La soberbia no puede seguir siendo la respuesta

Uruguay enfrenta una situación dramática por el impacto sanitario, económico y social de la pandemia del COVID 19. El empecinamiento y la soberbia del gobierno que no escucha a nadie, ni al Frente Amplio, ni al movimiento popular, y, lo que es más grave aún, tampoco a la comunidad científica y a la academia, sólo ha empeorado la situación.

El número de casos y contagios se ha disparado, tenemos más de 26 mil casos activos; los fallecimientos también y llevamos ya tres días con más de 40, la ocupación de camas de CTI ha superado el nivel de alarma marcado por la Organización Mundial de la Salud y llegado al punto que se marca como de saturación; la respuesta del sistema de salud se está viendo afectada en el tiempo de realización de test, de obtención de resultados, y, por lo tanto, en la posibilidad de seguimiento, control epidemiológico y aislamiento a tiempo de quienes den positivo, lo que multiplica la posibilidad de contagios; tenemos uno de los peores guarismos del mundo en cuanto a contagios por millón de habitantes. La pobreza se disparó, tenemos más de 100 mil pobres más; hay 80 mil uruguayas y uruguayos en el seguro de desempleo; cerraron miles de empresas; en la cara más dramática de la crisis hay miles paliando el hambre en las ollas populares, sólo en Montevideo están funcionando 296 (https://elpopular.uy/ollas-populares-en-montevideo-matando-el-hambre-mientras-el-gobierno-mira-para-el-costado/9).

El Uruguay enfrenta una grave crisis, provocada en parte por el impacto mundial de la pandemia, obviamente no atribuible al gobierno, nunca hemos caído en ese facilismo inconducente, pero lo que si es responsabilidad del gobierno es haber realizado un ajuste fiscal en el medio de la pandemia y su cerrada negativa a apelar a un diálogo nacional, político y social, para adoptar las medidas necesarias para enfrentar los impactos y construir una salida. 

Lacalle Pou consultado al respecto respondió con un soberbio: “¿Para qué?”. Parece no saber, o al menos no entender, que los países que mejor han enfrentado la pandemia son los que construyeron el mayor consenso social y político en torno a las medidas que adoptaron. Pero aquí no, aquí mando yo, hablo yo y decido yo. Ni siquiera es la bravuconada juvenil de Luis XIV, hace seis siglos: “El Estado soy yo”, porque en el caso de Lacalle Pou hay un desprecio manifiesto por el Estado. Es peor, es algo así como la sociedad soy yo. Esta concepción ideológica es la que ha llevado a una gestión hiperpersonalizada, donde todo se resuelve con marketing. Todo salvo la realidad. Es esta concepción ideológica la que llevó a Lacalle Pou a presentar la Ley de Urgente Consideración en medio de la pandemia, con un programa de gobierno que obviamente no la incluye, donde están reflejadas las urgencias de las clases dominantes, de los sectores del poder y no las de la sociedad. Una LUC que fija una regla fiscal suicida en medio de una pandemia. Que precariza el trabajo, cuando la informalidad ha sido una debilidad para dar la protección social necesaria. Esta concepción ideológica ha impulsado una política salarial de recorte en medio de una crisis, que ha bajado los salarios y las jubilaciones. Un Presupuesto con recortes en Salud, Educación, Vivienda y protección social; en medio de una crisis. Es esta concepción ideológica la que ha llevado a aumentar dos veces las tarifas públicas, depreciar el peso frente al dólar, aumentar el peso tributario a la sociedad y bajárselo a los más ricos.

Es esta concepción ideológica la que ha llevado a apostar a proteger a los “malla oro”, renunciar al papel del gobierno y trasladar la responsabilidad a la falacia de la “libertad responsable”, introducir un debate mentiroso sobre la negativa a un supuesto “estado policíaco” que viole las libertades individuales, que nadie pide, mientras se habilitan las detenciones arbitrarias, se lleva a extremos delirantes la legítima defensa y se limita por 180 días el derecho constitucional de manifestación.

