A partir de la iniciativa de Larbanois y Oscar Andrade, se organizó un encuentro con una amplia diversidad del ámbito de la cultura. Diversos referentes hicieron uso de la palabra con la intención de reflexionar más allá de lo reivindicativo, compartiendo perspectivas y caminos posibles.
Entre los disertantes estuvieron Pepe Vázquez, Soledad Castro, Tabaré Arapí, Raquel Díaz, Cecilia Caballero, El Alemán, Carlos Benavídes, Gerardo Bleier y el cierre estuvo a cargo del “Boca” Andrade.
Pepe Vázquez inició el encuentro recitando un poema de Miguel Hernández que concluía diciendo “Hoy descorazonarme, yo el más descorazonado de los hombres, y por el más, también el más amargo. No sé por qué, no sé por qué ni cómo me perdono la vida cada día”. Luego de un conmovido aplauso, Ana Olivera le entregó una placa de reconocimiento por su “enorme aporte a la cultura y tu compromiso con las luchas de nuestro pueblo, por tu humanismo consecuente, porque sos un imprescindible. Tus compañeros y compañeras de la 1001″. Mientras tanto, en el otro extremo del salón de la Huella de Seregni, un cuaderno recibía de puño y letra el cariño, el reconocimiento y el saludo de todos quienes se hicieron presentes.
Pepe tomó el micrófono y recordó a sus maestros y pidió a los jóvenes que vean cine, todo el cine, pero en particular los grandes clásicos, los que sentaron las bases de la cinematografía y también les pidió que “sean felices”.
Fito Gali y Raquel Daruech fueron los encargados de ser el hilo conductor de la jornada y dieron paso a Tabaré Arapí quién recordó cuando se integró a la comisión del interior del PIT-CNT en 1985 y a partir de allí recorrieron el país buscando cantores, a quienes hacían teatro, etc. “Muchas veces, aunque no voten como nosotros, son gente progresista. Son muchachos y muchachas progresistas. Si falta algo en una escuela, si falta algo en la comisión de los vecinos, si falta algo en el liceo, van ellos, van a cantar, van a actuar, van a colaborar y están locos de la vida porque es la primera vez que el pueblo los recibe como artistas y no como el Pirulo, el Tito, el Sapo, no, son los artistas”.
Soledad Castro fue la siguiente en compartir sus ideas. Explicó que es necesario “entender que estamos en un mundo capitalista en el cual si no disputamos ciertos valores es muy difícil frenar el saqueo constante de nuestra cultura, porque eso es lo que estamos viviendo, hay que tener en cuenta que la mayoría de la gente se comunica por redes sociales que no son nuestras, los canales de comunicación cada vez son menos nuestros, la publicidad uruguaya, la creatividad no es nuestra porque las grandes multinacionales están llevándose un montón de canales de la cultura y eso es un saqueo permanente. Entonces, lo primero que hay que entender es que todas las actividades culturales son resistencia de alguna manera, su sola existencia”.
Agregó que desde el mercado se marca lo que se entiende por “calidad”, la medida del “éxito” es solo cuantitativa. “tenemos que poder mirar más allá de las variables de calidad occidentales, patriarcales, porque el patriarcado, además, es una disputa cultural, el patriarcado es una cultura y como buena marxista que creo que soy, pienso que esa cultura también tiene que ver con la forma de asignación de recursos y los procesos de producción del arte. En ese sentido pienso que es un problema que han tenido los gobiernos del FA, hablo en términos personales, la asignación de recursos cuando no está acompañada de procesos de valoración de quién es el cuerpo que está arriba del escenario ¿cuántas mujeres hay arriba de los escenarios? ¿cómo asignamos los recursos y cómo asignamos los recursos para que esas personas accedan a los mejores lugares de la cultura? Porque no sé qué sentido tiene una izquierda en la cual se asignan ciertos recursos para el Teatro Solís, para los fondos concursables y las culturas populares quedan encerradas en una asignación de recursos casi invisible para el resto de la sociedad”.
