudiantiles, en el Obeliscazo, en las movilizaciones políticas.
Pero obviamente 1985 fue un año especial, luego de asumir el primer gobierno democrático, se votó el 8 de marzo de 1985 en el Parlamento la denominada Ley de Pacificación Nacional, que establecía como plazo para la liberación de los presos el 14 marzo. Quedaban 255 presos: 228 en el Penal de Libertad y 27 mujeres en la Jefatura de Policía.
El domingo 10 de marzo, en el medio de una inmensa movilización popular que rodeó el Penal de Libertad, fueron liberados 173 hombres y 20 mujeres de la Jefatura.
El martes 12 de marzo fueron liberados otros 15 presos políticos, 13 hombres y 2 mujeres.
Finalmente, a las 20 horas del 14 de marzo, cuatro horas antes del vencimiento del plazo legal, fueron liberados los últimos 47 presos políticos. Otra vez una multitud los recibió.
38 años después
Mucho ha cambiado. Pero la sociedad uruguaya recién comienza a asumir la dimensión del impacto de la prisión política en su seno.
Miles de uruguayas y uruguayos la sufrieron y hoy enfrentan las consecuencias. Las más obvias en la salud, psíquica y física. Cientos de ex presos y expresas han muerto de enfermedades, particularmente el cáncer y las cardiovasculares, como consecuencia de la injusta prisión prolongada y las torturas.
Otras no son tan obvias. Las dificultades de reinserción laboral, la reconstrucción del núcleo familiar. Todas ellas graves y complejas.
Pero la más grave, ya no en el plano individual, sino como sociedad, fue y es la falta de justicia. Se ha avanzado mucho. Hay una ley de reparación, se avanza en el reconocimiento de su lucha y en la reconstrucción de la memoria histórica, más allá de los repetidos intentos de sectores de la derecha y el poder por restituir la teoría de los demonios, que constituyó la piedra angular de la historia oficial que se intentó y se intenta imponer.
Son aún muy pocos los responsables de la prisión y la tortura de miles de uruguayas y uruguayos que han respondido por ello. Se ha avanzado en la búsqueda de los desaparecidos, aún falta mucho, y también en el juzgamiento por los asesinatos políticos.
Se ha avanzado en la denuncia, en los testimonios, dados desde la dignidad y la valentía de las mujeres y hombres que fueron víctimas de la prisión política. Ha sido y es enorme la lucha de colectivos como Crysol, que agrupa a las expresas y presos, “Memoria en Libertad”, a los niños, niñas y adolescentes que sufrieron por esta modalidad represiva de la dictadura, y de otros que se organizan, denuncian y dan testimonio. Hay juicios que están avanzando, algunos de ellos ya tienen sentencia. Ha sido muy importante la labor de la Fiscalía Especial para Crímenes de Lesa Humanidad.
Se han colocado placas de la memoria y más en el Penal de Libertad, en Punta Rieles y en otros centros de detención que a lo largo y ancho del país fueron el escenario donde se martirizó a miles de uruguayas y uruguayos.
Pero aún falta mucho por hacer sobre lo que fue la principal modalidad represiva de la dictadura.
Será, como siempre lo ha sido, central la lucha de las organizaciones de derechos humanos y del movimiento popular para que se siga avanzado.
No se trata de venganza, ni de odio, se trata de un objetivo clave para la convivencia democrática plena: justicia.

Foto de portada:

Espacio Memorial Penal de Libertad en Ruta 1 Libertad, San José. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS.

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