El movimiento popular, a través de la Intersocial, y el Frente Amplio, han realizado múltiples propuestas en fechas tan tempranas como abril y mayo del año pasado. Entre ellas están: el Plan Estratégico Nacional en respuesta al Impacto de la Pandemia, que coordinó Tabaré Vázquez y elaboraron cientos de técnicos y especialistas, que preveía este escenario como posible si no se adoptaban medidas (https://elpopular.uy/plan-estrategico-nacional-en-respuesta-al-impacto-de-la-pandemia/); un paquete de siete proyectos de ley y cinco minutas de comunicación con medidas sanitarias y económicas para evitar que la crisis se agravara (https://elpopular.uy/un-paquete-de-medidas-para-las-verdaderas-urgencias/); y los 12 puntos de la Intersocial para atender la emergencia (https://elpopular.uy/intersocial-propuso-paquete-de-medidas-para-que-los-trabajadores-no-paguen-la-crisis/). Las recordamos porque en este mundo donde prima la inmediatez y todo caduca a los 30 segundos parece que no hubieran existido.

La respuesta fue ignorarlas todas. ¿La estrategia es invisibilizar a la oposición y al movimiento popular y hegemonizar por completo la escena política? Es una apuesta mezquina y muy riesgosa en una crisis de esta magnitud, pero Lacalle Pou puede asumir los costos de implementarla.

¿Pero tampoco hay que escuchar los planteos de la comunidad científica en medio de una de las peores crisis sanitarias de la historia?

Al comienzo de la pandemia, el gobierno creo el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) en una medida que fue saludada por toda la sociedad. Al principio, Lacalle Pou mostraba las reuniones con el GACH y basaba parte de su discurso en sus recomendaciones. Eso cambió a partir de diciembre y particularmente a partir de febrero, es decir, cuando la pandemia se agravó y se hizo notorio que las medidas del gobierno no funcionaban. El 7 de febrero el GACH hizo una serie de recomendaciones. El 16 de marzo, previo a la conferencia de prensa donde el gobierno iba a hacer el anuncio de sus medidas, reiteró la postura en un comunicado. En estos días, Rafael Radi, integrante del GACH, definió la situación como “la más grave” y dijo que las recomendaciones del 7 de febrero siguen “absolutamente vigentes”. Radi fue quién señaló lo obvio: “abril es un mes fundamental, tenemos que llegar al otoño cuando la vacunación comience a tener impacto”. Además, Radi acuñó el concepto: “blindar abril”.

En esos días también se pronunciaron exigiendo medidas más enérgicas el SMU, el Instituto Pasteur y decenas de organizaciones de médicos y profesionales de la salud.

La repuesta, en este último caso, fue una campaña de baja estopa, instrumentalizada por net center en las redes sociales y con un papel destacado del vocero oficial de este gobierno, el diario El País, agitando el trapo sucio del anticomunismo y denigrando a los señalamientos críticos.

Es hora de decir basta. Basta a la soberbia y las anteojeras ideológicas que niegan la realidad. Basta a los juegos políticos menores y a los debates falsos. Basta a las frases vacías y las estrategias de marketing, a “los malla oro”, a “las perillas”, a lo que ahora se expresa en tomar el reclamo del GACH de “blindar abril”, usarlo como muletilla y vaciarlo de contenido.

Es imprescindible tomar medidas que limiten por un tiempo la movilidad social, nadie habla de cuarentena obligatoria, sino de limitar las actividades no esenciales. Hay que fortalecer al sistema de salud, no alcanza con más camas, se necesitan instrumentos, medicamentos y también gente, personal especializado. Hay que establecer un plan de apoyo económico y social, hay recursos, están las reservas internacionales, ¿cuándo se van a usar si no es ahora?, hay líneas de créditos disponibles y hay un sistema financiero saneado y robusto. Hay que fijar una canasta de servicios públicos subsidiados. Hay que frenar los desalojos, al contrario de lo que promueve la LUC. Hay que atender la emergencia alimentaria y la pobreza. Esas son las verdaderas urgencias.

La gravedad de la situación lo reclama: la soberbia no puede seguir siendo la respuesta.