Carlos Benavídes habló sobre el escenario, “la palabra escenario para todos los que estamos aquí presentes es algo fundamental y sabemos que cuando subimos a él somos honestos, tratamos de serlo, no vendemos cuentas de vidrio, ni cantamos determinados temas para que nos sigan contratando en los escenarios y dejamos de lado lo hermoso que tiene nuestra raíz musical desde la murga hasta la milonga, de los payadores queridos, maestros. Yo lo recuerdo a Carlos Molina allá en Tacuarembó yendo de una panadería a una farmacia, a una tienda, buscando tanda para cantar en la radio. Y recuerdo que nos encontrábamos con él, andábamos con el Bocha y nos dice “sí conseguí, pero me dicen que no meta palo che y yo no puedo”.
Cecilia Caballero llevó escrito un relato de su niñez en el que la imaginación transformaba el sonido de la máquina de coser de su madre en un mantra que la hacía viajar, en donde las visitas a la cárcel donde estaba su padre se llenaban de historias fantásticas. Del exilio donde la música y sus letras fueron el sostén del dolor de la distancia de muchos artistas que fueron expulsados del país en dictadura.
“Cuando me preguntan por qué hago teatro siempre contesto lo mismo, el teatro a mí me salvó, me permitió crear una nueva realidad, más llevadera. Desafiar los límites de lo real y lo imaginario para crear algo nuevo. El teatro se convirtió en mi espacio de lucha, en mi refugio. (…). El arte tiene ese poder, el poder de sanar, el de abordar experiencias traumáticas y generar empatía”, dijo.
El Alemán señaló que “el statu quo y el mercado tiene su forma cultural, yo no voy a ser quién para señalar qué está bien y qué está mal artísticamente, nunca lo haré, ni qué tiene que subir o no subir arriba de un escenario, yo no lo puedo hacer, pero sí es verdad que el statu quo tiene su forma y que le sale muy caro cuando alguien lo critica y que buscará la forma para que eso no suceda”.
Destacó el rol de los y las educadoras como herramienta de difusión: “son las maestras, los docentes, las docentes, formación docente. No puede ser que en los programas de educación de formación docente la música nacional no sea primordial. Es nuestra historia, cuenta la microhistoria de cada una de las personas, la historia macro también. Eso tiene que estar y me parece que los artistas y las artistas tenemos que comprometernos con eso también”.
Gerardo Bleier se preguntó si tenemos que seguir trabajando según la lógica de la resistencia y al respecto dijo: “hay que dar un paso más allá compañeros y es extremadamente difícil porque exige densidad de producción teórica, estudio científico de la realidad sobre la cual vamos a intervenir, hay que dar un paso más allá y la cultura, en particular, tiene que dar un paso más allá, que es el de comenzar a tejer redes para que lo humano, el humanismo radical, dirija el proceso de la civilización, dirija la dialéctica de la humanización”
Raquel Díaz accedió a la solicitud previa de Oscar Andrade de hacer un “llamado” y empezó compartiendo la siguiente frase: «esperanza no es lo mismo que optimismo, no es la convicción de que algo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido independientemente de cómo resulte».
Y agregó “hay que poner en juego el sentido de los cambios y dar espacio a la imaginación sino no habrá forma de construir un orden diferente, por más buenas intenciones que tengan las cosas si no tienen alma son solo cosas. Artigas proponía la pública felicidad y hoy esa es nuestra bandera, porque tenemos la convicción de que la felicidad no es completa si hay gente que sufre”.
Oscar Andrade marcó la necesidad de que el mundo de la lucha social se encuentre con el de la lucha política y con el de la institucionalidad y con el que milita en el barrio. Señaló que “está en disputa eso en la subjetividad, de qué somos, si somos el que es feliz cuando compite, el que es feliz cuando tiene más que el otro, cuando lo ostenta, cuando se diferencia o el que es feliz con el otro. Esas disputas se ganan”.
Recordó que Brecht decía que “está claro que es humana la injusticia, pero mucho más humana es la lucha contra la injusticia”. Nosotros convocamos a este evento con una sola condición: lo vamos a seguir. Después que se abran las latas, ojalá después del triunfo, tenemos que seguir encontrándonos porque hay perspectivas que tienen que seguir dialogando, construyendo espacios de reflexión, de crítica y de acción porque esa triada tiene que ser capaz de convocar para emocionarse”.
* Las exposiciones completas pueden verse en la página de YouTube “Espacio 1001” con el título “La Cultura y la Pública Felicidad”






















